Pedro Acosta no está satisfecho: exige explicaciones a KTM por los fallos en Brno

El español volvió a sufrir con la RC16 en un fin de semana plagado de fallos: avería en libres, caída en sprint y abandono en la última vuelta de la carrera.

Pedro Acosta salió del Gran Premio de la República Checa sin puntos, pero con un mensaje que retumba en Mattighofen. No fue un abandono más. Fue el momento en que la paciencia se rompió. El piloto estrella de KTM, que había llevado una moto plagada de problemas hasta la cuarta plaza de la general, plantó cara a su fábrica tras encadenar tres fallos mecánicos en un mismo fin de semana. “Ahora es el momento de que KTM dé respuestas”, soltó en el paddock checo. Y lo dijo sin gritar, sin aspavientos. Con la calma de quien ya ha hecho números y sabe que su futuro vale más que una RC16 que se apaga cuando menos debe.

El fin de semana del Gran Premio de la República Checa deparó a Acosta la peor racha de fiabilidad de su etapa en la clase reina. El viernes, un problema eléctrico le obligó a empujar la moto por la entrada trasera del paddock, aunque aún logró colarse en la Q2.

El sábado, el regulador de altura trasero falló justo cuando peleaba por la sexta plaza con Jorge Martín, desencadenando una caída que, según el propio piloto, fue consecuencia directa del malfuncionamiento. Y el domingo, en la última vuelta de la carrera, el mismo fallo del viernes reapareció. La RC16 se apagó cuando marchaba en quinta posición, dejando al murciano con el casillero a cero por primera vez en 2026.

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“Fue exactamente el mismo problema que el viernes”, declaró a los micrófonos en el corredor de la prensa. “Simplemente se apagó. He llegado a un punto en que ni siquiera estoy decepcionado. No hice nada mal. Lo que no está en mis manos, no puedo cambiarlo”. La frialdad de sus palabras contrastó con la temperatura ambiente de un equipo que no logra rematar una moto campeona. Porque no es la primera vez. Ni la segunda.

KTM y la fiabilidad: un lastre que ya no puede esconderse

La RC16 ha dado muestras de velocidad —Brad Binder peleó por el podio en Mugello—, pero también de una fragilidad que penaliza cualquier atisbo de regularidad. En el mismo circuito italiano, Binder tuvo que dejar su moto de fábrica tirada en la recta de boxes, justo al lado del radar donde la Aprilia de Martín arrebataba a KTM el récord de velocidad punta. Un gag macabro que resume a la perfección el momento de la marca: promesas sin concreción técnica.

El incidente más notorio de la temporada, el de Cataluña, después de conquistar la pole, encendió todas las alarmas. Allí la moto de Acosta se detuvo a alta velocidad y provocó el aparatoso accidente de Álex Márquez. Pero, como aclaró el propio Acosta, los fallos de Brno no tienen relación con aquel. Son diferentes. Lo que comparten es el efecto demoledor sobre la confianza de un piloto que, con solo 22 años, ya se ha ganado el cartel de futuro campeón.

Pedro Acosta Motor16

La pregunta que flota en el paddock es cuánto tiempo más está dispuesto a esperar. Acosta renovó con KTM hasta finales de 2026, pero las cláusulas de rendimiento existen precisamente para casos como este. Mientras Ducati acumula victorias con una Desmosedici fiable como un reloj suizo y Aprilia demuestra que se puede ser veloz y constante, la fábrica austriaca se enreda en averías repetitivas y explicaciones que nunca terminan de llegar.

No es decepción, es hartazgo. Y un piloto harto es un piloto que escucha ofertas.

Conviene echar la vista atrás para medir la gravedad del asunto. KTM entró en MotoGP en 2017 con la ambición de ser campeona en cinco años. Han pasado nueve temporadas y la vitrina de títulos de pilotos sigue vacía. La apuesta por Acosta en 2024 fue un movimiento de ajedrez: fichar al talento más diferencial de la parrilla antes de que lo hiciera un rival. Pero una joya sin montura ganadora es solo potencial desperdiciado.

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El problema de fiabilidad no es nuevo. En 2025, ya hubo varios abandonos por fallos del motor, y en 2026 la estadística no mejora. La diferencia es que ahora el afectado es un piloto que sabe que, si KTM no endereza el rumbo, el mercado de 2027 le abrirá otras puertas. Ducati, Aprilia e incluso Yamaha —que necesita urgentemente un relevo generacional— observan con atención. Y Acosta, que siempre ha sido políticamente correcto, ha empezado a hablar con la franqueza de quien ya no teme las consecuencias.

El próximo Gran Premio de los Países Bajos, en Assen, será la primera oportunidad para que KTM demuestre, con datos de telemetría en la mano, qué ha ocurrido realmente y qué medidas ha tomado. Si la RC16 vuelve a fallar, el ruido a paddock abierto será ya ensordecedor. Y Acosta, que ha callado durante meses, ya no se morderá la lengua.

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