El Maserati Mistral 4000 Spyder: Cumberford reclama el diseño que Frua presentó en 1963

Cumberford dibujó las líneas del Mistral en 1962, apenas cuatro días antes de que cerrara un concurso de diseño. Pietro Frua lo presentó como propio un año después, añadiendo una joroba en el capó y un interior que el diseñador original admira sin reparos.

Cuando Robert Cumberford, un joven diseñador afincado en México, recibió una postal informándole de que su propuesta para un concurso de diseño había quedado sexta, no imaginó que aquel dibujo apresurado sobre papel Canson verde acabaría convertido en uno de los GT italianos más elegantes de la década. Pietro Frua presentó el Maserati Mistral como obra propia en el Salón de Turín de 1962, pero las líneas maestras que definieron su silueta llevaban meses dibujadas en el estudio de Cumberford.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: El diseño del Maserati Mistral, atribuido oficialmente a Pietro Frua, fue supuestamente plagiado del boceto que Robert Cumberford presentó a un concurso de Automobile Year en 1962.
  • No te lo puedes perder: Cumberford asegura que Frua utilizó su famosa cámara Minox para fotografiar el diseño y presentarlo como propio, retocando solo el capó y el interior, que el propio Cumberford admira sin reparos.
  • Cifras y producción: Entre 1963 y 1970 se fabricaron alrededor de 827 cupés y 125 spyders del Mistral, con motores de 3.5, 3.7 y 4.0 litros y potencias de hasta 265 CV, según los registros de producción de Maserati.

El concurso que desencadenó la controversia

En enero de 1962, la publicación suiza Automobile Year convocó un certamen de diseño con un premio de 1.000 francos suizos y la promesa de que Pininfarina construiría el prototipo ganador. Cumberford se enteró apenas cuatro días antes del cierre. Sin tiempo para solicitar planos, trabajó sobre la silueta lateral del único chasis elegible, el del Maserati 3500GT, reproducida en una prueba de Road & Track. A partir de un esbozo descartado para un proyecto de Playboy, dibujó las líneas en papel Canson verde, codificó su nombre y envió la propuesta por correo aéreo desde Ciudad de México con el matasellos justo a tiempo.

Semanas después, una postal confirmaba la recepción: su trabajo era uno de los 122 admitidos. Más tarde, otra comunicación le anunció el sexto puesto y la exposición de los dibujos en el Salón de Ginebra. Poco podía sospechar que, mientras sus láminas anónimas se exhibían, Pietro Frua ya había tomado buena nota.

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Aquel dibujo improvisado en cuatro días sobre papel verde se convirtió, casi sin que su autor lo supiera, en uno de los diseños más influyentes de la historia del carrocero italiano.

Frua presentó el Mistral como cupé en el Salón de Turín de 1962, pintado en un atractivo verde que, según Cumberford, delataba la procedencia del diseño. La versión spyder llegaría al año siguiente, con la misma base técnica pero una estampa aún más limpia que pronto sedujo a la clientela más exclusiva.

Frua, la cámara Minox y el capó con joroba

La anécdota de la “cámara espía” Minox es casi un tópico en la leyenda de Frua. Cumberford sostiene que el carrocero capturó su diseño en Ginebra, le añadió una protuberancia sobre el capó y lo firmó como propio. “Quizá yo habría quedado mejor que sexto si hubiera incorporado ese bulto”, reflexiona el diseñador, “o quizá habría ganado de haber elegido un chasis Austin-Healey en lugar del 3500GT”. La joroba, que albergaba el motor de seis cilindros en línea DOHC, acabó convirtiéndose en uno de los rasgos más reconocibles del Mistral.

El resto de la carrocería respeta fielmente las líneas maestras del concurso: un parachoques delantero fino que dirige la mirada hacia el suelo, una parrilla situada íntegramente por debajo de él, algo inédito en un coche de calle, y una línea de cintura ligeramente quebrada que asciende hacia el pico del guardabarros trasero. La trasera, casi plana, con los pilotos de producción compartida –costumbre inevitable en las pequeñas carrozzerías italianas, que no podían permitirse moldes propios–, se remata con una moldura cromada que alinea visualmente los parachoques delantero y trasero.

Frua no solo tomó las líneas: añadió el detalle que, según Cumberford, pudo haberle valido la victoria en el concurso y que terminó por definir la identidad visual del modelo.

Las llantas de radios Borrani, más esbeltas que cualquier aleación contemporánea, y los pequeños deflectores traseros, pensados para ventilar la cabina sin aire acondicionado, completaban una silueta que Cumberford revisa hoy con orgullo y sin rencor. Del interior, diseñado íntegramente en los talleres de Frua, dice admirar casi tanto como el exterior: “Un perfecto ejemplo de habitáculo GT de lujo italiano, con asientos confortables, instrumentación concentrada ante el conductor y ninguna concesión a la seguridad o la ergonomía”.

El legado de un diseño disputado

La polémica sobre la autoría no empañó la carrera del Mistral. Entre 1963 y 1970 se fabricaron algo más de 950 unidades, repartidas entre las motorizaciones 3.5, 3.7 y 4.0 litros que, en su evolución más potente, entregaban 265 CV. El modelo fue el último Maserati con el seis cilindros en línea clásico, antes de la llegada del V8, y en 1968 un Mistral cupé de 1964 se alzó con el Best of Show en el Concours d’Elegance de Pebble Beach, el único coche de posguerra en conseguirlo durante décadas.

Para el coleccionista actual, la disputa añade un relato fascinante, pero no altera el valor de mercado. Un Mistral bien documentado, con su número de bastidor y su carrocería original, sigue cotizándose entre los 150.000 y los 250.000 euros en función del estado, con los Spyder 4000 en la parte alta. La atribución oficial a Frua pesa, pero el eco de la reclamación de Cumberford resuena cada vez que un aficionado repasa la silueta y descubre, en aquella línea que parte del parachoques y recorre todo el flanco, la huella de un joven que dibujó en cuatro días el futuro sin saberlo.

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