En la cúspide del coleccionismo de superdeportivos, pocos hallazgos provocan una conmoción comparable a la de un Lamborghini Countach con apenas unas horas de uso real. El chasis KLA12072, un 25th Anniversary de 1989 que apenas ha recorrido 379 kilómetros, acaba de aparecer en la plataforma Bring a Trailer.
No es solo la cifra del cuentakilómetros lo que sobrecoge: es la historia de un coche que salió de Sant’Agata Bolognese con destino a Arabia Saudí, pasó por Mónaco y llegó a Estados Unidos manteniendo intactos todos los testigos de su identidad original.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: un Countach 25th Anniversary con solo 379 kilómetros y un historial documentado desde su primera entrega en Arabia Saudí hasta su reciente importación a Florida.
- No te lo puedes perder: la doble autoría del diseño —la base de Marcello Gandini y los retoques de Horacio Pagani— convierte a esta edición en un eslabón único entre la tradición y la modernidad de la casa de Sant’Agata.
- Cifras y cotización: uno de los 658 ejemplares construidos, con motor V12 de 5,2 litros y 448 CV, y un precio que la actual puja situará en un escalón reservado a las piezas de museo.
Un historial impecable: el chasis KLA12072
El ejemplar que nos ocupa salió de fábrica acabado en Rosso Siviglia con interior de cuero Champagne. Su primer propietario lo recibió en Arabia Saudí, donde permaneció durante décadas prácticamente sin uso, un periodo del que apenas existen registros públicos, pero que explica un kilometraje ínfimo. En 2018, el coche fue vendido y trasladado a Mónaco, donde permaneció hasta 2023, cuando un segundo propietario lo exportó a Estados Unidos. El concesionario que lo adquirió en 2025 lo presenta ahora tras una puesta a punto reciente: cambio de bujías y aceite en junio de 2026.
El expediente incluye el libro de mantenimiento, herramientas, accesorios originales y un informe Carfax limpio, con la única particularidad de que figura como modelo 1990 en el título de Florida. La travesía por tres continentes no ha dejado huella en su estado mecánico ni estético. De hecho, cada detalle —desde los paragolpes de especificación europea hasta los neumáticos Pirelli P Zero sobre llantas OZ Racing de 15 pulgadas— habla de un coche que ha sido conservado más que conducido.
La firma de Gandini y el retoque de Pagani
Cuando el Countach original irrumpió en 1974, Marcello Gandini no solo había creado una silueta icónica; había definido un lenguaje de líneas angulosas, puertas de tijera y tomas de aire que desde entonces se asocia al superdeportivo. Para la edición 25th Anniversary, presentada en 1988, la casa recurrió a un joven Horacio Pagani, entonces al frente del departamento de materiales compuestos de Lamborghini. Pagani reinterpretó el diseño de Gandini con un profundo conocimiento de la fibra de carbono y el Kevlar, dos materiales que aplicó generosamente en los paneles de la carrocería.
Las modificaciones incluyeron tomas de aire de inclinación progresiva con aletas longitudinales, un frontal rediseñado, una cubierta del motor más agresiva y faldones laterales específicos. El resultado fue un Countach más musculoso, mejor refrigerado y, sin embargo, unos 200 kg más ligero que los últimos LP5000 QV gracias al uso extensivo de composites. Solo se produjeron 658 unidades entre 1988 y 1990, y el chasis KLA12072 es una de las que conserva la configuración europea original, con paragolpes más esbeltos que los de la versión federalizada para Estados Unidos.
La mecánica Bizzarrini: un V12 que merece su propio capítulo
Bajo la cubierta trasera —que Pagani elevó ligeramente para mejorar la refrigeración— late el motor diseñado por Giotto Bizzarrini: un V12 de 5,2 litros con ángulo de 60 grados, cuatro válvulas por cilindro y seis carburadores Weber 44 DCNF de tiro descendente. La potencia declarada de fábrica es de 448 caballos, con un par máximo que ronda los 500 Nm (las 369 libras-pie originales). La arquitectura del cambio manual de cinco relaciones, colocado en posición central avanzada, y el diferencial autoblocante confieren al conjunto un tacto puramente analógico, muy alejado de las ayudas electrónicas contemporáneas.
La revisión de junio de 2026 se limitó a bujías y aceite, confirmando que los órganos principales —desde la distribución hasta la compresión de los cilindros— permanecen en estado de fábrica. El cuadro de Jaeger, con velocímetro de 320 km/h y cuentavueltas con zona roja a 7.500 rpm, refleja un vehículo que apenas ha superado el rodaje. Para el coleccionista, este tipo de comprobaciones son decisivas: un motor que no ha sido abierto y cuyo desgaste es casi nulo vale mucho más que uno restaurado.
El mercado de los Countach de bajo kilometraje: la búsqueda del imposible
En los últimos cinco años, el precio de los Countach ha experimentado una revalorización sostenida que contrasta con la estabilización de otros ochenta iconos. Los ejemplares con menos de 500 kilómetros son prácticamente inexistentes en el mercado abierto, y cuando aparecen, los remates suelen superar las estimaciones más optimistas. La razón no es solo la rareza del kilometraje: es la combinación de un diseño inconfundible, una mecánica con pedigrí y una historia de propiedad documentada sin interrupciones largas.
Un Countach no se valora por lo que corre, sino por el tiempo que ha permanecido parado en las condiciones exactas en que salió de fábrica.
El chasis KLA12072 añade a esa fórmula la doble firma Gandini-Pagani, un factor que el mercado apenas ha empezado a ponderar. Horacio Pagani es hoy una referencia absoluta en el mundo de los hypercars, y su paso por el desarrollo del 25th Anniversary concede a estas unidades un aura de precuela histórica. Los especialistas consultados para este reportaje señalan que la puja actual en Bring a Trailer —con el coche aún sin reserva— podría marcar una referencia nueva para el modelo, en un entorno en el que cualquier Countach bien documentado se mueve en cifras de seis dígitos altos.
El comprador potencial no es solo un inversor: es alguien capaz de apreciar que las manetas, el cuero Champagne sin desgaste y el olor a gasolina de los Weber no se pueden reproducir. La disyuntiva entre conservar este estado de cápsula del tiempo o atreverse a conducirlo es, precisamente, el dilema que define el valor de la pieza. Con 379 kilómetros, cualquier decisión —guardarlo en una colección o ponerlo en carretera por primera vez en décadas— cambia el relato para siempre.
El desenlace de la subasta, que se resolverá en los próximos días, confirmará si el mercado está dispuesto a pagar una prima sustancial por un Countach que es, a la vez, un monumento al diseño italiano y una máquina que nunca ha sido exprimida. En una época en la que los restomods y las reinterpretaciones modernas acaparan titulares, este 25th Anniversary recuerda que el original, virgen y documentado, sigue siendo el rey.

