Con el precio de la gasolina y el diésel por las nubes, no sorprende que los consumidores busquen constantemente ahorrar en sus desplazamientos. En este contexto, la batalla entre las gasolineras tradicionales y las de bajo coste se intensifica. Ante la amenaza de las ‘low cost’, que les arrebatan cuota de mercado atrayendo a conductores con precios más bajos, las grandes petroleras han decidido contraatacar desplegando todas sus armas comerciales. En este artículo, exploramos cómo y por qué las gasolineras tradicionales quieren convencerte de que repostar en sus estaciones sigue siendo la mejor opción.
Objetivo: mantener el liderazgo
En los últimos años, el panorama de gasolineras en España ha cambiado drásticamente. Las estaciones de servicio tradicionales, dominadoras del mercado durante décadas, se encuentran ahora perdiendo terreno frente a las emergentes ‘low cost’. Impulsadas por precios competitivos y una experiencia de usuario más ágil, estas gasolineras automáticas, cooperativas o de hipermercados han capturado una parte significativa de los conductores.
Este cambio ha obligado a las petroleras tradicionales a replantear sus estrategias. Empresas como Repsol, Cepsa, BP y Galp, líderes en surtidores y clientes, han respondido con agresivas promociones y ofertas irresistibles a fin de atraer y retener a su clientela. En esta guerra comercial, que se intensifica durante el verano, el objetivo no es solo mantener la cuota de mercado, sino también fidelizar a los consumidores a largo plazo.

Estrategias audaces para el verano
Repsol ha dado un paso adelante con una campaña, para muchos, atrevida. Hasta el 8 de septiembre, la petrolera sortea un millón de euros entre los usuarios de su aplicación Waylet que reposten más de 30 €. Con esta acción, Repsol no solo busca aumentar las descargas de la app, sino también consolidar una cartera de clientes leales.
Pero Repsol no es la única en estas iniciativas de sacrificar márgenes para ganar clientes a largo plazo. Cepsa ha lanzado su campaña ‘Verano loco’, ofreciendo un ahorro de 10 céntimos por litro a los usuarios de su tarjeta de fidelización Cepsa Gow. Además, ha reforzado su colaboración con El Club Carrefour, que ofrece descuentos al combinar compras en el hipermercado con repostajes en sus estaciones de servicio.

El auge de las gasolineras ‘low cost’
Sin embargo, a pesar de estas agresivas campañas, el crecimiento de las gasolineras ‘low cost’ sigue siendo imparable. Según un informe reciente de la Aesae, el número de gasolineras de bajo coste en España se ha duplicado en los últimos cuatro años. El crecimiento refleja un cambio en las preferencias de los consumidores, que buscan eficiencia y precios bajos en un contexto económico marcado por la inflación.
Este modelo de negocio destaca especialmente en comunidades como Cataluña, donde un 32% de las estaciones de servicio son de bajo coste, la Comunidad Valenciana y Madrid. El modelo automatizado y sin personal de las gasolineras ‘low cost’ permite un ahorro en costes operativos, lo que se traduce en precios más bajos para los conductores.

Repercusiones a largo plazo en el mercado
El avance de las gasolineras ‘low cost’ no solo ha provocado una reacción inmediata de las grandes petroleras; también está generando un cambio estructural en el sector. Cada vez son más comunes las fusiones y adquisiciones entre empresas, como demuestra la compra de Ballenoil por parte de Cepsa. Las compañías tradicionales están buscando integrar a sus competidores más pequeños a su red para fortalecer su presencia en un mercado cada vez más competitivo.
El movimiento sugiere que, en el futuro, podríamos ver más consolidaciones en el sector. Las petroleras tradicionales podrían comprar compañías ‘low cost’ para diversificar su oferta y mantener su relevancia en el mercado. Sin embargo, esta estrategia tiene sus riesgos: la integración de este modelo de negocio puede ser complicada y requerir de ajustes en la forma de operar de estas grandes compañías.

Los consumidores, en el centro de la batalla
Al final, los verdaderos ganadores (o perdedores) de esta guerra entre gasolineras son los consumidores. Mientras las tradicionales lucha por mantener su cuota de mercado, los conductores se benefician de ofertas y promociones. Sin embargo, esta competencia plantea preguntas sobre la calidad del servicio y la sostenibilidad a largo plazo de las estrategias de precios bajos.
Las promociones con entidades financieras, como las que ofrece Galp con ING o Abanca, o la acumulación de millas con Air Europa son otros ejemplos de diferenciación más allá del precio. Estas iniciativas buscan crear un valor añadido para el consumidor, algo que las gasolineras ‘low cost’ no siempre pueden ofrecer. Pero en un mercado en que el precio sigue siendo tan determinante, queda por ver si estos esfuerzos serán suficientes para cambiar la balanza.
















































