Cristalización: el peligro que no conocías en tus neumáticos

Los neumáticos cristalizados pierden elasticidad y agarre, aumentando el riesgo de accidente. Te contamos por qué ocurre, cómo detectarlo y qué hacer para evitarlo.

Hablar de neumáticos suele llevarnos a pensar en presión, desgaste o dibujo de la banda de rodadura. Sin embargo, hay un fenómeno menos conocido que puede comprometer seriamente la seguridad al volante: la cristalización. Se trata de un proceso que afecta al caucho con el paso del tiempo y que puede convertir un neumático aparentemente “sano” en una auténtica trampa en carretera.

Aunque no suele recibir tanta atención como un pinchazo o un reventón, la cristalización es más común de lo que pensamos, sobre todo en climas como el nuestro, donde los veranos intensos y la exposición al sol son una constante. Detectarla a tiempo y saber cómo prevenirla puede marcar la diferencia entre un viaje seguro y un accidente inesperado.

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Las causas más habituales de la cristalización

fuente: propia

Hay tres factores principales que aceleran este deterioro del neumático. El primero es la exposición prolongada al sol. Los rayos ultravioleta penetran en el caucho y alteran su composición química, debilitando las cadenas de polímeros que le dan elasticidad. En un país como España, dejar el coche al sol día tras día es una de las causas más frecuentes.

La segunda causa es la exposición a temperaturas extremas. El calor excesivo en verano o el frío intenso en invierno hacen que el neumático pierda sus propiedades. El caucho es sensible a estos cambios y, con el tiempo, esa falta de flexibilidad acaba siendo irreversible. El tercer factor es el almacenamiento inadecuado: guardar neumáticos en lugares húmedos, calurosos o expuestos a la intemperie acelera la cristalización.