Hay coches que envejecen mejor que otros. El Mazda RX-7 FD de 1993 pertenece a esa categoría, al menos según Doug DeMuro, que en su último análisis no escatima elogios para el deportivo japonés. Lo define como una obra maestra absoluta, con un diseño limpio y una experiencia de conducción que pocos rivales de su época igualan. Eso sí, su motor rotativo exige un mantenimiento que puede convertirse en un dolor de cabeza.
Diseño nacido de una competición interna
Para DeMuro, uno de los grandes aciertos del FD es su estética. Frente a otros deportivos japoneses de los noventa, que apostaron por formas recargadas o agresivas, el RX-7 optó por una apariencia sobria, fluida y proporcionada. Menciona ejemplos como el Subaru WRX o el Mitsubishi 3000 GT, cuyos diseños eran mucho más llamativos, pero en su opinión el Mazda logró algo más atemporal.
La historia detrás de esas líneas también le parece notable. Según relata, Mazda organizó un concurso interno entre cuatro estudios de diseño —dos en Japón, uno en California y otro en Europa— para dar forma a la nueva generación. El proyecto ganador salió del estudio californiano. DeMuro asegura haber visto el concept original en el Petersen Museum de Los Ángeles y destaca lo fiel que resultó la versión de producción a aquel prototipo.
Esa búsqueda de limpieza visual se refleja en detalles concretos. Los faros escamoteables ocultan las ópticas cuando el coche está apagado, las manillas de las puertas se integran en la moldura junto a la ventanilla y el panel trasero unifica las luces bajo una superficie oscura. DeMuro admite no ser fan de los pilotos oscurecidos, pero reconoce que en este caso cumplían una función estética deliberada.
El motor rotativo, entre la suavidad y la advertencia
El corazón del RX-7 FD es tan peculiar como su estética. DeMuro explica que, en lugar de pistones y cilindros, este coche emplea un rotor giratorio que genera la potencia de forma distinta a un motor convencional. No entra en tecnicismos, pero subraya dos cosas: la suavidad de funcionamiento y el equilibrio que aporta al carácter deportivo.
Luego llega la advertencia honesta. Con el paso de los años, estos motores pueden volverse exigentes en mantenimiento y, según su experiencia, algo caprichosos. El problema se agrava porque no cualquier mecánico sabe trabajar con ellos: encontrar un especialista en rotativos puede ser complicado. No se trata de un defecto menor, sino de una realidad que cualquier comprador debería asumir.
Es uno de los mejores deportivos japoneses de todos los tiempos, pero su motor rotativo puede volverse costoso de mantener con los años.
— Doug DeMuro
El peso como ventaja competitiva
Aunque el RX-7 FD declara poco más de 250 caballos, una cifra modesta frente a los 320 del Supra o los 300 del 300ZX y del 3000 GT VR4, DeMuro recuerda un dato que suele pasarse por alto: el peso. El Mazda ronda los 1.225 kilos, una cifra muy inferior a los 1.724 kilos del Mitsubishi 3000 GT VR4 o los 1.406 kilos del NSX. Esa ligereza, combinada con el turbo, permitía pasar de 0 a 60 millas por hora en menos de cinco segundos, algo muy rápido para la época.
El paquete R1, la opción que buscan los puristas
DeMuro también desglosa las versiones del modelo. Existía una base, un paquete Touring con techo solar, equipo Bose, tapicería de cuero y hasta cambio automático disponible, y un paquete R1 orientado al rendimiento. Este último, que es el que equipa la unidad analizada, solo se ofrecía con transmisión manual, añadía una suspensión más firme, un enfriador de aceite y eliminaba el control de crucero. Los rasgos distintivos externos del R1 son el alerón trasero y el splitter delantero.
Menciona también el techo de doble burbuja en los ejemplares sin techo solar, una solución que habría buscado dar espacio extra para el casco de los conductores de circuito. Otro detalle que conecta con el enfoque deportivo del coche.
Un interior austero con rarezas que llaman la atención
Dentro, el habitáculo es simple y funcional, menos teatral que el del Supra. DeMuro destaca una de sus rarezas: el panel de la puerta del conductor es distinto al del acompañante. En el lado izquierdo hay una pequeña tapa que esconde un compartimento, una manilla peculiar y una salida de climatización; en el derecho, la ventilación va en el salpicadero y no hay hueco de almacenamiento. Una asimetría curiosa.
Qué implica todo esto para un comprador actual
El RX-7 FD no es un capricho barato de mantener. Las advertencias de DeMuro sobre el motor rotativo pesan: conviene tener acceso a un especialista y presupuesto para imprevistos. Aun así el coche sigue despertando devoción entre los aficionados, y unidades como la que aparece en su vídeo, con menos de 35.000 millas y paquete R1, son difíciles de encontrar sin modificaciones.
La subasta en Cars & Bids, donde este ejemplar está listado, es un recordatorio de cómo ciertos deportivos de los noventa se han convertido en piezas de colección. No son simples coches usados, sino fragmentos de cultura automotriz, como repite DeMuro. Y eso se traduce en precios que siguen subiendo.
El vídeo completo deja una conclusión clara: pocos coches combinan una estética tan lograda con una experiencia de conducción tan especial. La pregunta es si estás dispuesto a pagar el coste de mantenimiento que exige su singularidad.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Doug DeMuro en YouTube.

