El control de velocidad del coche, también conocido como control de crucero o regulador de velocidad, es un sistema que incorporan todos los vehículos para no tener que pisar el acelerador y mantener el ritmo constante. Es una ayuda habitual que nos facilita la vida en viajes largos, pero ¿conviene usarlo siempre?
Es lo que explica Rebeca, profesora de autoescuela con varios años de experiencia, que señala que lleva varios años viendo errores muy parecidos. «El control de crucero es comodísimo, pero hay situaciones en las que te puede jugar en contra sin que te des cuenta«, explica Rebeca.
Los tres momentos en los que no deberías utilizar el control de velocidad

Para activar el control de crucero de tu coche, solo necesitas pulsar un botón y establecer la velocidad. A partir de ahí, el coche se encarga de mantenerla constante hasta que frenes o lo desactives, aunque también hay sistemas más avanzados, como el control de crucero adaptativo, que reduce la velocidad si detecta un coche delante.
En cualquier caso, estas son las tres situaciones en las que no deberías utilizar el sistema, según esta profesora de autoescuela.
1. Con circunstancias meteorológicas adversas
Si hay lluvia intensa, nieve, hielo o niebla, mejor que no actives el control de velocidad. En estas situaciones, cambia mucho la adherencia del asfalto y la respuesta del coche. Y al final, el control de velocidad mantiene el ritmo de manera automática, pero no es capaz de interpretar el estado del asfalto ni de tomar decisiones en tiempo real como haría una persona, por muy de lujo o premium que sea el vehículo.
En caso de aquaplaning, por ejemplo, una aceleración inadecuada puede hacer que pierdas el control del vehículo. «Si el asfalto es delicado, necesitas sentir el coche y reaccionar. El control de crucero no te da ese margen«, apunta.
Además, en condiciones adversas es necesario adaptar constantemente la velocidad y aumentar la distancia de seguridad. Y eso, a una velocidad fija, es muy difícil de gestionar.
2. En ciudad o con tráfico cambiante
El control de velocidad está diseñado para autovías o vías rápidas en las que hay tráfico fluido, es decir, sin mucho atasco y en las que es posible mantener un ritmo constante. En cambio, no te va a servir de nada en ciudad (semáforos, rotondas, cruces, badenes…) ni tampoco si circulas por carreteras con mucho tráfico.
Ni siquiera en el caso de los coches que incorporan versiones adaptativas más avanzadas, pues la base del sistema sigue siendo mantener una velocidad relativamente constante.
«En cuanto hay paradas o cambios de ritmo, es mejor desactivar el control de crucero. No está pensado para eso y puede hacer que reacciones tarde», recomienda.
3. Si estás cansado o distraído
Puede parecer una contradicción, pero en realidad tiene mucho sentido. El control de crucero reduce la fatiga física y nos echa una mano durante la conducción, pero también puede hacer que el conductor se relaje más de la cuenta.
Al final, si tiene que hacer menos esfuerzo con los pies, necesita intervenir menos en la conducción y además, le sumamos otros factores (autovías rectas, conducir por la noche, pocos estímulos), la combinación puede llegar a ser peligrosa. Mucho más si miramos el móvil, tocamos la pantalla del coche o desconectamos mentalmente durante unos segundos.
«Si estás cansado, necesitas estar más activo, no menos. Y el control de crucero no sustituye la atención», reconoce Rebeca.
¿Por qué es un error depender demasiado de esta tecnología?

El control de velocidad es una ayuda a la conducción, pero no conduce por ti ni toma decisiones. Su función es la de mantener la velocidad estable hasta que pises el freno o lo desactives de forma manual.
Sin embargo, el problema aparece cuando lo utilizamos fuera de ese contexto o cuando se le atribuyen capacidades que no tiene, porque no anticipa riesgos de la misma manera que el conductor ni interpreta el entorno con la misma flexibilidad.

