Mercedes-Benz se está llevando la producción a Hungría mientras aprieta las tuercas en casa. La planta de Kecskemét, a 80 kilómetros de Budapest, duplica su capacidad hasta los 400.000 vehículos al año y se convierte en el mayor centro productivo europeo de la marca, solo por detrás de Pekín. El motivo es contundente: los costes de fabricación son un 70 % más bajos que en Alemania.
Mientras la factoría húngara suma turnos y contrata a 3.000 empleados adicionales, unos 18.000 trabajadores alemanes se manifestaron hace semanas contra los recortes de jornada y la congelación salarial que planea la dirección. La brecha es insalvable cuando un operario le cuesta a la compañía 49,50 euros por hora en Stuttgart y solo 15,60 euros en la puszta magiar, según Eurostat.
Kecskemét ya no es solo el coche barato
La expansión húngara no se limita a los modelos de acceso. El Clase C, hasta ahora ensamblado en Bremen, ya sale de las líneas de Kecskemét junto al GLB. Y el futuro Clase G compacto —la versión más asequible del todoterreno— se fabricará en exclusiva allí. Mercedes también ha confirmado que el GLC, su modelo más vendido, aterrizará en la planta en los próximos años.
Para que te hagas una idea: en 2012, cuando arrancó la fábrica, solo montaba el Clase B y el CLA. Ahora asume la columna vertebral de la gama. Y no es casualidad. Los empleados húngaros trabajan 40 horas semanales y tienen menos festivos que sus colegas alemanes, anclados en las 35 horas desde los años 90.
La cuenta que explica la desbandada
El director de producción, Michael Schiebe, lo resume con un eufemismo de manual: «Esto nos ayuda a asegurar los puestos de trabajo en Alemania». Pero los números cantan. Con un diferencial del 70% en costes operativos, cada coche que sale de Hungría engorda el margen de la estrella. Y en un momento en que las ventas de eléctricos crecen un 28% mientras el resto de la gama mengua, cada euro cuenta.
La receta no es nueva. Volkswagen ya mandó el Passat a Eslovaquia y el año que viene mandará el Golf europeo a México. La lógica es implacable: donde el metal se dobla más barato, allí se pone la chapa.
En Alemania, mientras, la plantilla se echa a la calle. La empresa ha puesto sobre la mesa revisar pagas extra y aumentar la productividad sin subir salarios. El mensaje es claro: producid más por lo mismo o nos vamos al este. La pregunta incómoda flota en el ambiente: ¿cuánto vale realmente la etiqueta Made in Germany y quién está dispuesto a pagarla?
Mientras los costes bajan en Hungría, la plantilla alemana se pregunta si el ‘Made in Germany’ aún cotiza en bolsa.
Porsche tira de orgullo patrio
En Stuttgart hay quien piensa distinto. Porsche, prima hermana de Mercedes dentro del grupo, planea el camino inverso: repatriar la producción del Cayenne desde Eslovaquia a Leipzig, donde ya se hace el Macan. Su nuevo jefe, Michael Leiters, defiende que el comprador de un deportivo de lujo aún asocia el valor con las tres sílabas alemanas. Eso sí, con la condición de que los sindicatos acepten moderación salarial y la empresa pueda recortar miles de empleos hasta 2035.
La jugada de Porsche demuestra que el debate no es binario. Hay segmentos donde el origen pesa, y otros donde el precio manda. Y en el de los SUV compactos de Mercedes, la decisión ya está tomada.
Información útil para el conductor
- Cifra clave: el 70% de ahorro en costes de producción en Hungría frente a Alemania.
- Comparativa salarial: 49,50 €/h en Alemania vs 15,60 €/h en Hungría (Eurostat 2026).
- Modelos afectados: Clase C, GLB, futuro Clase G compacto y GLC saldrán de Kecskemét.
- Lectura de Motor16: Si te importa la procedencia del coche, revisa la etiqueta de origen en el concesionario; no todos los Mercedes llevan el sello ‘Made in Germany’.
- Curiosidad: Porsche quiere traer el Cayenne a Leipzig, pero a cambio de que los empleados acepten salarios más bajos.
