El McLaren F1 GTR que perteneció al batería de Pink Floyd, Nick Mason, encabeza la lista de los diez lotes más codiciados de las subastas de Monterey 2026. Con una estimación que supera los 35 millones de dólares, podría convertirse en el coche británico más caro jamás subastado y marcar un nuevo récord para la marca. La Monterey Car Week, que se celebra hasta el 16 de agosto, vuelve a ser el epicentro del coleccionismo mundial.
Del 7 al 16 de agosto, la península californiana concentra las casas de subastas más prestigiosas —RM Sotheby’s, Gooding Christie’s, Mecum, Broad Arrow y Bonhams— con un desfile de automóviles que abarca desde prototipos de competición hasta hiperdeportivos de producción limitada. Las cifras que se manejan este año reescribirán más de un récord.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: El McLaren F1 GTR chasis #10R, el primer prototipo de batalla corta de 1996, aspira a un precio de martillo que podría superar los 35 millones de dólares en RM Sotheby’s y convertirse en el automóvil británico más caro jamás subastado.
- No te lo puedes perder: El Shelby Cobra Daytona Coupe chasis CSX2300, el único que Carroll Shelby conservó en su colección personal, sale a puja con una estimación superior a los 25 millones de dólares y la oportunidad de ser el coche estadounidense más valioso de la historia.
- Cifras y cotización: La estimación acumulada de los diez lotes principales supera los 100 millones de dólares. Destacan también un Ferrari 250 P (15-20 millones), un Aston Martin DB4 GT Zagato, un Chevrolet Corvette Grand Sport y varios superdeportivos contemporáneos como el Bugatti Mistral o el Ferrari Daytona SP3.
El F1 GTR de Nick Mason: una pieza de museo con pedigrí pop
Chasis #10R. Fue el primero de los dos prototipos de batalla corta construidos con especificaciones de 1996. Su dueño, el batería de Pink Floyd, lo ha conservado durante años como una de las joyas de su garaje. La combinación de su pedigree de competición —nunca participó en carreras oficiales importantes, lo que preserva su estado original— y el factor mediático de su propietario disparan el interés. RM Sotheby’s no se ha andado con timideces y ha fijado una estimación de «Valor superior a 35.000.000 de dólares».
Si el martillo confirma esa cifra, el McLaren borrará de un plumazo el actual récord de la marca, cifrado en 20,5 millones por otro F1, y se encaramará al selecto grupo de los diez automóviles más caros jamás subastados. De paso, superaría el techo histórico de cualquier vehículo de fabricación británica, un hito que hoy ostenta un Aston Martin DBR1.
El Cobra Daytona que Shelby guardó para sí mismo
En Gooding Christie’s, el lote estrella es el Shelby Cobra Daytona Coupe con chasis CSX2300. Se trata del tercero de los seis Daytona Coupé que Carroll Shelby construyó con el único objetivo de batir a los Ferrari 250 GTO en el Campeonato Mundial de Resistencia. Pero más allá de su palmarés, lo que convierte a esta unidad en una pieza única es que fue la única que Shelby retuvo en su colección personal hasta su muerte. La estimación, «por encima de 25.000.000 de dólares», la sitúa como el automóvil estadounidense más caro ofrecido nunca en una puja pública.
Un precio de martillo dentro de ese rango pulverizaría el actual récord de la marca, en manos de otro Cobra que rozó los 14 millones. Para muchos aficionados, ver este automóvil con la firma del tejano en su historial de propiedad supone asistir a un momento de coleccionismo puro: el de la pieza que jamás debió salir del garaje de su creador.

Shelby no se limitó a construir coches: los convirtió en armas para derrotar a Enzo Ferrari. Y se quedó con la mejor.
Ferrari y Aston Martin: la tradición de Maranello y Newport Pagnell
El Ferrari 250 P de 1963 que Gooding Christie’s ofrece con una estimación de entre 15 y 20 millones de dólares representa el nacimiento de la saga «P» del Cavallino. Pilotado por la Scuderia Ferrari, terminó segundo en las 12 Horas de Sebring y tercero en Le Mans, antes de pasar al N.A.R.T. de Luigi Chinetti para competir en las grandes citas americanas. Su pedigrí y la extrema rareza de los 250 P —solo se construyeron cuatro— lo sitúan como el Ferrari más cotizado de esta Monterey.
En un escalón similar, el Aston Martin DB4 GT Zagato de 1962 (14.ª unidad de las 19 fabricadas) acude con un breve historial de competición en Australia y un estado de conservación que le valió ser finalista del Best of Show en Pebble Beach en 2019. Las líneas maestras de la carrocería, firmada por Zagato, y el motor de seis cilindros en línea potenciado hasta los 314 CV lo convierten en uno de los gran turismo británicos más deseables.
El factor moderno: hiperdeportivos y series limitadas
Las subastas de Monterey 2026 no viven solo de clásicos. Dos Bugatti Mistral de 2025 —el canto de cisne del W-16 de cuatro turbos—, un Ferrari Daytona SP3 con apenas 227 millas y dos Ferrari F50 (uno de ellos propiedad del exboxeador Mike Tyson) atraen a una nueva generación de coleccionistas. El Mistral de Broad Arrow, en Matt Argent y carbono negro, se estima por encima de los 5 millones de dólares; el de RM Sotheby’s, en Rojo Italiano, compite con una odisea cromática similar. Mientras, el Ferrari F50 de Tyson, uno de los 55 destinados al mercado estadounidense, podría superar los 6 millones, en línea con los tres ejemplares que en enero de 2026 ya rebasaron esa barrera.
A este desembarco contemporáneo se suma el Chevrolet Corvette Grand Sport de 1963, chasis #003, uno de los cinco construidos. Su estimación de entre 8 y 10 millones de dólares lo perfila como el primer General Motors en superar la mítica cifra de los ocho dígitos en una subasta pública. La historia de este Corvette, desarrollado a espaldas de la dirección de GM y con un palmarés que incluye un segundo puesto en clase en las 12 Horas de Sebring de 1964, resume la esencia del automovilismo clandestino americano.
El pulso del coleccionismo en 2026
El plantel de Monterey 2026 demuestra que el mercado de colección sigue robusto, pero ha ensanchado su foco. Los clásicos de competición con historia documentada —F1 GTR, 250 P, Corvette Grand Sport— mantienen la pole, pero los hiperdeportivos de tirada ultracorta y los restomods de altas prestaciones empiezan a cotizarse como inversiones serias. La presencia de dos Bugatti Mistral, un Ferrari Daytona SP3 y hasta un Ferrari 288 GTO con solo 1.541 kilómetros confirma que los compradores ya no distinguen entre antigüedad y exclusividad: ambas cotizan.
Las cifras récord que se esperan —los 35 millones del McLaren, los 25 del Cobra, los 20 del 250 P— subrayan que la escasez absoluta y la procedencia impecable siguen siendo los motores de la valoración. Si el Cobra Daytona de Shelby alcanza su estimación, el mercado estadounidense habrá conseguido en una sola generación lo que Europa tardó medio siglo en consolidar: llevar un automóvil nacional por encima de los 25 millones de dólares. En paralelo, el posible hito del Corvette Grand Sport pondría a GM en el mapa de los diez millones, un territorio hasta ahora vedado para Detroit.
Monterey 2026, en definitiva, va a medir la temperatura de una afición que ha aprendido a valorar tanto el pedigrí de las carreras como la sofisticación de la ingeniería moderna. Los martillos que suenen entre el 13 y el 16 de agosto dejarán más de un titular; y, sobre todo, marcarán el ritmo del coleccionismo para los próximos años.

