Volkswagen pone Ducati en el escaparate y Ferrari estudia comprarla

El consejero delegado de Ducati admite que el grupo estudia dar entrada a un nuevo accionista y califica la opción de Ferrari como 'un poco remota'. La marca italiana lleva catorce años bajo el paraguas de Audi y del Grupo Volkswagen.

Volkswagen ha dejado de tratar a Ducati como un activo intocable y Ferrari ya figura en la lista de posibles compradores. Lo relevante no es el rumor, que lleva meses circulando por las redacciones italianas, sino que la propia dirección de la marca de Borgo Panigale haya decidido no cerrarle la puerta.

El encargado de avivar la hoguera fue Claudio Domenicali, consejero delegado de Ducati, durante el pasado Gran Premio de San Marino. Allí confirmó que existe un plan del grupo alemán para dar entrada a nuevos accionistas en algunas de las compañías que ha ido adquiriendo con los años. Y acto seguido admitió que, entre las hipótesis que ha leído, la de Ferrari no es la peor.

Conviene leer bien la secuencia. Domenicali no anunció nada, pero tampoco lo desmintió, y en un asunto de esta naturaleza el silencio pesa más que un comunicado. ‘Ferrari es una marca extraordinaria, probablemente la marca automovilística más prestigiosa del mundo’, aseguró, antes de matizar que ahora mismo le parece ‘una posibilidad un poco remota’. El adjetivo importa: remota no es lo mismo que descartada.

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Por qué Wolfsburgo prefiere liquidez a un trofeo en el garaje

La lectura industrial es sencilla. Ducati es un activo de prestigio con un volumen de negocio marginal dentro de una compañía que factura cientos de miles de millones y que, al mismo tiempo, necesita capital para financiar su electrificación, su software y el ajuste de capacidad en Alemania. En ese contexto, una marca de motos premium no resuelve ningún problema de escala: aporta imagen y poco más.

Domenicali lo dijo con claridad: el plan de entrada de nuevos socios ‘no tiene nada que ver con que la empresa esté funcionando bien o mal’. Es decir, no hay una Ducati en crisis. Al contrario, sostiene que la firma vive ‘quizá el mejor momento de su historia en cuanto a resultados deportivos y tecnología de producto. La venta no responde a un problema de Ducati, responde a una necesidad de caja del dueño.

Ahí está el matiz que suele perderse en la conversación pública. Durante catorce años, Audi y el propio Grupo Volkswagen han financiado el crecimiento de Ducati sin exigirle resultados trimestrales de manual. ‘Volkswagen ha sido un accionista excelente’, reconoce el directivo italiano. La frase, que suena a cortesía, es en realidad un mensaje dirigido a quien venga: no todos los compradores van a comportarse igual.

Un fondo compra una marca para exprimir su caja en cinco años; un fabricante la compra para que siga ganando carreras durante veinte.

El comprador decide el futuro deportivo de Ducati

venta Ducati Volkswagen

Hay dos tipos de comprador y la diferencia no es cosmética. Un industrial —Ferrari, otro grupo premium, un fabricante asiático con ganas de pisar Europa— compra la marca y, por regla general, protege la estructura deportiva: Ducati Corse forma parte del valor del activo. Un inversor financiero compra el flujo de caja y lo primero que mira con lupa es el gasto en competición. Ahí está la trampa, porque la historia de la marca de Borgo Panigale se sostiene sobre lo que gana los domingos.

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La propia dirección de la compañía ha puesto la condición por adelantado. Si el grupo se marcha, dice Domenicali, ‘lo importante es encontrar un accionista dispuesto a seguir desarrollando la marca y mantener dentro de la compañía los recursos que genera’. Traducido: nada de repartir dividendos a costa del departamento de I+D ni de recortar el presupuesto de los prototipos boloñeses.

Para el aficionado, esa es la única pregunta que importa de todo el expediente. No quién firma el cheque, sino quién paga las motos de carreras el año siguiente.

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Ferrari, el comprador que encaja y el que también tiene trampa

Hay un precedente que conviene recordar. No es la primera vez que el grupo de Wolfsburgo pone a Ducati en el escaparate: ya ocurrió hace casi una década, en plena resaca del diéselgate, cuando la prensa italiana dio por hecho un proceso de venta con compradores industriales sobre la mesa. Aquella operación se cayó porque la casa matriz concluyó que el precio no compensaba desprenderse del activo. La lección es útil: Volkswagen no vende a cualquier precio, vende cuando el precio le conviene.

Lo que ha cambiado respecto a entonces no es la simpatía hacia la marca, sino la urgencia. La presión sobre el margen, el coste de la transición eléctrica y la competencia china han convertido la liquidez en el recurso más escaso de Wolfsburgo. Esa es la razón por la que hoy el escaparate está abierto de verdad y no como ejercicio de estilo.

La mayoría de las hipótesis que circulan apunta a un comprador industrial, y ahí es donde Ferrari encaja en casi todos los frentes. Maranello y Borgo Panigale están a menos de cincuenta kilómetros, comparten país, cultura de competición y una narrativa empresarial muy parecida: pocas unidades, márgenes altos y una enseña que vale más que su balance. Añadir una división de motos no genera sinergias industriales evidentes, pero sí un relato de lujo italiano que la compañía lleva años cultivando fuera del automóvil.

Eso sí, la operación tampoco sale gratis para el comprador. Ferrari es una sociedad cotizada que vende a sus accionistas la idea de que crecer no es la prioridad; la prioridad es la rentabilidad por unidad. Adquirir un fabricante de motos que no aporta tecnología al coche ni capacidad industrial obliga a justificar el movimiento como apuesta de marca, y ese tipo de justificaciones siempre levanta preguntas incómodas en la junta.

Tampoco hay obstáculos de competencia reseñables: Ferrari no compite en el mercado de las dos ruedas, así que el expediente pasaría los filtros regulatorios con relativa facilidad. El freno real es otro. Domenicali insiste en que estamos ante una ‘posibilidad un poco remota’, y esa prudencia suena a dos cosas a la vez: a respeto institucional hacia su accionista actual y a cautela ante una operación que todavía no está formalmente sobre la mesa.

Lo que toca ahora es mirar el calendario. El tramo final de la temporada de MotoGP servirá de termómetro, y EICMA, el salón de Milán que se celebra en noviembre, dejará ver si Ducati presenta su plan de producto con la tranquilidad de quien tiene dueño o con la incertidumbre de quien está en venta. Cuando el grupo alemán publique las cuentas del tercer trimestre sabremos si la caja sigue apretando. Si aprieta, el escaparate seguirá abierto.

Análisis de Impacto

  • Dato de mercado: Ducati lleva catorce años bajo el paraguas de Audi y del Grupo Volkswagen, un periodo en el que la casa matriz ha financiado su crecimiento sin exigirle escala. Su peso en la cuenta de resultados del consorcio es marginal, y justo ahí nace el problema.
  • El rumor: La dirección de Ducati admite la existencia de un plan para dar entrada a nuevos accionistas y no desmiente a Ferrari como comprador, al que califica como posibilidad ‘un poco remota’.
  • Veredicto: La operación es plausible pero no inminente. El perfil del comprador definirá el futuro deportivo de Ducati Corse: un industrial protegerá el presupuesto de MotoGP; un fondo lo mirará con calculadora en mano.