En una época en la que la mayoría de los coches parecen haberse convertido en ordenadores sobre ruedas, en los que cada movimiento pasa por sensores, asistentes y algoritmos, surge una propuesta que va a contracorriente con una sonrisa desafiante. La joven firma italiana Brado ha decidido debutar con este sensacional Carbon Buggy, un vehículo que se convierte en una reinterpretación moderna del clásico buggy, pero con un espíritu puramente analógico y una estética que mezcla artesanía, ingeniería ligera y nostalgia bien entendida.
Este proyecto no nace de la nada. Detrás de él hay nombres con peso en la industria del motor, experiencia en competición y un enfoque de diseño que combina tradición y vanguardia. El resultado no es otro que un vehículo que no pretende ser masivo ni convencional, sino un juguete serio para quienes buscan sensaciones reales, sin filtros electrónicos ni artificios.
Un equipo con ADN de competición y diseño de alto nivel se esconde detrás de Brado
El Brado Carbon Buggy es obra de Matias Mussetta y Andrea Mazzuca, dos perfiles que han pasado por algunos de los entornos más exigentes del automovilismo. Mussetta, en particular, acumula experiencia en Scuderia Toro Rosso, Lamborghini, Dallara y hasta en el equipo Ferrari en las 24 Horas de Le Mans. No es precisamente el currículum de aficionado.
El diseño corre a cargo del argentino Juan Manuel Díaz, un nombre que muchos entusiastas reconocerán por su trabajo en piezas tan icónicas como el Alfa Romeo 8C Competizione, el MiTo, el Audi R8 Spyder o el más reciente RS Q e-tron del Dakar. Su firma se nota en las proporciones, en la limpieza de líneas y en esa mezcla de minimalismo y carácter que define a este Brado Carbon Buggy.
Un buggy minimalista, ligero y con presencia sobre el asfalto

El Brado Carbon Buggy apuesta por una estética muy pura, casi escultórica. Su carrocería tipo bañera, tallada como si fuera una pieza monolítica, se combina con saltones faros redondos, un liviano techo de lona y unas proporciones compactas que lo hacen especialmente llamativo. Con apenas 3.310 milímetros de largo, este juguete es incluso más corto que un Fiat 500, pero la anchura en su parte trasera alcanza los 1.810 milímetros, aportando una postura sólida y musculosa.
El habitáculo es una extensión de esa filosofía minimalista. No hay puertas, no hay ventanas y lo más sorprendente… no hay pantallas. El interior está prácticamente abierto al exterior, lo que convierte cada trayecto en una experiencia sensorial. Los materiales, eso sí, están muy cuidados: cuero de alta calidad, tejidos de grado náutico y detalles en titanio. En la consola central de este Brado Carbon Buggy solo hay un dial y unos pocos controles físicos. Nada más. Nada menos. Es un coche para conducir, no a navegar por diferentes menús.
El Brado Carbon Buggy se mueve gracias a míticos motores boxer aircooled

Bajo esa carrocería minimalista se esconde un avanzado chasis de tipo monocasco y construido en fibra de carbono, acompañado de una estructura de seguridad visible que refuerza su estética de vehículo recreativo. La elección de materiales tampoco es casual. Y es que este artesanal constructor italiano quería un buggy ligero, rígido y resistente, capaz de ofrecer sensaciones puras sin necesidad de ayudas electrónicas.
La mecánica es otro guiño al pasado. El Brado Carbon Buggy monta un propulsor bóxer sobre su eje trasero que está refrigerado por aire y que firma la casa alemana Volkswagen. Alimentado por dos carburadores y conectado exclusivamente a una caja de cambios manual, se han animado a prescindir de tecnología del Siglo XXI como la sobrealimentación, la inyección directa… Y claro está, cualquier atisbo de electrificación para potenciar su mecánica en estado puro.
Este artesanal constructor italiano ofrece dos configuraciones mecánicas diferentes, que tienen 1,8 y 2,0 litros de cilindrada para generar 85 y 110 CV de potencia respectivamente. Claramente no son unas cifras espectaculares, pero en un vehículo tan ligero y tan emocionante, la potencia pasa a un segundo plano. Aquí lo importante es la conexión entre conductor, máquina y terreno.
Un juguete serio para un público muy concreto

La suspensión utiliza unos amortiguadores ajustables, mientras que los frenos son de disco en las cuatro ruedas. Brado ofrece también dos configuraciones según el uso que le vaya a dar su afortunado propietario: una off-road equipada con neumáticos BF Goodrich y otra mixta con neumáticos Cooper Cobra.
Brado concibe el Carbon Buggy como un producto de serie limitada, destinado a un público que busca exclusividad, diseño y sensaciones puras. Cada unidad se personaliza al detalle, y los compradores adquieren el rol de codiseñadores, eligiendo incluso el tono del tejido de la fibra de carbono. Es un enfoque artesanal que recuerda a los pequeños fabricantes europeos de los años sesenta y setenta, pero con técnicas modernas.
El Brado Carbon Buggy no es el único en este universo de automóviles

El Brado Carbon Buggy no está solo en esta reinterpretación moderna del clásico buggy de antaño. La compañía estadounidense Meyers Manx ya ofrece el Manx 2.0 eléctrico y el LFG, una edición limitada con carrocería de carbono y un motor bóxer de seis cilindros firmado por Porsche y puesto al día nada menos que por los maestros de Tuthill. Por otro lado, el Callum Skye propone una visión más tecnológica, con un enfoque multiterreno y propulsión eléctrica.
Brado, sin embargo, se desmarca con una propuesta más purista, más mecánica y más emocional. En un mercado donde todo tiende a electrificarse y digitalizarse, el Carbon Buggy es casi un acto de rebeldía.
5 claves del Brado Carbon Buggy
- Conducción analógica — Sin pantallas, sin asistentes, sin filtros.
- Diseño minimalista — Carrocería tipo bañera, líneas limpias y proporciones compactas.
- Mecánica clásica — Motor bóxer VW refrigerado por aire y cambio manual.
- Construcción ligera — Monocasco de carbono y estructura antivuelco expuesta.
- Producto exclusivo — Serie limitada con personalización profunda para cada cliente.
Fotos: Brado

























