Saber que el velocímetro de tu coche te miente no debe preocuparte, la normativa internacional exige que los fabricantes los monten con esta tendencia para garantizar la seguridad en la conducción.
Breve historia del velocímetro

El velocímetro fue inventado por Josip Belušić de Croacia en 1888. Los velocímetros modernos son electrónicos. Un sensor de rotación, normalmente montado en la parte trasera de la transmisión, produce una serie de pulsos eléctricos cuya frecuencia corresponde con la velocidad de rotación del eje de las ruedas. Una computadora convierte los pulsos en una cifra que corresponde con la velocidad y la muestra en un display digital o en un indicador analógico, siendo lo primero más habitual hoy en día.
Algunas modificaciones del vehículo, como el uso de neumáticos diferentes, cambios en el tamaño de las ruedas o el cambio del diferencial pueden producir imprecisiones en el velocímetro.
Los velocímetros de otros vehículos tienen nombres específicos. Por ejemplo, en las embarcaciones se llaman pit log, y en las aeronaves, indicador de la velocidad de vuelo.
Generalmente los mismos establecen la medición en kilómetros por hora y en millas por hora. Algunos vehículos poseen ambos sistemas de medición.
Pensando en la seguridad del conductor y los usuarios

Teniendo claro que es y como funciona el velocímetro, y entendiendo que no deja de ser una herramienta de precisión, ¿ que normativa se aplica para que debamos asumir los errores inducidos que realmente padecen?
Con un argumento que tiene base en la seguridad, los organismos políticos y los fabricantes, atienden a las recomendaciones del campo científico y establecen unas normas de homologación, de todos los elementos que un vehículo soporta para que sean seguros. Sin lugar a dudas que el conductor conozca en todo momento la velocidad a la que se esta desplazando forma parte de la información necesaria para este buen resultado de seguridad.
Los acuerdos de homologación

Así se firman los acuerdos de las normas de certificación para la fabricación e instalación de los velocímetros en los coches. Por una lado, y en los mercados mas importantes tenemos, la norma SAE J 1226, que regula el continente americano y el mercado asiático, y de la que se deriva que; el error inducido por ley en la medición de la velocidad, siendo siempre obligado mostrarla por encima de la real, es de un margen del 4%.
En Europa, encontramos este tipo de normativa publicada en el Diario de la Unión Europea y responde a la norma UN ECE Regulación 39. Concretamente en el apartado sobre especificaciones de esta regulación y en el punto 4º se puede leer: » La velocidad indicada no podrá ser inferior a la velocidad real del vehículo. En los valores de prueba especificados en el punto 5.3.5, la relación entre la velocidad indicada (V1) y la real (V2) será la siguiente: 0 ≤ (V1 – V2) ≤ 0,1 V2 + 4 km/h «
Esto llevado a un caso práctico significa que si nuestro coche marca una velocidad de 70 Km/h, en realidad estamos circulando entre los 60 y los 70, pero nunca por debajo de los 60 Km/h.
La mentira de un velocímetro salvador

La conclusión de este ejemplo puede ser que nuestro coche nos esta protegiendo. Inconscientes del engaño, los pies sobre el acelerador se cuidan de pisar mas fuerte, ya que estamos constantemente viendo una velocidad superior a la real. Seamos conscientes, que este supuesto engaño es una seguridad para todos.
Tanto fabricantes como organismos supranacionales, decidieron que los velocímetros de nuestros coches debían tener un error inducido. Es más, por ley, está prohibido que ningún velocímetro pueda indicar una velocidad inferior a la real. Pero, no lo contrario.
Dos errores que nos libran de las multas

Esta acción, junto al propio margen de error que también admiten los cinemómetros encargados de regular desde la DGT la velocidad de los coches, juegan a nuestro favor siempre que seamos realmente conscientes de que así se establece por la seguridad de todos. De nada sirve conocer estos datos legales y aprovecharlos para eludir la norma en ciertos momentos en los que sabemos que ya no somos vigilados.
Por esta medida, y gracias a ella, no nos podrán multar por ir a una velocidad más elevada de la que pensábamos que estábamos yendo. Pero ¡cuidado! No te confíes.































































































































































