Cuando llega el momento de contratar un seguro de coche, muchos conductores optan por el “todo riesgo” pensando que es la opción más completa… y también la más segura. Y en gran parte lo es. Este tipo de seguro ofrece una cobertura muy amplia que protege tanto a terceros como al propio vehículo, algo que no ocurre con otras modalidades más básicas.
Sin embargo, hay un error muy común: pensar que el seguro a todo riesgo lo cubre absolutamente todo. Y no es así. Detrás de ese nombre tan rotundo hay matices, condiciones y exclusiones que conviene conocer antes de firmar la póliza. Porque lo que no sabes puede acabar costándote dinero cuando más lo necesitas.
2Daños propios: la gran ventaja frente a otros
El concepto de “daños propios” es el auténtico corazón de este tipo de seguro. Es lo que lo diferencia del resto y lo que justifica su precio más elevado. Gracias a esta cobertura, no importa quién tenga la culpa del accidente: tu coche estará cubierto. Esto incluye desde un golpe contra otro vehículo hasta un accidente en solitario, como chocar contra una farola o sufrir un despiste en carretera.
También cubre situaciones menos evidentes, como arañazos provocados por vandalismo o daños por fenómenos meteorológicos habituales, como granizo o viento. Por eso, es especialmente recomendable en coches nuevos o de alto valor, donde el coste de reparación puede ser muy elevado.

