El precio del diésel en Alemania alcanza ya 2,42 euros por litro y el premium toca los 3 euros. La escalada convierte cada repostaje en un termómetro de la tensión global.
La escalada no es un fenómeno aislado. En España, el gasóleo ha subido más de un 30% en el último año y ronda ya los 1,88 euros por litro en los surtidores, según los datos diarios que comunican las estaciones de servicio. La patronal del sector advierte de que el fin de las rebajas fiscales previsto para finales de septiembre podría sumar otros 24 céntimos de golpe al litro de gasóleo a partir de octubre.
En Alemania, la media de 2,422 euros por litro para el diésel convencional se alcanzó el 15 de septiembre, mientras la gasolina E10 se quedaba en 2,300 euros, según la información publicada por el club automovilístico alemán. Eso deja un repostaje de 60 litros en torno a 145 euros, una factura que invita a mirar con lupa el surtidor antes de viajar.
El gasóleo alemán se ha separado del petróleo
Detrás del repunte hay un desajuste entre refino y demanda. El gasóleo se ha distanciado del petróleo porque las refinerías no transforman cualquier barril en diésel de forma inmediata. El margen de refino, conocido en el sector como crack spread, ha llegado a superar los 72 euros por barril (en torno a 78 dólares) en Europa, y en Asia ha marcado un récord de 80 euros (unos 87 dólares), frente a los 20 euros habituales antes del conflicto entre Estados Unidos e Irán.
Europa consume más gasóleo del que refina y, durante años, lo compensó con importaciones rusas. Tras las sanciones por la invasión de Ucrania, los cargamentos alternativos de Estados Unidos, India y Oriente Próximo mantuvieron el suministro, pero ahora varios frentes fallan a la vez. Las importaciones europeas de diésel cayeron de 1,97 millones de barriles diarios en enero a 1,56 millones en julio, según los datos de seguimiento marítimo.
El gasóleo ya no se encarece por el petróleo, sino por la prima que el mercado paga para asegurarse el litro refinado, y Alemania lo refleja en cada surtidor.
A esa presión se suman los ataques ucranianos contra refinerías rusas —seis instalaciones clave han frenado actividad— y el cierre parcial del oleoducto saudí Este-Oeste, que ha suspendido cargas desde el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. La mayor petrolera mundial ha cancelado algunos envíos de crudo de septiembre y clientes europeos como la polaca Orlen ya buscan barriles alternativos en el mar del Norte, Estados Unidos, Kazajistán y Argelia.
Mientras tanto, las refinerías estadounidenses trabajan al límite: han llegado a operar al 98% de su capacidad, su nivel más alto desde 2018, y el gobierno estadounidense ha pedido un esfuerzo adicional a la industria. El problema es que mantener ese ritmo aumenta el riesgo de averías y paradas no programadas, justo cuando Europa necesita cada barril de diésel disponible.
Qué significa para el viajero español repostar en Alemania

Para un conductor que cruce la frontera, la diferencia con España es notable. En Alemania, el diésel premium se mueve entre 2,80 y 2,90 euros, con estaciones que superan los 3 euros. En España, la fotografía está distorsionada por la ayuda fiscal: el Ejecutivo elevó en septiembre la rebaja del gasóleo de 10 a 20 céntimos por litro, mientras redujo la de la gasolina a 5 céntimos. Gracias a ello, los datos europeos sitúan el gasóleo español en 1,79 euros, aunque el mercado diario lo coloca ya en torno a 1,88 euros.
El riesgo viene a partir del 30 de septiembre, cuando finalizan las bonificaciones estatales a los carburantes. La patronal de las estaciones de servicio españolas ha pedido al departamento económico del Gobierno recuperar el IVA reducido y la rebaja del Impuesto Especial sobre Hidrocarburos aplicados durante la primavera. Si no se adoptan nuevas medidas, el diésel podría subir en octubre 24 céntimos por litro de golpe, dejándolo muy por encima de los 2 euros en España.
Al otro lado del Atlántico, la demanda de gasóleo de calefacción con la llegada del frío puede tensar aún más el mercado. El diésel comparte cadena de producción con otros destilados medios, como el gasóleo de calefacción y el combustible de aviación. Si el invierno llega sin que se resuelvan los cuellos de botella, el gasóleo se cotizará todavía más caro.
España parte con una ventaja clara: una gran capacidad de refino y una rebaja fiscal que enmascara parte de la escalada. Ahora bien, no puede fabricar todo el diésel que quiera ni aislarse de un mercado globalizado. Cada vez que un conductor reposta en Alemania también paga la prima de un sistema de refino mundial al límite; y lo que hoy es una factura de 145 euros por un depósito de 60 litros en Berlín o Múnich puede convertirse en aviso de por dónde subirá el surtidor español si las ayudas se retiran.
La próxima cita para el bolsillo español está marcada en el calendario: el 1 de octubre, cuando debería definirse si se prorrogan las rebajas fiscales. Hasta entonces, conviene comparar precios antes de repostar, dentro y fuera de España.

