RUF B8: el motor bóxer de ocho cilindros y 1.000 CV que asombra en Goodwood

El prototipo conocido como B8 sobrepasa los 986 CV manteniendo la arquitectura del CTR3, alargada 100 mm para alojar la nueva mecánica. Una declaración de intenciones que convierte a RUF en el primer artesano en ofrecer un bóxer de ocho cilindros para la carretera.

El llanto metálico de un bóxer de ocho cilindros no debería sonar a primera hora de la mañana en un apacible festival inglés. Y sin embargo Alois Ruf decidió que el Goodwood Festival of Speed de 2026 fuera el escenario del estreno más inesperado de la temporada: un prototipo, bautizado internamente como Erprober y conocido ya como RUF B8, que esconde tras la carrocería familiar del CTR3 un motor plano de ocho cilindros, biturbo y 4.8 litros, capaz de superar los 986 CV.

Un bóxer de ocho cilindros que desafía el canon

La noticia no es simplemente un motor más potente. RUF ha partido de la base del CTR3 y ha añadido dos cilindros al seis cilindros bóxer que siempre ha habitado sus creaciones, elevando la cilindrada hasta los 4.8 litros y sobrealimentando el conjunto con dos turbocompresores. El resultado, según las cifras facilitadas por la propia compañía, supera los 986 CV y alcanza los 1.000 Nm de par, números que sitúan a este prototipo en la órbita de los hiperdeportivos más exclusivos.

No es la primera vez que un motor plano de ocho cilindros se asoma al automovilismo. Porsche experimentó con un bóxer de ocho cilindros en competición décadas atrás, desde el 804 de Fórmula 1 en 1962 hasta los prototipos 907 y 908 que dominaron las carreras de resistencia. También la propia Porsche dibujó un concept para un hipotético sucesor del 918 Spyder, el 904, que nunca pasó de las pantallas de diseño. Pero nadie hasta hoy había llevado esa arquitectura a un vehículo pensado para la calle, y menos con la radicalidad de esta mula de pruebas.

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El bloque, montado en posición trasera y acoplado a una caja manual de seis velocidades, resuelve de un trazo la pregunta que muchos coleccionistas llevan años formulando: ¿hasta dónde puede llegar la fórmula del bóxer sin traicionar sus raíces? La respuesta de Alois Ruf es inequívoca: dos cilindros más, ninguna concesión.

La herencia del CTR Yellowbird y el peso de la historia

Para entender por qué este prototipo dispara la adrenalina del aficionado hay que mirar al CTR Yellowbird, el modelo que en 1987 convirtió a RUF en leyenda al pulverizar los registros de Nürburgring y redefinir lo que un 911 modificado podía ser. El B8 recoge el testigo con una librea deliberadamente evocadora: el Blossom Yellow que viste la carrocería es un guiño directo a aquel amarillo que aterrorizó a los deportivos italianos de la época.

Sin embargo, el parentesco no se queda en la pintura. El chasis del B8 procede del CTR3, un biplaza de motor central que RUF comercializa desde 2007 y que ya entonces empujaba los límites técnicos con un seis cilindros biturbo de 700 CV. La ampliación de 100 milímetros en la batalla, necesaria para alojar los dos cilindros extra, modifica sutilmente las proporciones y deja entrever que el futuro modelo de producción podría tener una silueta propia, distinta a la del CTR3 que hoy conocemos.

El lugar del B8 en la genealogía del restomod

Ruf B8 en Goodwood

Conviene detenerse en lo que el B8 representa dentro de la escena actual del restomod, un segmento donde el talento artesanal compite con los presupuestos de los grandes fabricantes. RUF no construye coches: fabrica declaraciones de principios, y esta mula técnica lo es en cada tornillo. Al mantener la caja manual de seis relaciones en un prototipo de más de 1.000 Nm de par, la firma de Pfaffenhausen demuestra que su prioridad sigue siendo la experiencia de conducción pura, sin las muletas de la electrónica que diluyen el carácter en buena parte de la producción contemporánea.

RUF no ha ampliado un motor: ha escrito una declaración que ningún gran fabricante se ha atrevido a firmar en las últimas tres décadas.

Desde el punto de vista del coleccionista, el atractivo es evidente. Las piezas únicas de RUF, como los CTR3 Clubsport o los SCR de aspiración atmosférica, cotizan al alza en un mercado que valora la exclusividad y la ingeniería sin compromisos. El B8, aún sin fecha de producción confirmada, añade un argumento más a la ya sólida reputación de la marca como el más serio heredero del espíritu de los Porsche más radicales.

La pregunta, inevitable, es si veremos este motor en un modelo de serie. RUF ha calificado el prototipo como un Erprober, un vehículo de ensayo que no es aún un producto final, pero que sienta las bases tecnológicas de un futuro modelo. Dado el historial de la compañía —desde el legendario CTR hasta el actual SCR—, cabe esperar que el bóxer de ocho cilindros acabe encontrando acomodo en una serie limitadísima, probablemente tan exclusiva como las 29 unidades del CTR Yellowbird original.

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