Con la llegada del invierno, arrancar el coche por la mañana se convierte para muchos conductores en una pequeña batalla diaria contra el frío, el hielo y la prisa. La Guardia Civil lleva tiempo alertando de uno de los errores más comunes al arrancar el coche en invierno. Lunetas cubiertas de escarcha, parabrisas congelados y motores que parecen protestar más de lo habitual forman parte del paisaje habitual de esta época del año.
En ese contexto, es fácil caer en malos hábitos que, aunque parezcan inofensivos, pueden acabar saliendo muy caros. Un gesto que se repite cada mañana en miles de vehículos y que no solo puede provocar averías costosas, sino también sanciones e incluso riesgos graves para la seguridad vial. Entender por qué este fallo es tan peligroso es clave para evitar disgustos innecesarios cuando bajan las temperaturas.
El error más habitual: arrancar y acelerar para “calentar” el motor

Durante años se ha extendido la creencia de que, en invierno, lo mejor es arrancar el coche y acelerar ligeramente para que el motor coja temperatura cuanto antes. Muchos conductores incluso mantienen el vehículo parado durante varios minutos con el motor revolucionado antes de iniciar la marcha. Sin embargo, esta práctica está lejos de ser recomendable.
La Guardia Civil advierte de que acelerar el motor en frío es uno de los errores más dañinos que se pueden cometer. Cuando el coche lleva varias horas parado y las temperaturas son bajas, el aceite aún no ha lubricado correctamente todas las piezas del motor. Forzar el régimen de giro en ese momento aumenta el desgaste interno y puede provocar daños prematuros en componentes clave.
Por qué el motor sufre más en frío

En invierno, el aceite del motor se vuelve más denso. Esto hace que tarde más tiempo en llegar a todas las zonas que necesitan lubricación, especialmente en motores modernos con tolerancias muy ajustadas. Durante los primeros segundos tras el arranque, el motor funciona en condiciones menos óptimas, y cualquier acelerón innecesario multiplica el esfuerzo mecánico.
La guardia civil insiste en que los motores actuales están diseñados para arrancar y ponerse en marcha suavemente casi de inmediato. Lo correcto es iniciar la marcha a los pocos segundos, conduciendo a un régimen bajo y sin acelerones hasta que el motor alcance su temperatura de funcionamiento. Esta práctica reduce el desgaste y alarga la vida útil del vehículo.
El riesgo económico: averías que no salen baratas

Acelerar en frío no solo afecta al motor. También puede dañar otros sistemas, como el turbo, especialmente sensible a la falta de lubricación en los primeros instantes tras el arranque. Un turbo averiado puede suponer una factura de miles de euros, una cantidad que nadie quiere asumir por un mal hábito matutino.
Además, este tipo de conducción en frío incrementa el consumo de combustible y las emisiones contaminantes. A largo plazo, también afecta al sistema de escape, al catalizador y al filtro de partículas. Es decir, un simple error al arrancar el coche en invierno puede traducirse en un cúmulo de problemas mecánicos y económicos que la guardia civil no se cansa de advertir.
Multas y normativa: no todo es mecánica

Más allá del aspecto técnico, existe también una vertiente legal que muchos conductores desconocen. Mantener el coche arrancado innecesariamente mientras está estacionado puede ser sancionable en determinadas circunstancias. En algunas ordenanzas municipales, dejar el motor en marcha sin moverse está considerado una infracción medioambiental.
La guardia civil recuerda que, especialmente en zonas urbanas, este comportamiento puede acarrear multas si se considera que el conductor está generando emisiones de forma innecesaria. En invierno, cuando muchos dejan el coche arrancado durante varios minutos “para que se caliente”, el riesgo de sanción aumenta si se hace en lugares donde está expresamente prohibido.
Otros errores frecuentes al arrancar en invierno

Acelerar en frío no es el único fallo habitual. Otro error muy común es activar los limpiaparabrisas cuando están pegados al hielo. Esto puede dañar las escobillas, el motor del limpiaparabrisas e incluso la luna delantera. La guardia civil recomienda despegar primero las gomas y eliminar el hielo antes de accionarlos.
También es peligroso echar agua caliente sobre el parabrisas congelado. El choque térmico puede provocar la rotura inmediata de la luna, con el consiguiente coste económico y riesgo para la seguridad. Lo correcto es utilizar la calefacción del coche, líquidos específicos anticongelantes y rasquetas adecuadas para eliminar el hielo poco a poco.





































































































































