McLaren aplica tecnología de cazas para fabricar piezas un 10% más rígidas: así funciona el carbon tape ART

El proceso ART, heredado de la aviación militar, fabrica componentes un 10% más rígidos y con un 95% de aprovechamiento del material. La aleta delantera activa del McLaren W1 es la primera pieza de producción que se beneficia de esta cinta de carbono de alta precisión.

McLaren ha trasladado una técnica de fabricación de cazas de combate a sus superdeportivos con el ART (Automated Rapid Tape), un sistema de cinta de fibra de carbono robotizada que consigue piezas un 10% más rígidas y con un aprovechamiento del material cercano al 95%. La aleta delantera activa del McLaren W1 es la primera pieza de producción esculpida con este método, que reduce el desperdicio y concentra rigidez solo donde el estrés mecánico la exige.

El fabricante de Woking instaló la tecnología ART en su centro de compuestos de Sheffield y la presentó el año pasado como la evolución más limpia del trabajo con fibra de carbono. Allí, un brazo robótico deposita cinta de carbono sobre una base que se mueve y gira de manera sincronizada, justo al revés de como se hace en la industria aeroespacial, donde el útil permanece fijo y los cabezales de aplicación viajan sobre la pieza.

De la cabina del caza al chasis del superdeportivo

La fibra de carbono en cinta que emplea el ART tiene poco que ver con las lonas de preimpregnado que se colocan a mano en un molde. El material llega en forma de cinta estrecha —casi un hilo grueso— y un cabezal robótico la va depositando capa a capa siguiendo trayectorias programadas milimétricamente. Al poder orientar cada hebra en la dirección exacta de las fuerzas que soportará la pieza, los ingenieros colocan rigidez solo donde hace falta, sin añadir gramos innecesarios en zonas poco exigidas.

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Esta forma de trabajar nació para esculpir fuselajes y alas de aviones de combate y de los últimos aviones comerciales. La diferencia respecto a la técnica aeroespacial está en el movimiento: en Sheffield es la propia pieza la que gira sobre un soporte dinámico, lo que permite un acceso más libre del cabezal y reduce las limitaciones geométricas que se encuentran cuando el útil permanece quieto.

El McLaren W1 ha sido el primer beneficiado. La aleta fija que forma parte de su alerón delantero activo se fabrica con este método y gana un 10% de rigidez adicional comparada con una pieza equivalente elaborada mediante el proceso tradicional de preimpregnado. La ventaja no es solo estructural: al ser más rígida, la superficie aerodinámica conserva su forma con mayor precisión a alta velocidad, lo que se traduce en una carga aerodinámica más estable y predecible para el conductor.

Lo que nota el conductor: más rigidez con menos gramos

Un incremento del 10% en rigidez puede sonar abstracto sobre el papel, pero al volante se convierte en una respuesta más directa de cualquier elemento móvil que dependa de esa pieza. En el caso del W1, hablamos de un alerón activo cuya efectividad depende de mantener un ángulo de ataque constante bajo presiones aerodinámicas enormes. Si el soporte cede, aunque sean décimas de milímetro, el flujo de aire cambia y la carga deja de ser óptima. Con el ART, esa incertidumbre prácticamente desaparece.

A la ventaja dinámica se suma un ahorro de peso indirecto. Como el 95% de la cinta acaba en la pieza terminada —frente a los recortes de hasta un 30-40% de material que se desechan en el preimpregnado tradicional—, se desperdicia menos fibra. Eso permite afinar cada gramo y, en un superdeportivo donde cada kilo cuenta, cualquier recorte de masa mejora la relación peso/potencia sin que el conductor tenga que hacer nada.

Al depositar fibra solo donde el estrés lo exige, el ART convierte cada gramo de carbono en rigidez funcional, sin adornos ni desperdicio.

La tecnología no introduce un cambio visible en la cabina —el conductor no pulsa un botón nuevo ni consulta un menú—, pero sí modifica el tacto general del coche. Una estructura más rígida y ligera ofrece una dirección más precisa, una suspensión que trabaja sobre una base más estable y, en última instancia, una sensación de control que separa al buen superdeportivo del excepcional.

Además, el ART permite integrar refuerzos locales en zonas críticas sin necesidad de añadir capas completas de carbono en toda la superficie. Eso significa que futuros monocascos podrían aligerarse aún más sin sacrificar la protección ante impactos. McLaren ya ha insinuado que el objetivo es llevar el ART a las bañeras de carbono de sus próximos modelos, aunque de momento no ha confirmado plazos.

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El futuro del carbono en producción: el plan de McLaren

El uso de fibra de carbono en automoción lleva décadas asociado a la Fórmula 1 y a series muy limitadas de superdeportivos. McLaren lleva construyendo bañeras de carbono para sus coches de calle desde el MP4‑12C de 2011, y la herencia del McLaren F1 de 1993 demuestra que la marca sabe lo que aporta este material. Pero el ART introduce una novedad: la posibilidad de escalar el uso eficiente del carbono sin que el coste y el desperdicio lo releguen a tiradas mínimas.

La ingeniería aeroespacial ya ha demostrado que la cinta automatizada abarata ciertas fases del proceso cuando se repiten geometrías. En coches de producción, donde las formas son menos repetitivas que en un fuselaje, el reto es adaptar la programación robótica a cada componente sin perder velocidad. McLaren compite en un segmento donde el precio por unidad permite asumir esa complejidad, pero otras marcas observan de cerca los resultados por si la madurez del proceso rebaja la barrera de entrada.

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El conductor que adquiera un W1 o un futuro modelo con bañera ART no verá grandes diferencias estéticas, pero sí percibirá las consecuencias de una estructura más optimizada: menor masa total, mayor rigidez torsional y una plataforma más estable sobre la que trabajar para suspensiones y aerodinámica. El verdadero salto llegará cuando la tecnología salte del alerón al monocasco, y ahí McLaren guarda silencio. Si los números de la aleta se repiten a escala de chasis, la reducción de peso podría superar los dos dígitos porcentuales en el conjunto del habitáculo de seguridad.

El ART no es una revolución que el conductor toque, pero sí una de esas evoluciones silenciosas que cambian lo que el coche transmite en cada curva. Y en un superdeportivo, lo que se siente al volante es exactamente lo que se paga.