Alpine llevará al Salón de París una escultura del nuevo Alpine A110 y admite un posible híbrido. La marca francesa mostrará en octubre una pieza a escala 1:1 que anticipa el diseño del deportivo que llegará en 2027 como eléctrico, pero deja abierta la puerta a un motor de combustión que podría sumarse más tarde.
La escultura no es un concept al uso. Alpine ha cubierto la carrocería con una suerte de velo azul tensado, como si alguien hubiera retirado el aire de debajo de una sábana de seda y hubiera dejado a la vista solo los volúmenes. La marca sostiene que la tensión de ese paño simula el efecto del viento, una forma elegante de hablar de ligereza y aerodinámica.
La inspiración confesada es el Concorde. No es un detalle menor: el supersónico franco-británico es el símbolo de una ingeniería que se atrevió con lo imposible y acabó retirada antes de tiempo. El morro en V y el doble faro del A110 histórico siguen ahí, pero la pieza es más larga, más esbelta y más cercana a un superdeportivo que el modelo saliente. Nadie la va a confundir con otra cosa.
Lo que la escultura anticipa y lo que deja en el aire
El cuerpo técnico ya se ha dejado ver. En el Festival de Velocidad de Goodwood de julio de 2026, Alpine rodó una mula alargada del A110 actual bautizada como A110 Future. Bajo esa carrocería iba el eje trasero de doble motor con vectorización activa del par y control de deslizamiento de rueda. El A110 de combustión siempre ha sido alabado por su agilidad; la versión eléctrica aspira a más movilidad todavía.
La solución de baterías es la parte verdaderamente interesante. En lugar de un paquete único bajo el suelo, Alpine reparte dos baterías más pequeñas en cada extremo del chasis sobre la plataforma APP. Eso mantiene el piso bajo y también la posición de conducción y el techo, y permite buscar un reparto de pesos 40:60 entre ejes. El sistema es de 800 voltios. El fabricante no ha publicado todavía autonomía, potencia de carga ni peso en su web oficial, pero el cálculo interno apunta a unos 300 kilos extra.
Cubrir el coche con un velo es la forma más elegante que ha encontrado la industria de no enseñar cuánto pesa un deportivo eléctrico.
El híbrido que Renault y Geely ya tienen en el banco
Alpine nunca ha cerrado la puerta a la combustión. El consejero delegado de la marca, Philippe Krief, confirmó en marzo a la revista británica Autocar que la plataforma está diseñada para alojar un motor de combustión. Cuatro meses después, en Goodwood, añadió que la decisión sobre si habrá versión de gasolina se tomará antes de que acabe 2026. Si sale adelante, el desarrollo hasta producción rondaría los dos años.
La fuente obvia del motor está en casa. Horse Powertrain, la sociedad conjunta de Renault con la china Geely, ya comercializa varios sistemas híbridos; uno de ellos rinde 349 caballos y 515 Nm de par. Encajarlo en en el A110 no exigiría rediseñar el chasis, según la propia marca, y sería la vía más rápida para responder a una clientela que sigue prefiriendo la gasolina. El coche eléctrico ya representa uno de cada cuatro turismos nuevos matriculados en Europa, pero ese dato convive con un comprador de deportivos que no tiene prisa por enchufarse.
Hay un segundo motivo, y es geográfico. El A110 nunca se ha vendido en Estados Unidos, donde la cuota del eléctrico es muy inferior a la europea. La expansión norteamericana estaba en el plan de crecimiento de Alpine, pero quedó congelada en 2025 en parte por los aranceles. Este verano Krief deslizó que el coche está pasando pruebas de choque estadounidenses. Una versión de combustión sería prácticamente imprescindible para que ese desembarco tenga sentido comercial.
El problema de fondo: la ligereza se paga en kilos
Aquí está la tensión real del proyecto. El A110 saliente coquetea con los 1.100 kilos y construyó toda su reputación sobre esa cifra. Sumar 300 kilos de baterías, cableado y refrigeración lo coloca en territorio de Porsche 718, un rival con más margen por unidad. La ligereza, que era la ventaja competitiva de Alpine, pasa a ser un problema de ingeniería que hay que recuperar por otras vías: reparto de masas, vectorización del par y una puesta a punto que compense lo que ya no se puede quitar.
La lectura industrial es otra. Alpine es la marca pequeña de un grupo grande, con volúmenes de nicho y un equipo de Fórmula 1 que consume atención y recursos. Cada decisión de cartera pesa el doble. Mantener abiertas dos rutas tecnológicas en un deportivo de producción limitada no es indecisión: es cobertura ante un mercado que no acaba de decidirse. La propia marca admite que el A110 se concibió como eléctrico cuando parecía que la gasolina iba a quedar en minoría en pocos años. Ese escenario no se ha cumplido con la velocidad prevista.
También hay un riesgo de mensaje. Anunciar un híbrido antes de vender el eléctrico puede canibalizar la primera versión: el comprador que espera el A110 de gasolina no compra el de baterías. Alpine tiene hasta finales de 2026 para decidir y hasta el Salón de París, en octubre, para medir la reacción del público a una escultura que, por ahora, solo enseña una silueta. El problema no será el diseño. Será la báscula.
Análisis de Impacto Motor16
- Dato de mercado: El A110 actual ronda los 1.100 kilos y la versión eléctrica sumará unos 300, un 27% más de masa sobre un coche cuyo argumento de venta era precisamente el peso.
- El rumor: En el entorno industrial de la marca se da por hecho que la decisión sobre el híbrido llegará antes de que acabe 2026 y que el motor saldría de Horse Powertrain, la sociedad de Renault con Geely que ya ofrece un bloque de 349 CV.
- Veredicto: La escultura es un ejercicio de marketing sólido, pero el A110 eléctrico solo se justifica si Alpine contiene el peso. Si el híbrido se confirma, la marca admitirá sin decirlo que su mercado de nicho aún no está listo.

