El Santana Cajal aterriza en septiembre por menos de 50.000 euros y rescata la historia del 4×4 de Linares, nacido junto a Land Rover.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: el nuevo Cajal devuelve a Santana al segmento del todoterreno puro con chasis de largueros, reductora y un precio inferior a 50.000 euros.
- No te lo puedes perder: el nombre es un homenaje a Santiago Ramón y Cajal, y la marca ya prepara una saga de denominaciones inspiradas en personalidades y localidades españolas.
- Datos y producción: deriva del BAIC B40, mide 4,71 metros, monta un 2.0 turbodiésel de 163 CV con caja ZF de ocho marchas y no será el último: antes de final de año llegará un tercer modelo.
El regreso de un fabricante con memoria industrial
Santana acaba de presentar el Cajal meses después de lanzar su primer automóvil en la nueva etapa, la pick up 400, disponible en versiones diésel e híbrida enchufable. El objetivo es ambicioso y concreto: ofrecer una alternativa mucho más asequible que el Toyota Land Cruiser, el Land Rover Defender o el Jeep Wrangler.
La marca histórica española ha elegido un nombre con calado. En lugar de continuar con denominaciones bélicas como la del Aníbal, el Cajal rinde homenaje al Premio Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal, un científico que abrió rutas inéditas en la comprensión del sistema nervioso. La elección conecta con la idea de avanzar por terrenos donde no hay camino.
Del Santana 2000 al PS-10: el legado de Linares
El lazo con Land Rover fue el cimiento industrial de Santana. La fábrica jiennense de Linares ensambló y fabricó bajo licencia los todoterrenos británicos durante décadas, y sobre esa base desarrolló una identidad propia que tuvo en el Santana 2000 su primer gran hito nacional.
Aquel modelo, junto con el Ligero y la evolución hacia el PS-10 y el Aníbal, consolidó a Santana como el gran fabricante español de vehículos 4×4. No fueron coches de diseño: fueron máquinas de trabajo, robustas y sencillas, pensadas para el campo, los servicios públicos y las condiciones más exigentes. Ese arranque local y agrícola, tan distinto del actual todoterreno premium, explica la expectación con la que vuelve la marca.
Santana no regresa para repetir la nostalgia: regresa para ocupar con argumentos técnicos el hueco que dejó en el todoterreno asequible.

El Cajal, entre el chasis clásico y la digitalización
El Cajal deriva del BAIC B40 que ya se comercializa en China y que también venderá en España el fabricante original. Se trata de un todoterreno de los de antes: chasis de largueros y travesaños, caja de cambios con reductora y bloqueos de diferencial delantero y trasero de serie. La arquitectura es puramente mecánica.
El motor elegido en el lanzamiento es un 2.0 turbodiésel de cuatro cilindros con 163 CV y 390 Nm de par, asociado a una caja automática ZF de ocho velocidades con tracción total y relaciones cortas. La carrocería, de 4,71 metros de largo y 1,91 de alto, mantiene las proporciones cuadradas de los iconos del segmento: frontal contundente, parrilla de LED iluminada, defensas metálicas, pasos de rueda rectos y portón dividido con rueda de repuesto.
En el interior conviven la digitalización y el confort: tres pantallas en el salpicadero, retrovisor digital, asientos eléctricos con ventilación y calefacción, y estriberas eléctricas de acceso. Son concesiones modernas que no ocultan el carácter duro del conjunto. De hecho, la función de giro de 180 grados sobre el eje es más un alarde de ingeniería que una herramienta práctica; la marca la ofrece, pero su uso repetido castiga la mecánica.
Análisis: una alternativa asequible con fundamento industrial
La propuesta de Santana se inserta en un mercado del todoterreno que ha vuelto a premiar la rusticidad. Frente a rivales con precios que superan con holgura los 80.000 euros, el Cajal apuesta por un precio final inferior a 50.000, limpio de prejuicios pero con el músculo que exige el aficionado al uso real en campo.
Ahora bien, el reto no es menor. Santana debe demostrar que el acuerdo con BAIC, del que deriva el modelo, garantiza una cadena de piezas y una calidad de ensamblaje a la altura de un cliente que exige fiabilidad. La baza de la fábrica de Linares como centro de ensamblaje a partir de 2027 no es solo industrial: es un relato creíble para recuperar el vínculo emocional con el comprador español.
La estrategia no se queda en un solo producto. Antes de que termine el año se conocerá un tercer modelo, y para 2027 se esperan dos lanzamientos más, junto con mecánicas electrificadas —mild hybrid de gasolina de 240 CV y variantes PHEV o REEV— que ensancharán el atractivo del Cajal y del 400. La clave no será solo el precio, sino la capacidad de mantener coherencia entre la herencia y la nueva era.

