Sin motor en marcha, sin carburadores y con la transmisión completamente desmontada. Así se ofrece en subasta en Bring a Trailer el Hispano-Suiza J12 chasis 28452, un proyecto de restauración tan monumental como el V12 de 9.425 cc que duerme bajo su largo capó. La puja, sin precio de reserva, pone a prueba el apetito del coleccionista más audaz por uno de los automóviles de preguerra más fastuosos jamás concebidos.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: El J12 representa la cumbre de Hispano-Suiza, con un V12 de 9,4 litros y solo 120 chasis producidos. Este ejemplar conserva su motor original y una carrocería Pourtout que, aunque trasplantada, es de época y documentada.
- No te lo puedes perder: El bastidor 28452 jamás se completó en los años treinta; permaneció desnudo hasta los setenta. Su carrocería actual procede de un H6B de 1924, obra de uno de los carroceros franceses más refinados.
- Cifras y cotización: Subasta sin reserva en Bring a Trailer. El motor está presente pero le faltan carburadores y componentes auxiliares; la transmisión manual de tres velocidades acompaña desmontada. El estado de los internos del V12 es desconocido.
Un chasis que esperó décadas para vestirse
La odisea del chasis 28452 comenzó en la factoría que Hispano-Suiza tenía en Barcelona, donde se cree que fue ensamblado hacia 1933. Por razones que los archivos no aclaran, el montaje se interrumpió y el bastidor quedó incompleto, sin carrocería y con un número de serie fuera de la secuencia habitual. Así permaneció durante más de tres décadas, hasta que en 1965 un comprador lo adquirió y, diez años más tarde, le instaló una transmisión. En 1976 recibió finalmente una carrocería: una pieza que Carrosserie Pourtout había construido a principios de los años treinta para un Hispano-Suiza H6B de 1924. El trasplante convirtió al proyecto en un híbrido fascinante, un J12 vestido con un traje prestado pero impecablemente diseñado.
Terminado el conjunto, el coche pasó varios años en el museo del automóvil del castillo de Aalholm, en Dinamarca, propiedad de Johan von Raben-Levetzau. En 1989 cruzó el Atlántico rumbo a Michigan, donde un coleccionista lo mantuvo almacenado durante 34 años. Durante ese prolongado letargo, el propietario retiró algunas piezas para utilizarlas en la restauración de otros Hispano-Suiza. Tras un cambio de manos en 2025, el vendedor actual lo adquirió hace apenas un mes y lo ha sacado a subasta tal como está: un lienzo en blanco para el restaurador que tenga los medios y la paciencia necesarios.
La documentación que acompaña al coche es, como el propio vehículo, una mezcla de certezas y enigmas. El título de Pensilvania lo describe como un modelo de 1933, y el cárter del motor lleva una fecha de fabricación del 22 de febrero de ese año. Sin embargo, el número de bastidor no corresponde a la serie normal y se sabe que el chasis quedó sin terminar en su época. La ficha de subasta de Bring a Trailer detalla estas circunstancias y confirma que el coche se vende con un lote de piezas desmontadas, entre ellas la caja de cambios de tres velocidades y diversos engranajes.
El V12 aeronáutico de 9,4 litros y 220 CV
Marc Birkigt, ingeniero jefe de Hispano-Suiza, concibió el motor del J12 aplicando los principios de sus legendarios propulsores de aviación. El resultado fue un V12 de 9.425 cc con distribución OHV y bloque de aluminio, siete apoyos de bancada, doble encendido por magneto Scintilla y dos bujías por cilindro. La fábrica declaraba 220 CV a 3.000 rpm, una cifra que, en 1933, convertía al J12 en uno de los automóviles más potentes del mundo. Sin embargo, el ejemplar que nos ocupa carece de carburadores y de varios componentes auxiliares, y no se conoce el estado de sus piezas internas. El bloque está presente, pero cualquier intento de ponerlo en marcha exigirá una reconstrucción integral.
Un detalle que añade intriga es la numeración del motor. El tapón de llenado de aceite lleva el número 321037, una referencia que, según los especialistas, también aparece en el motor de otro chasis J12 superviviente. Esta duplicidad, sumada a la naturaleza fuera de serie del bastidor, convierte la trazabilidad del ejemplar en un rompecabezas que los futuros custodios deberán resolver.

La carrocería Pourtout: un trasplante con solera
La carrocería que hoy viste el 28452 salió de los talleres de Carrosserie Pourtout en Bougival, Francia, a comienzos de los años treinta. Fue creada para un H6B de 1924, un encargo que demuestra el respeto que los propietarios de la época sentían por el carrocero galo. Pintada en tonos beige y caoba, la carrocería de dos puertas despliega una elegancia sobria, con faros Marchal, una mascota de cigüeña sobre el radiador y un capó abisagrado centralmente con cinco trampillas de ventilación a cada lado. Las ruedas de alambre de 18 pulgadas, pintadas de negro con tapacubos brillantes, montan neumáticos Denman de banda blanca.
El interior, tapizado en cuero color canela, conserva el salpicadero de madera con instrumentación Jaeger —velocímetro de 150 km/h, cuentarrevoluciones hasta 8.500 rpm, reloj y manómetros de aceite y amperaje—, pero faltan los pedales, la palanca de cambios, el freno de mano y los tiradores de las ventanillas. Bajo el tablero asoman cables sueltos, y los tambores de freno, herederos del servo mecánico asistido por la transmisión que diseñó Hispano-Suiza, siguen en su sitio aunque sin los varillajes correspondientes. El odómetro marca 32.000 kilómetros, una lectura que, como casi todo en este coche, ha de tomarse con escepticismo.
Un Hispano-Suiza J12 es, en sí mismo, una declaración de principios. Pero uno con carrocería Pourtout, aunque sea prestada, eleva la apuesta a territorio de museo.
Subasta sin reserva: oportunidad y desafío
Que un Hispano-Suiza J12 salga a subasta sin precio de reserva es un acontecimiento poco común. La mayoría de las unidades supervivientes —apenas unas decenas de los 120 chasis fabricados— están en manos de colecciones institucionales o de particulares que no las sueltan. El valor de un J12 con carrocería original y en estado de marcha puede superar holgadamente el millón y medio de euros, pero este ejemplar, con su identidad híbrida y su estado de desmontaje, se mueve en un terreno incierto.
Para el comprador, el proyecto exige una inversión a largo plazo. La restauración de un motor V12 de esta complejidad puede requerir la fabricación de piezas únicas y la intervención de especialistas en mecánica de preguerra. La carrocería, aunque firma de Pourtout, no es la que correspondería a un J12, lo que —en los círculos más puristas— podría restarle puntos en un futuro concours. Ahora bien, la rareza del conjunto, el pedigrí del carrocero y la oportunidad de devolver a la vida un Hispano-Suiza que nunca llegó a rodar como tal en su época convierten esta subasta en una cita de esas que el mercado recuerda.
Quien se lleve este J12 no compra un coche terminado, sino la posibilidad de cerrar una historia que quedó en suspenso hace noventa años.
La puja en Bring a Trailer, sin reserva, dictará sentencia. Mientras tanto, el chasis 28452 espera en North Salem, Nueva York, con sus secretos bajo el capó y la promesa de un renacimiento que solo un coleccionista con medios, conocimiento y una cierta dosis de romanticismo puede convertir en realidad.

