Europa negocia elevar al 75% el contenido europeo obligatorio del coche eléctrico, y España observa la cifra con inquietud. Un borrador que circula entre los grupos de trabajo de la Unión Europea endurece las condiciones del futuro Made in Europe y deja en el aire qué modelos podrán acogerse a las ayudas públicas.
La propuesta de partida hablaba de un 70% de componentes de origen europeo. El texto que se maneja ahora sube el listón cinco puntos y excluye del cálculo a la batería, que tendría reglas de origen propias. La consecuencia es incómoda: un coche puede salir de una fábrica española y, aun así, quedarse por debajo del umbral que da acceso a trato preferente en determinadas subvenciones y compras públicas.
Qué exige exactamente el borrador que estudia la Unión Europea
El debate se enmarca en la futura normativa con la que Europa quiere reforzar sectores estratégicos y reducir su dependencia exterior, conocida como Industrial Accelerator Act. El punto de partida fijaba en torno al 70% el contenido europeo necesario para acceder a las ventajas ligadas al Made in Europe. El borrador que se trabaja ahora lo lleva hasta el 75%, siempre sin contar la batería, según el texto que manejan los grupos de trabajo europeos.
La razón para dejar el acumulador fuera del cálculo es sencilla: Europa todavía depende en gran medida de Asia en buena parte de esa cadena de valor. Por eso las celdas tendrían requisitos de origen específicos y, además, al menos el 20% de determinadas materias primas estratégicas debería extraerse, procesarse o reciclarse dentro de la UE en los primeros años de aplicación. Ese porcentaje subiría hasta el 40% en 2036.
Acero y batería, los dos frentes que aprietan
El texto también escalona el uso de acero europeo de bajas emisiones: un mínimo del 25% desde 2029, del 35% en 2032 y del 50% en 2036. Son cifras que dibujan una transición larga, pero exigente para los proveedores. Según la información que maneja el sector, los grandes grupos industriales consideran que ese calendario llega demasiado rápido.
Un coche puede salir de Martorell y seguir sin ser lo bastante europeo para recibir una ayuda pública, que es exactamente el dilema sobre la mesa.
La paradoja española: fabricar aquí ya no basta
España es el segundo fabricante de automóviles de Europa y exporta más del 90% de los vehículos que produce. Ese dato explica la sensibilidad del debate. El caso más llamativo es el CUPRA Raval: se ensambla en Martorell, Barcelona, y algunas de sus versiones podrían quedarse por debajo del nuevo límite. Con el Volkswagen ID. Polo ocurre algo parecido, porque comparte fábrica y plataforma.
Ambos forman parte de una familia de cuatro eléctricos urbanos de precio relativamente asequible y volúmenes altos, que completan los Volkswagen ID. Cross y Škoda Epiq, producidos en Navarra. Son coches llamados a sostener buena parte de la electrificación del segmento pequeño en Europa.
Lo que pide España y cómo afecta al comprador de aquí
La posición española intenta mover la definición misma del criterio. España defiende una autonomía estratégica abierta: reforzar la industria europea sin obligarla a sustituir de golpe cadenas de suministro que hoy dependen de países externos. La propuesta se concreta en tres ideas.
- Al menos un 40% de los componentes procedentes estrictamente de los 27 países de la UE.
- El 30% restante abierto al Espacio Económico Europeo y a terceros países considerados socios fiables con reciprocidad, como Reino Unido, Canadá o Japón.
- Una definición del Made in Europe que reconozca la aportación de las plantas españolas y de su cadena de proveedores.
Este matiz importa porque España no solo ensambla: también atrae inversión de fabricantes y proveedores extranjeros. Una definición demasiado cerrada del Made in Europe tendría efectos distintos en cada planta y cada modelo. Los grupos industriales advierten, además, de un déficit de hasta 150 GWh de capacidad de baterías a corto plazo, y recuerdan que levantar una cadena completa exige mucho más que instalar una línea de montaje. Volkswagen prepara su gigafactoría de baterías en Sagunto y Stellantis desarrolla otra gran planta en Zaragoza junto a CATL.
Para el comprador español, el desenlace tiene un efecto directo: si el criterio se cierra en falso, modelos ensamblados en Martorell o Navarra podrían perder el acceso a incentivos a la compra y a las compras públicas. Ahora bien, la norma sigue en negociación y los porcentajes pueden moverse. El texto tendrá que completar todo el trámite legislativo antes de ser definitivo, y ahí España seguirá peleando por una definición que reconozca la realidad de sus fábricas.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: el 75% de contenido europeo exigido a los eléctricos, cinco puntos más que el 70% de la propuesta inicial, y siempre sin contar la batería.
- Consejo práctico: si buscas un eléctrico de producción española, comprueba antes si la versión concreta encaja en los futuros criterios de origen, porque de ello puede depender el acceso a ayudas a la compra y a las compras públicas.
- Así te afecta: la definición del Made in Europe decidirá qué coches ensamblados en Martorell o Navarra siguen teniendo trato preferente, y marcará el precio final que pagas por un eléctrico en España.

