El Ford Model T Coupé de 1926: la transmisión planetaria que motorizó al mundo vuelve a subasta

La unidad se identifica por su número de motor, 13660973, porque el Model T nunca llevó placa de bastidor. El cuatro cilindros de 177 pulgadas cúbicas se ha reconstruido con pistones, cojinetes Babbitt y bandas de Kevlar nuevos.

El Ford Model T Coupé que Bring a Trailer pone ahora en liza se identifica por su número de motor: 13660973, una unidad salida de fábrica en mayo de 1926.

Bajo la carrocería gris repintada hace años late el cuatro cilindros de 177 pulgadas cúbicas —2.899 cc— que Ford declaraba en 20 hp, unos 20,3 CV. El motor se ha reconstruido íntegramente tras la compra del coche por su actual propietario en 2025: cilindros rectificados 0,020 pulgadas (0,5 mm) de más, bloque y culata planeados, y sustitución de pistones, cojinetes Babbitt, engranajes de cigüeñal y de distribución, generador y motor de arranque.

El catálogo del lote detalla también las piezas nuevas de transmisión y eje trasero, y el historial de servicio que acompaña al coche. Nada de ello convierte a este coupé en un ejemplar de museo, pero sí en una unidad documentada, que es exactamente lo que un comprador sensato quiere ver antes de pujar.

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Las claves de esta historia

  • Lo más importante: un Ford Model T Coupé de mayo de 1926 con el cuatro cilindros de 177 pulgadas cúbicas reconstruido y la transmisión planetaria de dos velocidades que motorizó al mundo entero.
  • No te lo puedes perder: el coche se titula por su número de motor, 13660973, porque el Model T nunca llevó placa de bastidor; y conserva el freno de banda que actúa sobre un tambor alojado en la propia transmisión.
  • Cifras y producción: 177 ci (2.899 cc) y 20 hp de fábrica (unos 20,3 CV); cilindros rectificados 0,020 pulgadas (0,5 mm); llantas de radios de madera de 21 pulgadas (533 mm); el lote se entrega con historial de servicio y título de Wisconsin a nombre del vendedor.

Mayo de 1926: el coche que se identifica por su motor

La cifra no es un capricho del anuncio. El Model T nunca llevó placa de bastidor; la identidad legal del vehículo era el número grabado en el bloque, y de ahí que el título de Wisconsin que acompaña a esta unidad, a nombre del vendedor, recoja el 13660973 como referencia. Conviene tenerlo presente cuando se habla de numbers-matching en un Ford de los años veinte: aquí no hay placa que buscar, solo un bloque que debe coincidir con los papeles.

El resto del conjunto describe un coche de uso, no de concours. Las llantas de radios de madera de 21 pulgadas (533 mm) calzan neumáticos Lucas y hay una rueda de repuesto montada en la zaga. Suspensión y muelles se han reconstruido, con forros de freno de mano nuevos, y el coche lleva luces de freno e intermitentes instalados, señal inequívoca de que ha rodado en tráfico moderno y no solo en el jardín de casa.

Hay también sombras, y el anuncio no las esconde. Los faros de cruce funcionan de forma intermitente, la carrocería pide atención y la galería fotográfica muestra burbujas en la pintura. Los guardabarros traseros son de fibra de vidrio, recurso habitual cuando las piezas originales ya no aparecen. En un mercado que empieza a premiar la pátina honesta sobre el brillo reciente, esa transparencia juega a favor del vendedor, no en contra.

Un Model T se juzga por la salud de su transmisión, no por el brillo de su pintura: ahí dentro está toda la mecánica que lo hizo universal.

La transmisión planetaria o cómo Ford enseñó a conducir a un país

El cambio de dos velocidades del Model T no se parece a nada que el lector haya conducido. Se gobierna con pedales: el izquierdo alterna primera y directa, el central engrana la marcha atrás y el derecho acciona una banda sobre un tambor alojado en la propia transmisión, que constituye el único freno de servicio. La palanca de mano libera la neutra y retiene el coche en pendiente. De ahí que las bandas sean el consumible crítico del modelo y que su estado condicione cualquier compra.

En esta unidad se han montado bandas de Kevlar —material contemporáneo frente al algodón de época— y un jackrabbit clutch, pieza apreciada entre los aficionados por su toma más directa. La relación de recambios incluye el eje de salida de la transmisión y su engranaje, casquillos, cojinete de piñón, junta universal, mangas y cojinetes del eje trasero con retenes sellados, además de arandelas de empuje de latón.

Ford puso el Model T en producción en octubre de 1908 y lo mantuvo en catálogo hasta el 26 de mayo de 1927, con 15.007.033 unidades según el registro de producción de la marca. La cadena de montaje de Highland Park, en marcha desde 1913, hizo el resto: el precio de un runabout cayó por debajo de los 300 dólares en la segunda mitad de los años veinte. No fue solo un automóvil, sino la primera máquina de motorización masiva de la historia; más contexto sobre el modelo puede consultarse en su entrada de Wikipedia.

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Lo que la puja dice del mercado del Model T

El mercado del Model T ocupa un lugar peculiar en el coleccionismo. Es el clásico más abundante y más asequible del primer tercio del siglo XX, lo que mantiene sus cotizaciones lejos de las cifras que alcanzan los deportivos europeos coetáneos y, a la vez, lo convierte en la puerta de entrada natural a la afición. Dentro del propio modelo, el comprador distingue tres tramos bien separados:

  • Los brass era de 1909 a 1915, con latón a la vista, los más escasos y los más caros.
  • Los ejemplares de la llamada era negra, producidos en volúmenes inmensos y con la mayor oferta disponible.
  • Los Improved de 1926 y 1927, la hornada mejorada, con frenos y acabados más utilizables en carretera abierta.

Esta unidad pertenece justamente al último tramo, y ahí reside su argumento comercial: un coche capaz de rodar hoy sin remolque ni remilgos. En contra juega la ausencia de odómetro, que deja el kilometraje en el terreno de lo desconocido, además del estado irregular de la pintura y de los faros. El anuncio no publica estimación alguna; en este tipo de pujas el valor lo fijan los postores y el historial de servicio que se entrega con el coche.

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Para el aficionado europeo hay dos cuestiones prácticas. La primera es la titulación por número de motor, que obliga a revisar la documentación antes de pujar. La segunda es la naturaleza misma del modelo: un Ford Model T no es un objeto de vitrina, sino una máquina de uso con mantenimiento específico, engrase frecuente y bandas de recambio siempre a mano. Quien lo compra buscando un concours se equivoca de puerta; quien busca mecánica legible y repuestos baratos, acierta de pleno.

Queda un hito en el calendario. En mayo de 2027 se cumplirán cien años del final de la producción del Model T, y el mercado de piezas, publicaciones y coches lo notará. Hasta entonces, este coupé identificado por su motor seguirá siendo lo que siempre fue: la prueba de que una transmisión planetaria, con toda su incomodidad, fue el mecanismo que puso en marcha a un siglo entero.