Mitsubishi Pajero Dakar: 12 victorias y las 2.693 unidades del Pajero Evolution

En 1985, menos del 30 por ciento de los 552 inscritos logró terminar el rally, y el vencedor fue un todoterreno japonés apenas modificado. Mitsubishi cerró aquel Dakar con un doblete y sumó después siete triunfos consecutivos hasta la última edición africana.

El Mitsubishi Pajero Dakar suma doce victorias absolutas, la primera en 1985 con Patrick Zaniroli al volante y la última en 2007.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: Mitsubishi se estrenó en el Dakar en 1983 con el Pajero y ganó la clase de producción de serie; dos años después firmó su primer triunfo absoluto en una edición que menos del 30 por ciento de los 552 inscritos logró terminar.
  • No te lo puedes perder: la marca restauró el ejemplar vencedor de 1985, aunque su librea actual no reproduce exactamente la que lucía al cruzar la meta.
  • Datos y producción: doce victorias absolutas entre 1985 y 2007, siete de ellas consecutivas, y una variante de homologación, el Pajero Evolution, construida en 2.693 unidades.

De la clase de serie al primer triunfo absoluto

El primer Dakar partió en diciembre de 1978 con una organización más bien laxa, uniendo París con la capital de Senegal, en el punto más occidental de la costa africana. Su dureza atrajo con rapidez a las grandes fábricas, que alinearon desde prototipos de rally hasta motos y camiones de asistencia cruzando el Sáhara a velocidad máxima.

Mitsubishi se presentó en 1983 con el Pajero y se llevó la clase de producción sin modificaciones, el terreno donde se mide lo que de verdad aguanta un vehículo de serie. El planteamiento era el de cualquier marca que llega tarde a una prueba: aprender el terreno antes de intentar dominarlo.

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Al año siguiente, ya inscrito en la categoría modificada, el todoterreno japonés firmó un tercer puesto absoluto. Por delante quedó el 911 experimental de tracción total de Porsche, el 953, que servía de banco de pruebas al futuro 959.

El salto llegó en 1985. De los 552 vehículos inscritos, menos del 30 por ciento completó los miles de kilómetros que separan Francia del norte de África. El francés Patrick Zaniroli condujo el Pajero hasta la primera victoria de Mitsubishi, un resultado construido sobre la resistencia mecánica antes que sobre la velocidad punta.

En el Dakar de 1985 ganó quien supo sobrevivir: menos de un tercio de los inscritos llegó a la meta y el desierto hizo el resto.

La gesta, además, venía acompañada. El británico Andrew Cowan terminó segundo con otro Pajero, de modo que la marca cerró el resultado con un doblete. El nombre comercial cambiaba según el mercado —Pajero en España, Montero en buena parte de los países hispanohablantes y Shogun en el Reino Unido—, pero el chasis era el mismo.

El ejemplar que ganó aquel año se parecía mucho más al Pajero de concesionario que los que llegarían después, aunque incorporaba el repertorio de modificaciones necesario para sobrevivir a tres semanas de carrera. Esa cercanía con el vehículo de calle es hoy su principal argumento de autenticidad.

La cuenta final fue de doce victorias absolutas, siete de ellas consecutivas entre 2001 y la última edición africana del rally, en 2007. No se repartieron de forma regular: entre el primer triunfo y la racha final media un proceso de aprendizaje que transformó por completo el vehículo.

Del todoterreno de calle al Evolution de homologación

La trayectoria del Mitsubishi Pajero en la arena se lee en tres etapas bien diferenciadas.

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  • El todoterreno de producción apenas modificado con el que la marca se dio a conocer en África.
  • La variante de homologación, el Pajero Evolution, con 2.693 unidades construidas.
  • Los prototipos de estructura tubular, ya sin parentesco mecánico con el vehículo de calle.

El Pajero Evolution ocupa el punto medio y es, para el coleccionista, el más interesante de los tres. La normativa de la prueba obligaba a fabricar una serie mínima para inscribir una evolución, de ahí que la cifra de 2.693 unidades se cite siempre que se habla del modelo: por debajo no había homologación posible; muy por encima, dejaba de ser una rareza. La genealogía completa, denominaciones por mercado incluidas, consta en su entrada de Wikipedia.

La lectura comercial llegó sola. El Pajero de calle se benefició en Europa de una reputación forjada en la arena, y la marca supo administrarla durante dos décadas: cada evolución técnica del vehículo de competición acabó teniendo su reflejo, sutil o evidente, en el catálogo. No en vano, el Dakar era entonces la mejor campaña publicitaria disponible para un todoterreno.

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Lo que enseña el Pajero de 1985 restaurado

Mitsubishi restauró el ejemplar que Zaniroli llevó a la victoria y lo exhibe hoy con una librea que difiere levemente de la que lució al término de la prueba. El matiz no es menor. En el coleccionismo de competición, la configuración de poscarrera —arañazos, parches, marcas de asistencia— funciona como documento, y devolver el coche a un estado inmaculado equivale a reescribir su biografía. La marca optó por la legibilidad del homenaje antes que por la arqueología.

Conviene recordar que el valor de un coche de carreras histórico no depende solo del palmarés, sino de la continuidad de su historial. Aquí concurren ambas cosas: chasis documentado, victoria absoluta en el Dakar y una restauración ejecutada por el propio fabricante, lo que representa a la vez una garantía técnica y una fuente segura de discrepancias con el purista.

La comparación con el Porsche 953 resulta reveladora. Stuttgart convirtió su experimento de tracción total en el 959 de calle; Mitsubishi hizo lo propio con el Pajero y creó una edición limitada para cumplir con la homologación. Dos respuestas distintas al mismo problema: cómo justificar ante el reglamento un vehículo nacido para la arena.

Ese estatus de variante mínima mantiene al Pajero Evolution en el radar del aficionado a los youngtimers, un segmento donde la producción corta y la trazabilidad pesan más que la potencia. Con la salvedad de siempre: sin número de bastidor verificable ni historial de propietarios, una unidad vale bastante menos que su vecina de garaje.

Los calendarios cercanos invitan a revisitar la historia. En 2027 se cumplirán veinte años de la última edición africana del Dakar y en diciembre de 2028 el rally alcanzará su medio siglo desde aquella salida parisina. Sobran motivos para que el Pajero Dakar de 1985 vuelva a los titulares, aunque sea por la vía del patrimonio.