Qué cubre el seguro coche granizo y cómo reclamar por pedrisco o inundación este verano

La cobertura del granizo y la inundación depende de la garantía de daños propios: un terceros básico no repara la chapa abollada. Te contamos cómo reclamar a la aseguradora o al Consorcio y qué revisar antes de la próxima tormenta.

Las tormentas con granizo y las lluvias torrenciales vuelven a convertir el seguro del coche en la consulta más repetida del verano. En pocos minutos, una granizada puede abollar la chapa y romper cristales; una inundación, aunque el agua no suba demasiado, puede dejar el vehículo en siniestro total.

El episodio de calor intenso de esta semana, con temperaturas por encima de los 40 grados en numerosos puntos, favorece la aparición de tormentas repentinas con aparato eléctrico y pedrisco. Antes de conducir conviene revisar la previsión meteorológica y, en caso de granizada, buscar un aparcamiento cubierto para minimizar daños, tal como recogen los avisos difundidos este 19 de agosto.

Qué cubre el seguro del coche ante granizo y pedrisco

La respuesta corta es que un seguro a terceros básico no cubre los daños propios causados por granizo o inundación. Para reclamar la reparación del coche propio hace falta una garantía de daños propios, normalmente asociada al todo riesgo o a un complemento de riesgos atmosféricos: chapa, lunas, retrovisores y pintura.

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Una foto de la chapa dañada y el parte abierto en las primeras horas valen más que cualquier discusión posterior sobre coberturas.

La franquicia es la parte del siniestro que el conductor asume antes de que la aseguradora pague. Si la póliza es todo riesgo con franquicia y la reparación del pedrisco cuesta menos que ese importe, no compensa abrir un parte; si es todo riesgo sin franquicia, la indemnización cubre el arreglo completo según los límites contratados.

Cómo reclamar por pedrisco o inundación a la aseguradora o al Consorcio

El primer paso al sufrir daños por pedrisco es documentar el estado del vehículo con fotografías y vídeos desde varios ángulos, sin mover piezas ni intentar reparaciones caseras. Después conviene comunicar el siniestro a la aseguradora lo antes posible; una demora larga puede complicar la peritación y la cobertura.

En caso de inundación extraordinaria, el Consorcio de Compensación de Seguros suele asumir la indemnización cuando el daño proviene de lluvias torrenciales o desbordamientos considerados riesgo extraordinario. Eso sí, lo habitual es que el vehículo cuente con una póliza de daños propios; conviene verificar que el recargo del Consorcio aparece en el recibo.

Qué mirar en tu póliza antes de las próximas tormentas

El contexto de este verano invita a revisar tres puntos antes de que llegue la próxima tormenta: si la póliza incluye daños propios por fenómenos meteorológicos, cuál es el importe de la franquicia y si el recibo contempla el recargo del Consorcio. Un vistazo de cinco minutos evita más de un disgusto en pleno agosto.

Para quien solo busca proteger los cristales, el terceros con lunas suele ser más económico, pero no cubre la chapa abollada por el pedrisco. A partir de ahí, la decisión se reduce a cuánto cuesta reparar el vehículo y cuánto se quiere asumir de bolsillo. Pedir al menos dos presupuestos puede aclarar la diferencia real de prima.

En términos reales, la diferencia entre mantener un terceros básico y añadir una garantía de daños propios puede superar los 300 euros anuales según el modelo y el historial del conductor. No es una cifra menor, pero sí conviene compararla con el coste de una reparación de granizo o una inundación completa.

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📌 El seguro al detalle

  • Qué ofrece este seguro: la cobertura de daños propios por pedrisco, lluvia e inundación para reparar chapa, lunas y pintura del coche, siempre que la póliza no limite estos riesgos por franquicia.
  • A quién va dirigido: conductores que aparcan en la calle, viven en zonas con tormentas frecuentes o quieren evitar sustos económicos en verano.
  • Cuánto cuesta: la prima varía según vehículo y perfil; añadir daños propios puede elevar el recibo más de 300 euros anuales, mientras que una franquicia de 200 a 400 euros reduce la prima si se asume parte del riesgo.