El DeTomaso Vallelunga es, para el buen aficionado, el eslabón perdido entre los prototipos de carreras de Alejandro de Tomaso y el exitoso Pantera. Solo 50 unidades de producción alcanzaron la calle, todas con carrocería de Ghia en fibra de vidrio, y una de ellas, el chasis 128, está ahora en subasta en Bring a Trailer. Nacido en 1967 y entregado nuevo al piloto argentino Nasif Estéfano, este Vallelunga ha sido objeto de una restauración profunda y busca nuevo propietario en una puja que ya atrae miradas en el coleccionismo internacional.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: El Vallelunga fue el primer modelo de serie de De Tomaso, con motor central trasero y chasis espinal de acero prensado; una configuración adelantada a su tiempo que luego definiría el DeTomaso Pantera.
- No te lo puedes perder: La unidad subastada perteneció a Nasif Estéfano, piloto y amigo personal de Alejandro de Tomaso, y ha sido objeto de una meticulosa restauración entre 2007 y 2014 que respeta su número de bastidor y lo devuelve a un estado impecable.
- Cifras y cotización: Solo 50 unidades construidas con carrocería Ghia entre 1965 y 1967. Motor Ford Kent 1.6 con doble carburación Weber 40 DCOE, alrededor de 130 CV. Subasta en curso en la plataforma Bring a Trailer.
El chasis 128, de la pista a la restauración
Nasif Moisés Estéfano fue un piloto de turismos y sport prototipos argentino que compartió con Alejandro De Tomaso la pasión por las carreras. Amigo personal del constructor, recibió el chasis 128 prácticamente al inicio de la producción del Vallelunga. Aunque los detalles de su uso en Argentina son difusos, se sabe que a mediados de los años setenta el coche ya estaba en Estados Unidos. Pasó por Virginia, Nuevo México y Connecticut antes de llegar, en 2007, al taller The Pit Stop Automotive en Brisbane, California.
Raffi Najjarian, al frente del taller, se embarcó en una restauración integral que se alargó hasta 2014. La carrocería de fibra de vidrio fue separada del chasis, se reconstruyó la zona del morro y se aplicó un nuevo rojo intenso, el mismo que luce hoy. El chasis espinal original, formado por una estructura trapezoidal de acero prensado, se reparó añadiendo tres tubos de refuerzo a los seis de fábrica, mientras que los subchasis delantero y trasero se rehicieron en tubo de cromoly para mayor rigidez.
El habitáculo recibió un tratamiento igualmente meticuloso: los asientos de fibra de vidrio se restauraron y se tapizaron en cuero marrón claro, un tono que se dice fue replicado de un resto de material hallado en el túnel central. El salpicadero de madera aloja un completo cuadro de instrumentos Jaeger con velocímetro hasta 250 km/h, cuentavueltas de 8.000 rpm y relojes de presión de aceite, temperatura de agua, temperatura de aceite y nivel de combustible. El volante de madera y la palanca de cambios de compuerta con pomo brillante completan un ambiente que mezcla artesanía italiana y soluciones de competición.
Bajo la luneta trasera practicable, el motor Ford Kent de cuatro cilindros en línea con culata OHV fue profundamente revisado. Se aumentó la cilindrada hasta 1,6 litros mediante un diámetro mayor, con pistones forjados, bielas Carrillo y un árbol de levas más agresivo. Los dos Weber 40 DCOE alimentan la culata portada y pulida, mientras el encendido transistorizado y el radiador de tres cuerpos con ventilador eléctrico aseguran un funcionamiento fiable. El transeje Volkswagen de cuatro marchas, montado en posición invertida, se rehízo con engranajes Hewland – incluido un piñón de ataque más alto – y sincronizadores nuevos. Las suspensiones independientes, con triángulos superpuestos y brazos tirados, se mantienen con amortiguadores coilover y barras estabilizadoras, y los frenos de disco a las cuatro ruedas muerden las llantas Campagnolo de magnesio de 13 pulgadas calzadas con Pirelli Cinturato CN36.
El Vallelunga: el primer De Tomaso de calle
El proyecto Vallelunga arrancó en 1963 con un prototipo spider presentado por Fissore en el Salón de Turín. Aquel concept mostraba ya la idea de un chasis espinal de chapa prensada, que De Tomaso exhibió incluso colgado en la pared de su stand. Fissore construyó luego varios cupés de aluminio antes de que la producción se encargara a Ghia, que reinterpretó el diseño en fibra de vidrio y lo llevó a las 50 unidades contadas.
El Vallelunga de Ghia es un cupé fastback de líneas tensas, con faros carenados integrados en el frontal, rejillas de malla negra, pequeñas ventanas laterales practicables y una característica toma de aire curva en los cuartos traseros. El portón trasero de cristal se levanta para acceder al motor, una solución que acentúa la funcionalidad del conjunto. A pesar de su tamaño contenido – apenas 3,8 metros de longitud –, el habitáculo no sacrifica espacio gracias a la inteligente colocación del motor central y el depósito de combustible de aluminio en el vano lateral. Con un peso de poco más de 700 kilos y una potencia que en esta unidad ronda los 130 CV, el Vallelunga ofrecía prestaciones destacadas para 1967, acercándose a los 200 km/h. Más importante que las cifras puras era la filosofía: Alejandro de Tomaso, piloto él mismo, quiso un coche de calle que aprovechara componentes probados – motores Ford, transejes Volkswagen – pero con una puesta a punto de chasis que destilaba savoir faire de carreras. El Vallelunga fue, en esencia, el laboratorio rodante del que nacería años después el icónico Pantera.

De Tomaso no fabricó un coche para la historia, sino la plantilla con la que diseñaría el superdeportivo que conquistó América: el motor central, el chasis espinal y la fibra de vidrio ya estaban en el Vallelunga.
Un bastidor para coleccionistas: ¿qué vale un Vallelunga?
No hay un mercado líquido para el Vallelunga. Con solo 50 ejemplares construidos, sus apariciones en subasta son excepcionales. En los últimos años, unidades en buen estado han cambiado de manos en entornos privados por cifras que los expertos sitúan entre 150.000 y 250.000 euros, pero la dispersión es grande porque cada venta depende de la procedencia, el estado y la documentación. El chasis 128 añade un plus de pedigrí gracias a Nasif Estéfano y a la restauración de The Pit Stop, que no solo devolvió el coche a la carretera sino que lo dotó de mejoras mecánicas discretas que no desvirtúan su originalidad.
La subasta en Bring a Trailer – plataforma que ha servido de escaparate para ejemplares raros de Ferrari, Porsche o Alpine – es una prueba de fuego. La comunidad de BaT valora la transparencia y la participación de los vendedores, y la exhaustiva documentación del proceso de restauración que acompaña al lote, incluyendo un libro con fotografías de cada etapa, refuerza la confianza. Para el coleccionista europeo, el Vallelunga representa además una rareza con motor asequible de mantener y piezas compartidas con el Ford Kent, lo que reduce los costes de funcionamiento en comparación con otros deportivos italianos de la época.
Ahora bien, conviene no perder de vista que el Vallelunga sigue siendo un coche de nicho. No tiene la fama del Pantera ni el glamour de un Ferrari, pero precisamente ahí reside su atractivo: es la puerta de entrada a la obra de De Tomaso en estado puro, antes de que la marca se desdibujara en sucesivas aventuras empresariales. Quien puje por él no busca un icono mediático, sino una pieza de ingeniería artesanal con un pedigrí intachable y una historia que se remonta a los circuitos argentinos de los años sesenta.

