El Ferrari 365 GTC/4 del chasis 15647 se ofrece en Bring a Trailer: uno de los 500 ejemplares del V12 de cuatro árboles.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: el chasis 15647 es uno de los aproximadamente 500 Ferrari 365 GTC/4 fabricados entre finales de 1971 y principios de 1973, con carrocería de Pininfarina y motor Tipo F101 de 4.4 litros y 320 CV.
- No te lo puedes perder: el historial arranca en la importación de Chinetti-Garthwaite y llega en septiembre de 1974 al coleccionista Paul Pappalardo; en 2009, Automotive Restorations ejecutó un reacondicionamiento de más de 45.000 dólares respaldado con facturas.
- Cifras y cotización: 320 CV y 318 lb-ft —431 Nm—, cambio manual de cinco marchas, 14.000 millas en el odómetro y un lote sin estimación pública, como es norma en la plataforma.
El rastro documental del chasis 15647
La primera vida del coche se lee en papel. El ejemplar llegó a Estados Unidos por la vía de Chinetti-Garthwaite Imports, el importador de Ferrari para el este del país con sede en Paoli, Pennsylvania. Años más tarde lo vendió Wide World of Cars, en Nanuet, New York, al coleccionista Paul Pappalardo, en septiembre de 1974; un documento fechado en octubre de ese mismo año acredita la operación.
El segundo capítulo es el del reacondicionamiento. En 2009, Automotive Restorations, taller de Stratford, Connecticut, acometió pintura, tapicería y mecánica por más de 45.000 dólares. De ahí sale el Marrone Colorado actual, el cuero beige Connolly de los asientos, el salpicadero y la consola revestidos en piel marrón, las moquetas nuevas y unos frenos revisados. Fue una puesta a punto de época, no una reconstrucción integral: el coche conserva su arquitectura y su relato.
Acompaña al lote un expediente con copia del Certificate of Origin, facturas del concesionario, registros parciales, manual del propietario, fotografías históricas, caja de herramientas y bolsa de gato, además de un título limpio de Florida. La documentación disponible en la ficha oficial de la subasta permite reconstruir la cadena de manos sin lagunas llamativas. El vendedor actual, 1600Veloce —socio local de la plataforma—, lo adquirió en 2026 y lo ofrece desde North Salem, New York.
Queda el matiz que separa una buena historia de una gran historia: el odómetro de cinco dígitos marca 14.000 millas. En un Ferrari de 1972, esa cifra no certifica nada por sí sola; lo que pesa es la coherencia del desgaste con el relato y la continuidad del papeleo. Ahí, el chasis 15647 juega con ventaja.
En un Ferrari de esta época, el valor no lo fija el color de la carrocería sino la continuidad del expediente y de sus facturas.
Un 2+2 nacido a la sombra del Daytona
El 365 GTC/4 nació en el otoño de 1971 y desapareció a comienzos de 1973: dos años de producción y unas 500 unidades, cifra exigua para un gran turismo de Maranello. Compartió cadena de montaje con el 365 GTB/4 Daytona, pero su carrocería, diseñada y fabricada por Pininfarina, recurrió a paneles de acero y aluminio y a un cortafuegos y unos bajos de fibra de vidrio. La mezcla sigue sorprendiendo a quien desmonta un coche de este nivel: era una solución industrial, no una economización.

Bajo el capó vive el Tipo F101 AC 000, la rama de cuatro árboles de la estirpe Colombo: bloque de aluminio con camisas de hierro, culatas de aluminio, dos árboles de levas por bancada y dos válvulas por cilindro. La ficha declara 320 CV y 318 lb-ft, unos 431 Nm. La inducción corre a cargo de seis Weber de doble cuerpo situados a los costados de las bancadas para rebajar la línea del capó, un detalle que condiciona el mantenimiento y que separa al GTC/4 del Daytona. La caja es manual de cinco marchas, con tubo de empuje y autoblocante.
El chasis no escatimaba: suspensiones independientes en las cuatro ruedas, amortiguadores Koni, dirección asistida, discos en los cuatro trenes y, en el eje trasero, puntales hidráulicos autonivelantes. Calza llantas Borrani de 15 pulgadas con tuerca de orejetas, montadas sobre Michelin XWX 215/70, con una rueda de repuesto idéntica bajo el piso del maletero.
Y luego está el equipo: faros escamoteables, seis pilotos traseros en un panel negro, salida cuádruple firmada por ANSA, aire acondicionado, elevalunas eléctricos, parabrisas calefactado e instrumentación Veglia Borletti con velocímetro de 180 mph, unos 290 km/h. En 1972, un 2+2 con parabrisas térmico era una declaración de intenciones: este Ferrari estaba hecho para cruzar países, no para posar.
Lo que el mercado paga por un 2+2 de cuatro árboles
El GTC/4 ha cargado durante medio siglo con una etiqueta injusta. Frente a las aproximadamente 1.300 unidades del 365 GTB/4 Daytona que suelen citarse en los registros de producción, ofrece la misma arquitectura de cuatro árboles, una carrocería más habitable y una producción notablemente menor. La paradoja es que se ha pagado por debajo durante décadas: el mercado premia la silueta musculosa del Daytona, icono generacional de dos plazas, y castiga un 2+2 de líneas finas cuyo frontal no terminó de cuajar. La rareza, por sí sola, nunca ha bastado en la subasta de un Ferrari clásico.
Los últimos años han corregido parte de ese desvío. El GTC/4 se ha reivindicado como la puerta de entrada más racional al V12 de cuatro árboles: mismo esfuerzo mecánico, más espacio, un comportamiento menos nervioso y un precio que ha permitido entrar a coleccionistas que no alcanzan el Daytona. Pero el comprador actual ya no compra solo mecánica; compra expediente, coherencia y color. Y ahí el ejemplar de North Salem se defiende: el Marrone Colorado es un tono de época que hoy se celebra, y el cuero beige Connolly con salpicadero marrón pide una comprobación fina de si respeta la especificación del Certificate of Origin.
Conviene mirar tres cosas antes de pujar. La primera, los troqueles del motor y de la caja, la verificación que en este tramo del mercado decide buena parte del precio final. La segunda, la salud de los puntales autonivelantes del tren trasero, pieza delicada y cara de recuperar, y la sincronización de los seis Weber. La tercera, la calidad del trabajo de 2009, que ya tiene diecisiete años: una pintura con ese tiempo puede estar impecable o puede estar pidiendo una segunda restauración, y el cortafuegos y los bajos de fibra de vidrio merecen una inspección con linterna.
Con la subasta publicada y sin estimación oficial, el resultado dirá menos del coche que del momento del mercado. Los 2+2 de los setenta han dejado de ser el pariente pobre de las pujas: se han convertido en el refugio de quien quiere un doce cilindros con sitio para cuatro y no está dispuesto a pagar la prima del icono. El precio del Ferrari 365 GTC/4 es hoy, más que nunca, una cuestión de papeles.

