El precio del diésel en España ronda ya los 1,90 euros por litro tras encarecerse más de un 30% interanual. La subida no parece coyuntural y el sector avisa de que podría ir a más muy pronto.
Los precios diarios que comunican las estaciones españolas ya se acercan a esa barrera. Si las bonificaciones estatales decaen el 30 de septiembre, el gasóleo podría anotarse hasta 24 céntimos adicionales por litro en el arranque de octubre. La gasolina, con una rebaja menor, sumaría alrededor de 6 céntimos.
Por qué no basta con mirar el petróleo
El encarecimiento del gasóleo no responde únicamente a la cotización del crudo. En el precio final intervienen el refino, el transporte, los biocarburantes, los márgenes comerciales y los impuestos. Ahora el refino pesa más que nunca: aumentar la producción de diésel exige instalaciones concretas y capacidad disponible, y el mercado no tiene margen de sobra.
Según los datos de seguimiento de cargamentos que maneja la industria, las importaciones europeas de diésel cayeron desde 1,97 millones de barriles diarios en enero hasta 1,56 millones en julio, una reducción cercana al 21% en medio año. Europa consume más gasóleo del que produce y, tras perder a Rusia como gran proveedor, depende de Estados Unidos, India y Oriente Próximo. Ahora mismo varias de esas alternativas fallan a la vez.
Los ataques con drones han obligado a reducir o detener el trabajo en seis de las principales refinerías rusas, instalaciones que suman cerca de la mitad de su producción de diésel. Moscú ha restringido las exportaciones para proteger su propio mercado. Al mismo tiempo, el conflicto con Irán dificulta el tránsito por el estrecho de Ormuz, una vía por la que antes circulaba cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado.
El diésel ya no cotiza como un derivado más del petróleo: cotiza como un producto escaso y Europa sigue compitiendo por cada barril disponible.
Estados Unidos también ha llegado a su límite. Sus refinerías han funcionado al 98% de su capacidad, el nivel más alto desde 2018, y muchas han aplazado paradas de mantenimiento para aprovechar los márgenes. La Administración estadounidense ha pedido un esfuerzo adicional, pero ampliar capacidad de refino es una tarea de años, no de meses.
A corto plazo, el precio dependerá de cuánto tarde Arabia Saudí en recuperar su oleoducto dañado, de si Ormuz vuelve a operar con normalidad y de cuántas refinerías rusas pueden reanudar producción. La llegada del frío añade otra presión: el gasóleo de calefacción compite con el diésel por la misma cadena de producción.
La fotografía europea y el colchón español
Alemania muestra la cara más dura de la crisis. El diésel alcanzó el 15 de septiembre una media de 2,42 euros por litro, mientras la gasolina E10 se situaba en 2,30 euros. Llenar un depósito de 60 litros cuesta unos 145 euros. El diésel premium ronda ya los 2,80–2,90 euros y en algunas estaciones toca los 3 euros por litro.
En España, la fotografía está suavizada por la fiscalidad. El Gobierno elevó en septiembre la rebaja del diésel desde 10 hasta 20 céntimos por litro y dejó la de la gasolina en 5 céntimos. El boletín petrolero europeo situaba el gasóleo en 1,79 euros y la gasolina en 1,81 euros, pero las estaciones ya comunican precios en torno a 1,88 euros por litro y los surtidores medios rozan los 1,90.
España mantiene una posición relativamente buena gracias a su capacidad de refino y a la rebaja fiscal, según fuentes del sector. Pero no puede producir todo el diésel que consume ni es ajena a los precios internacionales. La ayuda actual esconde 20 céntimos, no los elimina.
El problema es que las bonificaciones estatales finalizan el 30 de septiembre. La patronal de las estaciones de servicio ha pedido al Gobierno recuperar el IVA reducido del 10% y la rebaja del Impuesto Especial sobre Hidrocarburos que se aplicó durante la primavera, una combinación que supondría un alivio generalizado de unos 20 céntimos. Sin nuevas medidas, el diésel sumaría unos 24 céntimos desde el 1 de octubre y superaría con holgura los 2 euros por litro; la gasolina, unos 6 céntimos.
Lo que conviene vigilar de aquí a octubre
La subida del diésel no es una simple variación semanal de los surtidores. Se apoya en un desajuste estructural de oferta y en una capacidad de refino al límite. Europa ha sustituido a Rusia como proveedor, pero lo ha hecho con un mercado global muy ajustado. Si uno de los eslabones falla —Arabia Saudí, Ormuz o las refinerías rusas—, el repunte se traslada al diésel casi de inmediato.
Para un conductor, el margen de exposición es distinto según la comunidad y el tipo de desplazamiento. No obstante, el diésel sigue siendo clave para flotas, transporte y calderas. La recomendación es práctica: conviene seguir de cerca la decisión sobre la prórroga fiscal, porque la diferencia entre mantener o retirar las bonificaciones puede superar los 20 céntimos por litro en un mismo mes. Si se va a repostar grandes volúmenes, tiene sentido anticipar compras antes del 30 de septiembre sin caer en el acaparamiento.
El cierre de octubre será el termómetro. Si la rebaja se prorroga, el diésel puede seguir por debajo de los 2 euros; si no, los presupuestos de transporte y la movilidad diésel asumirán un sobrecoste directo. El mercado ya está descontando parte de esa tensión.
📊 Claves de la noticia
- Cifras a tener en cuenta: 1,90 euros por litro en España; subida interanual superior al 30%; posible repunte de hasta 24 céntimos en octubre; diésel alemán en 2,42 euros por litro.
- Cómo te afecta: El diésel ha dejado de ser el carburante barato por defecto. Si se retiran las bonificaciones el 30 de septiembre, cada repostaje de 60 litros podría encarecerse unos 14 euros adicionales solo por el alza impositiva, antes incluso de que el mercado sume nuevos incrementos.
- También debes saber: La tensión no viene del crudo, sino de la escasez de refino y del cuello de botella logístico. Si se prorrogan las rebajas fiscales, el diésel en España mantendría un diferencial más contenido frente a Alemania y otros mercados centroeuropeos.

