46 años guardado: el Porsche 924 Turbo 1980 de Kent McCord que Jay Leno muestra en exclusiva

Jay Leno muestra en exclusiva el Porsche 924 Turbo de 1980 que Kent McCord ha conservado como único dueño durante más de cuatro décadas.

A veces las mejores historias del motor se esconden en un garaje discreto. En su último episodio, Jay Leno’s Garage ha desvelado un ejemplar que lleva casi medio siglo en las mismas manos: un Porsche 924 Turbo de 1980 que Kent McCord, el actor que dio vida al oficial Jim Reed en la mítica serie Adam-12, compró nuevo y jamás ha vendido. Un viaje al túnel del tiempo en el que el tacto analógico y un turbo adictivo se roban todo el protagonismo.

La herencia televisiva de Kent McCord

Antes de hablar de mecánica, la visita sirvió para recordar la huella de Adam-12. McCord contó a Leno que la serie, cuyo piloto se grabó en 1967, se convirtió casi en un manual de procedimiento policial: la productora llegó a enviar capítulos a departamentos de policía como material de formación. Jack Webb, creador y obsesivo de la autenticidad, les advirtió: si les paraban, que pagaran la multa sin chistar. Ningún privilegio de actor.

La anécdota sirve para entender el carácter de McCord, un tipo que siempre ha tratado a sus coches con la misma franqueza. De hecho, su relación con las cuatro ruedas venía de lejos y con nombres ilustres: antes del Porsche tuvo tres Corvette, incluido un 454 que le regaló el propio Jack Webb durante una negociación contractual. Pero la llegada de las crisis del petróleo convirtió aquel V8 en un pozo sin fondo.

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Del Corvette al Porsche: una decisión pragmática

Durante uno de aquellos racionamientos, McCord decidió buscar algo más economico y con chispa. Empezó a competir con un VW Rabbit en la Bilstein Cup y a frecuentar el concesionario de Vasek Polak, el gurú de Porsche en Redondo Beach. Probó un 924 Turbo de cortesía y quedó prendado. Cuando volvió a la exposición, esta unidad en gris Dolby le esperaba. “Simplemente me enamoró su silueta, cómo se asentaba en el suelo y que fuera más sensato en consumo que otras opciones”, rememoró ante Leno.

El coche apenas ha cambiado desde aquel día. El cuentakilómetros marca 128.000 millas y, aunque ha pasado por unos diez turbos —la gran factura de la refrigeración primitiva—, todo lo demás respira originalidad. McCord guarda incluso la pegatina de venta que indicaba un precio de 26.000 dólares de 1980, una cifra nada modesta para un cuatro cilindros.

El motor 2.0 que escondía una adicción

Jay Leno, ingeniero de pura cepa, descorchó la ficha técnica: 2.0 litros, cuatro cilindros, tracción trasera y un turbo alimentado por el propio aceite del motor. Con apenas 143 CV, el 924 Turbo no buscaba batir récords; buscaba ser aprovechable. “Me gusta cualquier coche en el que puedas usar todos los caballos todo el tiempo”, confesó Leno, mientras McCord asentía recordando cómo aquel empuje se volvía adictivo en carretera.

Sin embargo, el episodio también dejó claro que el encanto venía acompañado de servidumbres. Como el turbo dejaba de recibir lubricación al apagar el motor, la inercia lo cocinaba. La solución era dejarlo al ralentí un minuto entero. McCord tiene papelitos en la guantera que pega al volante cada vez que visita el taller: “No lo apagues sin esperar”.

Ese turbo era adictivo. Definitivamente, es un coche de sensaciones al volante.

— Jay Leno

Sensaciones puras: la conducción analógica según Leno

Al tomar el volante, Leno describió una experiencia que hoy parece de otro planeta. La dirección, sin asistencia, permite leer el asfalto con los dedos; los frenos de disco en las cuatro ruedas muerden con nobleza y la suspensión independiente filtra sin aislar. “Es un deportivo de verdad, no un simulador”, resumió. McCord añadió que durante años fue su coche diario y que jamás le ha fallado salvo por los turbos, que él mismo asume como parte del paquete.

El sonido, un ronroneo metálico que trepa de tono cuando el turbo entra en carga, también despertó elogios. Frente a los actuales motores turboalimentados de respuesta anestesiada, este 2.0 es puro carácter ochentero: un pequeño golpe de tos al meter tercera y un empuje que te planta en el asiento sin electrónica que lo domestique.

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Los caprichos de un turbo con casi medio siglo

Si algo refuerza el valor documental del vídeo es la honestidad con la que ambos hablan de los puntos débiles. Los diez turbos no son una rareza: en los foros de aficionados al 924 Turbo se habla de sustituirlos casi como un mantenimiento periódico. La bomba de agua, el alternador y algunos mazos de cables tampoco han envejecido con la misma dignidad que la carrocería, repintada hace unos años en el color original.

McCord lo sabe y, aun así, no se plantea desprenderse del coche. “Cada vez que abro el portón trasero y miro los compartimentos laterales encuentro algún papel que me transporta a 1980. Es como una pequeña excavación arqueológica”, confesó. Una declaración que resume por qué este 924 Turbo no es solo un clásico: es un diario personal con ruedas.

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Una joya contracorriente en la era digital

En un momento en el que los deportivos se miden por su capacidad de aislar al conductor, la lección del 924 Turbo es casi subversiva. Leno lo subrayó cuando comparó el Porsche con los superdeportivos actuales: “Puedes pisar a fondo, sentir cómo trabaja el motor y no acabar en la cárcel a los tres segundos”. El placer aquí no está en la cifra, sino en la coreografía que exige el conductor para mantener el turbo en zona dulce.

El episodio de Jay Leno’s Garage no solo rescata un modelo que nunca gozó del glamour del 911; también reivindica una forma de entender el automóvil que se escapa entre los dedos. La pregunta que flota en el aire después de verlo es inevitable: ¿volveremos a fabricar coches que nos pidan, a cambio de velocidad, un poco de paciencia y mucho tacto?

Puedes ver el episodio completo aquí: