En siete meses, el Ferrari Enzo ha pasado de un récord de seis millones de dólares a otro de casi dieciocho. La curva de precios de los superdeportivos más exclusivos ha dejado de ser ascendente para volverse parabólica, y el último informe de la Guía de Precios de Hagerty lo documenta con la precisión de quien ha visto este tipo de fiebre antes: en 1989, justo antes del desplome.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: El mercado de superdeportivos europeos ha vivido en 2026 una escalada de precios sin precedentes, con récords mundiales en Ferraris, Porsche y Lamborghini.
- No te lo puedes perder: La colección Bachman en Mecum Kissimmee desencadenó una fiebre que triplicó el récord anterior del Ferrari Enzo, con un martillo cercano a los 18 millones de dólares.
- Cifras y cotización: El Porsche Carrera GT superó los 6,7 millones, el Lamborghini Miura SV rozó los 6,6 y el Ferrari Monza SP2 alcanzó los 4,95 millones en Amelia Island, según datos de Hagerty y las casas de subastas.
Récords que rozan lo parabólico
El detonante se produjo en la subasta Mecum de Kissimmee, a principios de enero. La colección de Phil Bachman, con más de 45 Ferrari de ediciones escasas y bajo kilometraje, puso la mecha: cayeron diecinueve récords de la firma, incluidos los cinco modelos halo —288GTO, F40, F50, Enzo y LaFerrari—. El Enzo, con una especificación única y apenas uso, se fue hasta los 17,9 millones de dólares, tres veces la anterior plusmarca que ostentaban el primer Enzo del piloto Fernando Alonso y el último fabricado, subastado para beneficencia por el Papa.
La semana siguiente, en Arizona, RM Sotheby’s confirmó la tendencia con un Enzo y un F50 que, sin alcanzar las cotas de Kissimmee, superaron con holgura el valor máximo de la guía Hagerty para concours. Pero el contagio no se quedó en Estados Unidos. A finales de enero, en París, RM Sotheby’s colocó otro Enzo de 2004 con solo 400 kilómetros por 8.105.000 euros (unos 9,7 millones de dólares), mientras que Gooding Christie’s remató un 288 GTO de 1984 por 9.117.500 euros (10,9 millones) y un FXX K Evo de 2018 por 6,98 millones de euros, tres récords mundiales en una sola sesión.
La propagación saltó de marca. En marzo, Broad Arrow llevó el Ferrari Monza SP2 a 4,955 millones en Amelia Island, casi el doble del récord fijado tres meses antes en Abu Dabi. El Porsche Carrera GT, que en 2022 se movía en torno a los 2,2 millones, pasó a 3,1 en Arizona, 3,3 en Miami y, finalmente, 6,7 millones también en Amelia con un ejemplar de pintura especial. Un día después, un Lamborghini Miura SV de 1972 alcanzó los 6,605 millones.

Los ecos del crac de los noventa
El paralelismo más inquietante lo aporta la propia Hagerty: si se compara el récord anual de venta pública de un automóvil de colección desde 1989 con la riqueza media del uno por ciento más rico de Estados Unidos, la correlación es asombrosa. Entre 1989 y 2010, el récord solo superó la riqueza del primer percentil en dos ocasiones, los años 1989 y 1990. En los últimos quince años lo ha hecho nueve veces.
Aquella burbuja de finales de los ochenta también fue un festín Ferrari. Ian Barkaway, hoy al frente del taller de restauración Barkaways, trabajaba entonces para Kent High Performance: «Cambiábamos los ceros de los precios en los parabrisas cada mes —recuerda—. Los 308, los Boxer, los Daytona… se dispararon y la gente entregaba tres o cuatro coches para comprar uno. Luego, en cuestión de meses, todo se vino abajo». En Estados Unidos, Jim Weed, entonces director de servicio de FAF Motorcars y editor del Ferrari Market Letter, lo vivió igual: «La gente pagaba sumas desorbitadas, muchas veces con dinero prestado. Cuando los bancos empezaron a reclamar los préstamos, el mercado colapsó».
Las curvas de precios ya no son ascendentes: son parabólicas. Algo que los analistas veteranos solo habían visto en los meses previos al crac de los noventa.
¿Corrección suave o calma antes de la tormenta?
Las coincidencias no terminan en la estadística. La burbuja japonesa de entonces inyectó liquidez de nuevos coleccionistas; hoy las criptomonedas y la explosión de la inteligencia artificial generan fortunas igual de repentinas. La volatilidad bursátil tras el lunes negro de 1987 empujó a muchos inversores hacia activos tangibles como los coches, lo mismo que ocurre ahora con ciertos patrimonios que buscan refugio en bienes exentos de impuestos sobre las ganancias. Y el control férreo que Maranello ejerce sobre las listas de espera de sus hipercoches hace que los modelos de generaciones anteriores parezcan más accesibles.
Sin embargo, los veteranos matizan. «Entonces había consorcios de gente que se juntaba para comprar coches sin importarles cómo estuvieran, solo querían subirse al tren, dar la vuelta y ganar dinero —explica Barkaway—. Hoy los compradores son más entusiastas, saben exactamente lo que quieren». Rick Carey, analista de coleccionismo, coincide: «El de 1988-89 fue un mercado de especuladores puros. Ahora lo que sobra es dinero persiguiendo derechos de presunción, pero con poco conocimiento». Carey apunta a los nuevos millonarios de la IA: «No han pensado qué hacer con tanto dinero hasta que lo tienen, y van a por los coches que les dicen que son los que hay que tener».
Las últimas subastas de primavera han mostrado cierta moderación. En Mónaco, RM Sotheby’s obtuvo precios altos pero dentro de estimaciones más conservadoras y por debajo de las locuras de Kissimmee. En Costa Mesa, Broad Arrow vendió un Porsche 918 Spyder Weissach con pintura individual por 4,68 millones, casi un cuarto menos que otro Weissach similar rematado en Kissimmee por 6,05 millones. Y en Miami, Bonhams dejó sin vender un LaFerrari, un F12 Berlinetta y un F12 MP4 Prototipo, todos ellos sin alcanzar la reserva.
Que aún sea pronto para hablar de un estallido lo sugiere la propia naturaleza del mercado actual: una cantidad ingente de dinero persigue un número muy reducido de automóviles de alta gama. «Sigue siendo una cuestión de oferta y demanda —concluye Weed—. Hay 1.300 F40, pero solo 400 Enzo. Y si te han dicho que necesitas el juego completo, tienes que comprar uno. Hay más dinero y más gente con enormes fondos para coches, así que la demanda sube y los precios también». La pregunta es si esa misma gente podrá resistir cuando los tipos de interés vuelvan a apretar o el primer susto bursátil les haga reconsiderar su colección temática.

