El Shelby Cobra Daytona Coupé de 1964 pulveriza el récord: el coche americano más caro de la historia

El chasis CSX2300, tercero de los seis cupés construidos y el único que Carroll Shelby poseyó, se remató por 42.905.000 dólares. Duplica así el récord anterior de la producción americana y sitúa al Daytona como el Shelby más caro de la historia.

El Shelby Cobra Daytona Coupé de 1964, chasis CSX2300, se remató por 42.905.000 dólares durante la Monterey Car Week de 2026.

Ningún automóvil construido en Estados Unidos había alcanzado jamás una cifra semejante en puja pública. El resultado, obtenido en la venta de Gooding Christie’s en Pebble Beach, casi duplicó el récord anterior de la producción americana y elevó en más de 27 millones de dólares la mejor marca de la casa Shelby.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: CSX2300, tercero de los seis Daytona Coupé construidos por Carroll Shelby para batir a Ferrari, pulverizó en agosto de 2026 el techo del coleccionismo estadounidense.
  • No te lo puedes perder: es el único de los seis que perteneció a su creador y el único que prolongó su carrera deportiva más allá del programa de fábrica, compitiendo en Japón hasta 1968.
  • Cifras y cotización: 42.905.000 dólares frente a una estimación de ‘in excess of $25,000,000’. El récord americano previo era de 22.000.000 (Duesenberg SSJ, Gooding Pebble Beach 2018) y el de Shelby, de 13.750.000 (260 Cobra CSX 2000, RM Sotheby’s Monterey 2016).

Cuatro récords en una sola puja

El catálogo del lote partía de una estimación prudente: ‘in excess of $25,000,000’. La sala no se equivocó en la dirección, solo en la magnitud. Cuando cayó el martillo, el coche había superado esa referencia en casi dieciocho millones y había convertido la subasta de Pebble Beach en la más sonada de la temporada de Monterey.

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Cuatro marcas quedaron inscritas en el mismo remate: el coche americano más caro vendido en subasta, el Shelby más caro, el automóvil más caro adjudicado en Pebble Beach y la cifra más alta conseguida nunca por Gooding Christie’s. Todas responden a un mismo factor, y no es la potencia ni la rareza estadística: se trata del tercero de los seis coupés construidos y del único ejemplar que pasó por las manos de Carroll Shelby.

En perspectiva histórica, el resultado sitúa al coupé de Shelby como el quinto automóvil más caro vendido en subasta pública y como el tercer mejor resultado logrado en una puja estadounidense. La plusmarca previa de la casa la ostentaba un 1961 Ferrari 250 GT SWB California Spider Competizione, adjudicado en 25.305.000 dólares en la edición de 2025 de la misma venta.

Doblar el récord americano no fue una casualidad de mercado: fue el precio que el coleccionismo puso a un chasis con biografía deportiva documentada y creador identificable.

Seis coupés para batir a Ferrari

La carrocería de CSX2300 es una creación de Peter Brock, responsable del diseño de un coupé cerrado cuya ligereza se confió a la Carrozzeria Gransport, especialista en carrocerías de aluminio. La premisa era puramente competitiva: Shelby necesitaba un coche capaz de plantar cara y, si era posible, de derrotar a los Ferrari 250 GTO en el campeonato de GT.

El Daytona no nació para el salón del automóvil ni para el concesionario: nació para arrebatarle a Maranello un título que Ferrari consideraba propiedad privada.

El debut internacional llegó en el Tour de France Automobile de 1964, con el estadounidense Bob Bondurant y el alemán Jochen Neerpasch a los mandos. El coche ganó las dos primeras etapas antes de que los problemas mecánicos lo apartaran de la lucha por el resultado final. Aquella primera temporada dejó claro el potencial del diseño de Brock, aunque la fiabilidad todavía no estuviera a la altura de la ambición.

La confirmación llegó en 1965, la temporada en la que Shelby American derrotó a Ferrari en el campeonato FIA de GT. CSX2300 fue tercero de su clase en Daytona —sexto de la general— y tercero en Sebring antes de incorporarse a la campaña europea dirigida por Alan Mann Racing, con un tercer puesto en Nürburgring y un segundo en Reims, siempre dentro de su categoría.

El cambio de reglamento de la FIA para 1966 dejó al Daytona sin hueco competitivo y desvió los recursos de la marca hacia el programa del Ford GT40. CSX2300, sin embargo, no se retiró con el equipo de fábrica: fue el único de los seis en prolongar su carrera internacional, con presencia en Japón hasta 1968 en escenarios como Fuji Speedway y el Japan Grand Prix.

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La procedencia que multiplica el valor

El propio Carroll Shelby adquirió el chasis en 1975 y lo conservó hasta 1998, el único Daytona que pasó por sus manos. Durante esos años lo confió al especialista Mike McCluskey, de Torrance, California, que ejecutó una restauración integral para devolverlo a su especificación de 1965, con la librea azul y el número 12 que el coche lució en Sebring. La intervención se hizo con un criterio que hoy resulta decisivo: conservar la evidencia física de su carrera deportiva en lugar de borrarla.

Su vida pública en esos años incluye apariciones en SAAC-9, en Anaheim, en 1994, y en la celebración del trigésimo aniversario del Cobra en Sonoma, en 1995, además de una presencia habitual en las Monterey Historic Automobile Races, donde se convirtió en una de las representaciones más visibles del legado de Shelby. En 2000, ya bajo la propiedad de Larry Bowman, el coche afrontó una segunda restauración; en 2003 reapareció en los Monterey Historics y en el Goodwood Revival.

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El vendedor lo mantuvo más de dos décadas y lo usó con regularidad en pruebas para históricos: Tour Auto, Modena Cento Ore, Goodwood Revival y Goodwood Festival of Speed, incluida la edición de julio de 2026, apenas un mes antes del remate. Ese perfil —coche restaurado, documentado y rodado— es exactamente el que el coleccionismo premia hoy con primas que hace una década resultaban impensables.

No es casualidad. Entre los más de cien automóviles que han superado los diez millones de dólares en subasta pública, la presencia de producto estadounidense es llamativamente escasa. El récord anterior de la producción americana correspondía a un Duesenberg SSJ de 1935, adjudicado en 22.000.000 de dólares en 2018, y el mejor resultado de Shelby era de 13.750.000, obtenido por los 260 Cobra CSX 2000 en la puja de RM Sotheby’s en Monterey en 2016. La distancia entre una cifra y otra mide el salto de consideración de todo un segmento.

Queda por ver si el remate de CSX2300 inaugura una revalorización sostenida del deportivo americano de competición o si se trata de una excepción sostenida por la biografía irrepetible del chasis. Con los seis Daytona repartidos en colecciones y uno solo de ellos avalado por haber sido propiedad de su creador, la probabilidad de que el mercado vuelva a ver algo comparable es remota. El resto lo dirá la próxima temporada de Monterey.