La prohibición de vender coches diésel y gasolina en Europa a partir de 2035 lleva meses tambaleándose, y ahora un documento interno de la patronal europea ACEA confirma lo que muchos temían: la industria tiene un plan para frenar la electrificación masiva y seguir vendiendo motores de combustión durante, al menos, una década más. Según las estimaciones de la organización ecologista Transport & Environment (T&E), de aprobarse las propuestas, la cuota de coches eléctricos de batería podría estancarse en apenas un 21% en 2030, muy lejos del 57% que exige la normativa actual.
El plan de ACEA para mantener vivo el motor térmico
El documento, dirigido a los ministros de Medio Ambiente de la Unión Europea y filtrado por T&E, recoge un paquete de medidas que suavizan los objetivos de reducción de emisiones para la próxima década. La propuesta más llamativa es ampliar de tres a cinco años el periodo de cómputo para cumplir los límites de CO₂ en 2030, lo que daría a los fabricantes mucho más margen para compensar los vehículos más contaminantes con los limpios a lo largo del tiempo.
ACEA también pide mantener las ventajas regulatorias de los híbridos enchufables (PHEV) durante más tiempo y cancelar la revisión del llamado utility factor, un parámetro diseñado para reflejar de forma realista las emisiones de estos vehículos en condiciones reales de uso. En la práctica, eso significa que los PHEV seguirían contabilizando como si contaminaran mucho menos de lo que realmente hacen, lo que permitiría a las marcas seguir matriculándolos en grandes cantidades sin penalización.
Además, la patronal propone introducir créditos adicionales ligados al uso de combustibles sintéticos y de bajas emisiones, así como a la utilización de materiales con menor huella de carbono en la producción. Estos créditos actuarían como una vía indirecta para rebajar las exigencias de electrificación que deben cumplir los fabricantes.
Consecuencias: menos eléctricos, más importaciones de petróleo

Los cálculos de T&E son demoledores. Si la Comisión Europea aceptara íntegramente las propuestas de ACEA, la cuota de mercado de los coches eléctricos de batería se quedaría congelada en torno al 21% durante buena parte de la década, apenas un tercio del 57% que marca la senda actual. Para 2035, la penetración del eléctrico apenas superaría el 52%, muy lejos del 100% implícito en la prohibición inicial del diésel y la gasolina.
Pero las consecuencias económicas y ambientales van más allá de las cuotas de venta. T&E estima que esta ralentización de la electrificación supondría 74.000 millones de euros adicionales en importaciones de crudo entre 2026 y 2035, al mantenerse una flota mucho más dependiente de los combustibles fósiles. Además, las emisiones acumuladas de CO₂ aumentarían hasta 2,4 gigatoneladas entre 2026 y 2050 respecto al escenario contemplado por la regulación actual.
La Comisión Europea ya había abierto la puerta a una flexibilización este invierno, al plantear sustituir el objetivo de reducción del 100% de emisiones para 2035 por uno del 90%. Esto permitiría la venta residual de algunos vehículos con motor de combustión, especialmente aquellos que funcionen con combustibles sintéticos. Sin embargo, las filtraciones de ACEA van mucho más allá y abren la posibilidad de un aplazamiento de facto de la electrificación masiva.
El verdadero objetivo de la industria no es el coche eléctrico: es ganar tiempo con los híbridos enchufables mientras la demanda no despegue.
Para los conductores, el escenario que dibuja el documento de ACEA tiene implicaciones concretas. Si se aprueban estas flexibilidades, los híbridos enchufables seguirán siendo la opción de consenso para mucha gente durante al menos otra década, lo que podría retrasar la caída de su precio de reventa. Por el contrario, los eléctricos puros se enfrentarán a una competencia más feroz de sus versiones híbridas, que seguirán ofreciendo la red de seguridad del motor de combustión.
La posición de la industria ha encontrado eco en los gobiernos de Alemania e Italia, que temen que una electrificación demasiado rápida ponga en peligro miles de empleos en la cadena de suministro del motor de combustión. Esa presión política, sumada al documento de ACEA, hace cada vez más probable que los objetivos de 2035 se diluyan significativamente.
Además, los fabricantes podrían volcar sus inversiones en el desarrollo de PHEV de última generación en lugar de acelerar el abaratamiento de los eléctricos de batería. Es una decisión estratégica que, de consolidarse, afectará tanto a la oferta de modelos como a la infraestructura de recarga, que podría crecer más despacio de lo previsto.
Información útil para el conductor
- Cifra clave: la cuota de eléctricos puros se estancaría en el 21% en 2030 si se aceptan las propuestas de ACEA.
- ¿Híbrido o eléctrico? si estás pensando en cambiar de coche, los híbridos enchufables seguirán siendo una opción con buena consideración regulatoria al menos hasta 2035.
- Valor de reventa: los diésel y gasolina que compres hoy podrían mantener un mercado residual más amplio del esperado si las flexibilidades se consolidan.
- Consejo: aunque el escenario parezca favorable a los motores térmicos, los fabricantes seguirán necesitando vender eléctricos para compensar. Compara siempre las ayudas disponibles y el ahorro real de combustible antes de decidir.

