El Lotus Esprit S4 de 1995 que puja en Bring a Trailer condensa la madurez del último cuatro cilindros turbo salido de Hethel. No será el Esprit más caro ni el más raro, pero Sports Car Market lo reivindica como la fase mejor desarrollada del modelo.
La puja en línea devuelve al primer plano un automóvil de los noventa que durante años vivió a la sombra de los herederos del 911 y de los V8 italianos. Conviene recordar que el Esprit no nació como un deportivo convencional: su atractivo residía en un chasis de columna central heredado del Europa y en una relación peso-potencia que ridiculizaba a rivales más ilustres.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: Sports Car Market considera el Lotus Esprit S4 la fase final y mejor desarrollada del cuatro cilindros turbo, por encima de todas las iteraciones anteriores.
- No te lo puedes perder: la versión S4s de 1994 extrajo 300 CV del 2.2 turbo y solo se vendieron 217 unidades de las variantes S4 y S4s en Estados Unidos durante 1995.
- Cifras y cotización: los S4 Turbo tempranos se mueven entre 35.000 y 45.000 dólares; los S4s arrancan en torno a 50.000 dólares, según los datos que recopila Sports Car Market.
El último cuatro cilindros y su genealogía
El Esprit debutó en 1976 como sucesor del Europa. Bajo la carrocería angulosa firmada por Giugiaro, Lotus conservó el chasis de columna central, una evolución del esquema del Elan invertido, con la transmisión situada en la horquilla trasera. Aunque más grande y mejor acabado que su antecesor, el Esprit nació con un cuatro cilindros de dos litros y 160 CV —140 en la variante estadounidense—, inmortalizado como el coche de James Bond en The Spy Who Loved Me.
Las primeras series trajeron cambios sutiles: el S2 adoptó pilotos traseros del Rover SD1 a partir de 1978 y el primer Turbo llegó en 1980. Un año después, el motor creció a 2,2 litros y dio paso a la denominación S3. Estados Unidos, que no recibió Turbo hasta 1983, estrenó entonces la inyección en lugar de los carburadores.
En 1987, el rediseño X180, obra de Peter Stevens, redondeó las aristas del carrocero italiano, incorporó llantas de siete radios y recurrió a los espejos del Citroën CX. En 1989, el Esprit SE elevó la potencia a 264 CV —280 de forma breve con sobrepresión— gracias a un intercambiador aire-agua-aire que Lotus denominó Chargecooler. La variante más deseada de aquella generación, el Sport 300, apenas sumó 64 unidades pensadas para la competición estadounidense.
Variantes y especificaciones que definieron la fase S4
El S4 llegó en 1993 con otro refresco estético, esta vez de Julian Thomson, y mantuvo la designación interna Type 85 de los Stevens. Llevaba los pilotos traseros del Toyota AE86, llantas nuevas de cinco radios y, por primera vez en un Esprit, dirección asistida. El motor seguía declarando 264 CV, con 4,7 segundos en el 0-60 mph y 160 mph de velocidad punta.
La fase S4 no se conformó con sobrevivir: afinó dirección, potencia y aerodinámica hasta convertir un diseño de 1976 en un deportivo capaz de mirar a los noventa.
En 1994 apareció el Lotus Esprit S4s, con la letra minúscula de Sport. Su turbo de 2,2 litros entregaba 300 CV y 393 Nm de par, suficientes para firmar 4,6 segundos en el 0-60 mph y 168 mph. Se distingue por el alerón redondeado heredado del Sport 300 y por las llantas de seis radios.
El cierre de la saga del cuatro cilindros llegó con el GT3 de 1997, un turbo de 2,0 litros y 240 CV con motor Type 920 que antes se reservaba al mercado italiano. Solo 190 unidades vieron la luz, cada una con 1.230 kg en vacío. La producción del S4 terminó en 1999, aunque las ventas estadounidenses habían cesado en 1995. El V8 de 350 CV, presentado en 1996 y comercializado en Estados Unidos a partir de 1997, prolongó la vida del Esprit hasta 2004.
Lo que la subasta dice del mercado
La subasta del ejemplar de 1995 en Bring a Trailer llega en un momento en que los S4 estadounidenses se mezclan con unidades importadas de otros mercados, ya superado el umbral de los 25 años. Los datos recopilados por Sports Car Market sitúan a los S4 Turbo tempranos entre 35.000 y 45.000 dólares, y a los S4s a partir de 50.000 dólares. Frente a los más de 70.000 que suelen pedirse por un V8, el cuatro cilindros sigue siendo la puerta de entrada al Esprit.
Ahora bien, la ganga relativa tiene letra pequeña. La negligencia es la principal fuente de averías, de ahí que el historial de mantenimiento y los cambios de aceite importen tanto como el número de bastidor. Radiador, tuberías de refrigeración, depósito de combustible y embrague figuran entre las partidas más caras en unidades con kilometraje alto. Un simple vistazo al vaso de expansión —con refrigerante limpio, sin lodos— separa un ejemplar cuidado de uno sospechoso.
Paul Matty, especialista que atendió Lotus durante más de cuarenta años hasta su jubilación, resumía la regla de oro: cuanto más tardío es el coche, menos problemas arrastra. Advertía, eso sí, de que el motor de aleación exige un refrigerante con inhibidor de corrosión y de que conviene arrancar y circular de inmediato, sin calentar en ralentí: las levas giran directamente sobre aluminio y el aceite apenas llega a baja revolución.
Conviene recordar que la cotización del Esprit de cuatro cilindros se ha mantenido al margen de la burbuja vivida por los italianos coetáneos. Un Porsche 911 de la misma época o un Ferrari 348 exigirían un desembolso superior, mientras que el S4 ofrece una experiencia de conducción más pura y una rareza estadounidense difícil de replicar.
Con todo, el comprador debe asumir la ‘otredad’ del producto: accesos estrictos, interiores que envejecen con dignidad relativa y una red de especialistas pequeña, aunque leal. La puja en Bring a Trailer servirá para comprobar si el mercado sigue premiando a las unidades bien documentadas o si la prudencia impone descuentos. En cualquier caso, el S4 de 1995 representa el último argumento racional dentro de una dinastía que siempre vivió de la emoción.

