En enero de 2026, la subasta de Mecum en Kissimmee no fue una subasta más. La colección Phil Bachman —más de 45 Ferrari de bajas unidades y especificaciones exclusivas— desencadenó una cascada de récords que el índice Hagerty califica de «inusual» en su último informe anual. Diecinueve plusmarcas de Ferrari cayeron aquel fin de semana, incluyendo los cinco «halo» —288 GTO, F40, F50, Enzo y LaFerrari— y sentaron las bases de una fiebre que, lejos de aislarse, se propagó por las subastas de todo el mundo.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: El informe Hagerty 2026 disecciona una escalada de precios con récords que triplican las marcas anteriores y que plantea la pregunta de si estamos ante una burbuja especulativa o ante un cambio estructural del coleccionismo.
- No te lo puedes perder: Los compradores surgidos de la riqueza cripto y del auge de la inteligencia artificial están irrumpiendo en el mercado de exóticos con capital fresco y un patrón de inversión que recuerda peligrosamente al crash de 1990, aunque esta vez actúan con más información.
- Cifras y cotización: El Ferrari Enzo de la colección Bachman se remató por cerca de 18 millones de dólares, el triple del récord anterior. El Porsche Carrera GT pasó de 2,2 millones a 6,7 millones en apenas tres meses, y un Lamborghini Miura SV de 1972 alcanzó los 6,6 millones.
Lo que comenzó como un fenómeno local en Florida se convirtió en un contagio global que los analistas de Hagerty siguieron con perplejidad. En las semanas posteriores, las pujas se replicaron en Arizona, París y Amelia Island, y los récords dejaron de ser exclusivos de los Ferrari más modernos.
Un enero que cambió las reglas: Kissimmee y la colección Bachman
La subasta de Mecum en Kissimmee (Florida) a principios de enero de 2026 fue el detonante. El lote estrella, la colección del fallecido Phil Bachman, reunía más de 45 ejemplares de la casa de Maranello, muchos con especificaciones únicas y kilometrajes casi de fábrica. Según el catálogo de Mecum, cayeron 19 récords de Ferrari, incluidos los cinco modelos «halo»: 288 GTO, F40, F50, Enzo y LaFerrari. El caso más llamativo fue el Ferrari Enzo, que con una combinación cromática exclusiva y apenas unos cientos de kilómetros se adjudicó por cerca de 18 millones de dólares, tres veces la plusmarca anterior establecida en 6 millones.
La ola no se detuvo. Una semana después, en la venta de RM Sotheby’s en Arizona, un Enzo y un F50 superaron con holgura la estimación más alta de la guía Hagerty, aunque sin batir las marcas de Kissimmee. A finales de enero, el fenómeno cruzó el Atlántico: en París, RM Sotheby’s remató un Enzo de 2004 con muy bajo kilometraje por 8,1 millones de euros (9,7 millones de dólares), mientras que Gooding Christie’s adjudicó un 288 GTO de 1984 por 9,1 millones de euros (10,9 millones de dólares) y un FXX K Evo de 2018 por casi 7 millones de euros, ambos récords mundiales.
El contagio no tardó en extenderse más allá de Maranello. En el concurso de Amelia Island, Broad Arrow remató un Ferrari Monza SP2 con 4,96 millones de dólares, casi el doble del récord de diciembre anterior. El Porsche Carrera GT, que había alcanzado un máximo de 2,2 millones en 2022, pasó a 3,1 millones en Arizona en enero, 3,3 millones en febrero y, finalmente, 6,7 millones en Amelia en marzo, un salto que triplicó todas las referencias previas. Un día después, un Lamborghini Miura SV de 1972 se adjudicaba por 6,61 millones, reescribiendo la historia del modelo.
Diagnóstico de una fiebre: qué separa 2026 de la burbuja de 1990
Los paralelismos con el mercado de finales de los ochenta son inquietantes, según el equipo de Hagerty. Entonces, los precios de modelos como el Ferrari 308, el Boxer o el Daytona subían cada mes impulsados por capital japonés y por inversores que compraban a crédito. Ian Barkaway, hoy al frente de Barkaways, recuerda que «cambiábamos los ceros en las pegatinas de los parabrisas cada mes». En aquella época, la burbuja de activos nipona y la caída del Nikkei en 1990 precipitaron una venta masiva cuando los bancos reclamaron los préstamos. Hoy, el índice Hagerty detecta una correlación similar: si se compara el récord anual de subasta pública con la riqueza media del percentil 1% de hogares estadounidenses, en los últimos quince años esa ratio se ha superado nueve veces, frente a solo dos en los 22 años anteriores.
El coleccionista que compra por likes paga plusmarcas de martillo; el que compra por bastidor espera a que la parábola se convierta en recta.
Pero los factores de 2026 añaden matices. La nueva riqueza procedente de las criptomonedas y del auge de la inteligencia artificial está inyectando capital fresco sin la dependencia del crédito de entonces. Rick Carey, analista de mercado, apunta que «es una situación completamente distinta: hay demasiado dinero persiguiendo derechos de presunción con poco conocimiento». Las redes sociales, a su juicio, amplifican la presión por poseer el coche de moda, pero los compradores actuales manejan más información técnica que los especuladores de los noventa.
Jim Weed, editor de Ferrari Market Letter, añade otra capa: «Antes se coleccionaba por lo que querías conducir; hoy se colecciona por temas —amarillo, verde, kilómetros de fábrica—». Y, sobre todo, la propia Ferrari alimenta la espiral. Con su política de ventas ultra restringida para los modelos más exclusivos, los clásicos modernos se convierten en la única vía de acceso a un ‘juego completo’ de la serie halo. Dado que solo se fabricaron 400 Enzo frente a 1.300 F40, la presión sobre la oferta es brutal.
¿Corrección suave o el inicio del repliegue?
Las señales más recientes sugieren un enfriamiento. En la subasta de RM Sotheby’s en Mónaco, el 25 de abril de 2026, las estimaciones fueron más conservadoras y los precios, aunque altos, quedaron por debajo de los picos de enero. Ese mismo día, Broad Arrow adjudicó un Porsche 918 Spyder con paquete Weissach y pintura PTS por 4,68 millones de dólares, un 23% menos que el récord de 6,05 millones de Kissimmee. Una semana después, Bonhams Miami dejó sin vender un LaFerrari y dos F12 Berlinetta, señal de que las reservas de los vendedores ya no se alcanzan con tanta facilidad.
Para John Wiley, analista de Hagerty, la clave es que «cuando las curvas de precios se convierten en parábolas, la física del mercado suele imponerse». Los paralelismos con 1990 están sobre la mesa, pero esta vez las carteras de los compradores no están tan apalancadas y el conocimiento técnico es mayor. Como sugiere Carey, «puede que no estemos ante un crash, sino ante una nueva meseta de precios». El informe Hagerty 2026 no dicta sentencia, pero sí una advertencia: la exuberancia, cuando es irracional, siempre encuentra su correctivo.


