Doug DeMuro desmenuza el Toyota C-HR 2026: más potencia y autonomía, mismas rarezas

Doug DeMuro pone a prueba el renovado SUV eléctrico de Toyota: 340 CV, tracción total y un 0 a 100 bajo los 5 segundos. Pero la lógica de su precio y posición en la gama sigue sin convencer al popular youtuber.

A veces, las segundas partes sí son buenas… pero no siempre tienen sentido. Doug DeMuro acaba de subirse al nuevo Toyota C-HR 2026 y, tras desmenuzar cada detalle, lo deja claro: es un coche con prestaciones de infarto y rarezas que desafían la lógica, pero su encaje en la gama Toyota es tan desconcertante como algunos de sus mandos. En su último análisis, DeMuro reconoce que los 340 CV y el 0 a 100 km/h en menos de cinco segundos suponen un salto bestial, aunque no suficiente para olvidar que el C-HR es más pequeño, más caro y menos sensato que el actualizado BZ.

Un salto de potencia histórico… pero a un precio

El antiguo C-HR, recuerda DeMuro, era un híbrido de aspecto crossover con solo 144 CV y una aceleración de 11 segundos en el 0 a 100. El modelo 2026 pone patas arriba esas cifras con casi 340 caballos y tracción total de serie. Es, en sus palabras, “una de las mejoras de aceleración más grandes entre generaciones en la historia del automóvil”. Sin embargo, la euforia se frena en seco al mirar la etiqueta. El C-HR arranca en torno a 38.500 dólares, mientras que el BZ —un SUV compacto más grande que comparte plataforma— cuesta unos 36.500 dólares en su versión de acceso. Para colmo, el BZ ofrece hasta 315 millas de autonomía, mientras que el C-HR no llega a 290 millas ni en su configuración más favorable.

Exterior e interior: rarezas que definen al C-HR

Estéticamente, el nuevo C-HR no es tan estridente como su antecesor, pero conserva el detalle más llamativo: las manecillas verticales de las puertas traseras, integradas en el marco de la ventanilla. Al subir, uno se topa con un cuadro de instrumentos colocado casi contra el parabrisas, pensado para que el conductor mire por encima del volante, una solución que Toyota está extendiendo a todos sus eléctricos. Luego está el selector de marchas: un peculiar disco que se gira hacia la derecha para conducir, hacia la izquierda para la marcha atrás y al que hay que presionar para punto muerto, mientras que para aparcar hay que pulsar un botón independiente. “Resulta extraño, pero te acostumbras”, concede DeMuro.

Publicidad

El habitáculo suma más excentricidades: dos cargadores inalámbricos para el móvil, una consola central que se abre tanto desde el lado del conductor como del acompañante y un compartimento secreto bajo ella. A cambio, no hay guantera, y las salidas de aire son diminutas (apenas un centímetro de alto las centrales). También sorprende un botón dedicado para lavar los faros, algo más propio de berlinas de lujo que de un crossover generalista. Y para rematar, un coche con 340 CV que carece de modo Sport: solo ofrece Eco y Nieve. “Probablemente no haya muchos coches con esta aceleración que renuncien al modo deportivo”, ironiza DeMuro.

Pasar de 11 segundos en el 0 a 100 km/h a menos de cinco en una sola generación es, según DeMuro, una de las mejoras de aceleración más grandes en la historia del automóvil.

— Doug DeMuro

Al volante: rápido en recta, pero sin alma deportiva

En marcha, el C-HR se siente sólido y razonablemente aislado; DeMuro incluso lo nota “más lujoso de lo que cabría esperar por menos de 45.000 dólares”. La aceleración es contundente, pero la diversión se desvanece al encarar curvas: dirección poco comunicativa, chasis que acusa balanceo y una puesta a punto que prima el confort sobre la agilidad. “No es un GTI”, sentencia. El tacto recuerda al de otros Toyota eléctricos recientes, como el BZ o el recién probado bZ Worldland, aunque con un tarado menos redondo. En definitiva, un coche que corre mucho pero que no invita a correr.

¿Tiene sentido en la gama Toyota?

Doug DeMuro no oculta su perplejidad: le cuesta entender por qué alguien elegiría el C-HR frente al BZ, salvo que le enamore el diseño o ansíe los caballos extra. “Como rival, es correcto, pero no lidera en nada”, afirma. Y mientras el mercado norteamericano pierde interés por los eléctricos, un modelo con estas contradicciones (más pequeño, más caro, menos autónomo) se antoja difícil de colocar. De hecho, en la puntuación DougScore se queda en un discreto 49 sobre 100, lastrado por la relación precio-prestaciones a pesar de su sobresaliente en aceleración.

Quizá el C-HR 2026 sea el reflejo de una Toyota que sigue tanteando el terreno eléctrico con productos de nicho, más enfocados a la imagen que al volumen. Para el comprador que busque un crossover con chispa y no le importe pagar un extra por la extravagancia, ahí está. Pero para el resto, el sentido común apunta al hermano mayor BZ. Tú ¿qué harías: te dejas seducir por la potencia y las rarezas o prefieres la lógica de la autonomía y el precio?

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original:

Youtube video