El Santana Cajal llegará en septiembre con motor diésel de 163 CV, reductora y un precio por debajo de los 50.000 euros.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: La histórica Santana Motor recupera el todoterreno clásico con un modelo de chasis de largueros, tracción total con reductora y bloqueos de serie.
- No te lo puedes perder: El nombre rinde homenaje a Santiago Ramón y Cajal, el Nobel que, según la marca, «trazó mapas donde no existían caminos».
- Cifras y cotización: Bajo el capó lleva un 2.0 turbodiésel de 163 CV y 390 Nm, con caja ZF de ocho relaciones, y se espera por menos de 50.000 euros.
El Cajal, un todoterreno de los de verdad
Santana presenta el Cajal como una alternativa más asequible a modelos como el Toyota Land Cruiser, el Land Rover Defender o el Jeep Wrangler. Y lo hace con una fórmula que ya casi no existe: chasis de largueros y travesaños, caja de transferencia con reductora y bloqueos de diferencial delantero y trasero de serie. Bajo el capó, un motor 2.0 turbodiésel de cuatro cilindros entrega 163 CV y 390 Nm de par máximo, asociado a una caja automática ZF de ocho velocidades con tracción total y relaciones cortas.
Las proporciones cuadradas resultan deliberadas: 4,71 metros de longitud y 1,91 de altura, con un frontal contundente donde destaca la parrilla iluminada de LED. Las defensas metálicas, los pasos de rueda de trazo cuadrado y el portón dividido con la rueda de repuesto integrada refuerzan el guiño a los 4×4 más carismáticos. En paralelo, el Cajal incorpora soluciones modernas como puertas sin marco, estriberas eléctricas que se despliegan al abrir y la llamativa función de giro de 180 grados sobre el eje, más efectista que práctica.
El interior mantiene el triple esquema digital del Santana 400, la pick up con la que la marca inició su regreso hace unos meses. Tres pantallas en el salpicadero, retrovisor digital, asientos eléctricos con ventilación y calefacción, y una selección de materiales que busca transmitir una imagen premium sin caer en el lujo vacío.
El legado de Santana y la base china
La denominación no es casual: Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de medicina, da nombre a un coche que, en palabras de la propia marca, «trazó mapas donde no existían caminos». No es la primera vez que la firma linarense recurre a una personalidad ilustre: el último vehículo de su etapa anterior llevaba el guerrero nombre de Aníbal.
La estrategia de denominaciones no se detendrá ahí. Según la marca, junto al nombre de localidades —al estilo de Seat y Cupra—, los próximos modelos mantendrán este guiño a personalidades ilustres de la historia de España.
El cajón de largueros y la reductora son una declaración de intenciones: la electrificación no ha borrado la receta del 4×4 puro.
El todoterreno deriva del BAIC B40, un 4×4 que se vende en China y que el fabricante original también comercializará en España. Sobre esta base, Santana Motor aplica una configuración pensada para el mercado europeo y revive una herencia industrial que se remonta a la relación con Land Rover, cuyos modelos fabricó bajo licencia en la planta de Linares durante décadas.
El Cajal se suma al Santana 400, disponible en versiones diésel e híbrida enchufable, y forma parte de una ofensiva rápida: antes de que termine 2026 se presentará un tercer modelo, y para 2027 están previstos otros dos lanzamientos. Además, la fábrica de Linares tiene previsto empezar a ensamblar los modelos españoles ese mismo año, con las mecánicas gasolina mild hybrid de 240 CV y las variantes electrificadas PHEV o REEV.
La apuesta de Santana frente a los pesos pesados
Con esta propuesta, Santana busca un hueco donde el precio actúa como una auténtica barrera de entrada. Un Land Rover Defender diésel o un Toyota Land Cruiser superan con holgura los 70.000 u 80.000 euros en el mercado español, mientras que el Cajal se mantiene por debajo de los 50.000. El equipo técnico hereda soluciones probadas del BAIC B40, pero la marca deberá demostrar fiabilidad, una red de asistencia solvente y un nivel de acabados coherente con la promesa premium.
El reto no es menor. Los compradores de todoterrenos con vocación clásica exigen robustez mecánica y una postventa capaz de asumir el uso intensivo que implica la reductora y los bloqueos. El ensamblaje previsto en Linares para 2027 puede reforzar el vínculo con el legado de Land Rover Santana, una de las páginas más singulares de la industria española del automóvil durante décadas.
La llegada del BAIC B40 bajo su propia marca añade un matiz: el Cajal deberá diferenciarse más allá del nombre y del vínculo emocional con Santana. La presencia del fabricante chino en el mismo segmento obliga a una diferenciación clara: Santana juega la baza emocional y la promesa de un todoterreno auténtico. La promesa de un 4×4 de verdad, con menos de 50.000 euros, resulta atractiva para quien busca capacidades reales lejos del asfalto, pero exigirá una comercialización impecable.
El Cajal no compite en potencia, sofisticación híbrida ni lujo, sino en honestidad mecánica. Esa fue durante años la tarjeta de presentación de los 4×4 de Linares, y la marca parece empeñada en recuperarla. El mercado dirá si la fórmula sigue teniendo sentido.

