¿Te imaginas ir conduciendo tranquilamente y, de repente, encontrarte con una multa de la DGT? El motivo no es haber superado el límite de velocidad, ni cruzar en rojo, ni haberte saltado un stop. La razón puede estar delante de ti, literalmente.
Muchos conductores piensan que un pequeño desperfecto en el parabrisas es solo un problema estético, pero la realidad es que te expones a una sanción importante.
Por qué te puede multar la DGT si tu luna no está perfecta

Seguro que alguna vez te ha saltado una piedrecita mientras ibas por la autopista. Al principio parece que no es nada, solo una pequeña marca. Sin embargo, el Reglamento General de Circulación es muy estricto con la visibilidad. En su artículo 19 dice que la superficie acristalada del vehículo debe permitirte una visión diáfana de la carretera. Esto significa que no puede haber nada que entorpezca tu vista, ni pegatinas mal puestas, ni suciedad excesiva, y por supuesto, ni grietas ni roturas.
El artículo 18 también refuerza esta idea al recordar que como conductor tienes la obligación de mantener siempre un campo de visión suficiente. Si un agente de tráfico te para y considera que una grieta dificulta tu visión o que puede provocar un reflejo molesto, tiene la autoridad para sancionar. No importa si crees que ves bien; lo que importa es que el cristal no está en perfectas condiciones y eso se considera una infracción grave.
La multa por circular con el parabrisas en mal estado es de 200 euros. Además, en los casos más extremos, si el agente considera que el daño es tan grande que supone un peligro inminente para la seguridad vial, puede llegar a inmovilizar tu vehículo. Esto significa que no podrías seguir tu camino y tendrías que llamar a una grúa, lo que complicaría mucho más tu día y tu bolsillo.
El peligro para la seguridad de una luna agrietada

Más allá del dinero que te pueda costar la multa, tienes que entender que el parabrisas no es solo un trozo de vidrio para que no te pegue el aire en la cara. Es una pieza fundamental de la estructura de tu coche. De hecho, aporta buena parte de la resistencia del techo en caso de que el coche vuelque. Si el cristal ya tiene una fisura, esa resistencia se pierde y el riesgo de que el techo se aplaste es mucho mayor.
Por otro lado, el parabrisas sirve como apoyo para que el airbag del acompañante funcione. Cuando el airbag salta, se apoya en el cristal para inflarse hacia el pasajero. Si el cristal está débil por una grieta, podría romperse con la fuerza de la explosión del airbag y este no protegería a la persona como debería.
Además, una grieta distorsiona la luz. Por la noche, los faros de otros coches pueden crear destellos extraños al chocar con la rotura, cegándote por unos segundos. También dificulta que calcules bien las distancias o que veas a un peatón que cruza de repente. En días de lluvia o con niebla, el problema se multiplica porque el limpiaparabrisas no barre bien sobre la zona dañada y la visibilidad se vuelve casi nula.
Si te has dado cuenta de que tienes un impacto, no esperes a que se haga más grande. En muchas ocasiones se puede hacer una reparación rápida, pero para que esto sea posible tienen que cumplirse unas reglas muy concretas.
Con los cambios de temperatura, como poner la calefacción a tope en invierno o el aire acondicionado en verano, el cristal se expande y se contrae. Esto hace que una pequeña muesca se convierta en una raja que cruza todo el cristal en cuestión de segundos. Si esperas demasiado, lo que era un arreglo de treinta minutos se convertirá en tener que dejar el coche en el taller para cambiar toda la luna.
Otro punto que debes tener muy en cuenta es la ITV. Si vas a pasar la inspección técnica y tienes una grieta en el parabrisas, lo más probable es que te den un resultado desfavorable. Los inspectores revisan con cuidado el estado de los cristales. Si ven que el daño está en la zona de visión o que afecta a la resistencia, no te dejarán pasar la prueba. Tendrás que ir al taller, arreglarlo y volver otro día para que comprueben que ya está bien.
Cómo evitar que se rompa el cristal de tu coche

Aunque a veces es inevitable que salte una piedra, hay formas de reducir el riesgo de acabar con una grieta. Lo más importante es la distancia de seguridad. Si vas muy pegado al coche o al camión que tienes delante, tienes muchas más posibilidades de que cualquier cosa que desprendan las ruedas golpee el cristal con fuerza. Cuanto más lejos estés, más tiempo tendrá ese objeto para perder velocidad o caer al suelo antes de llegar.
Ten especial cuidado en las carreteras que están en obras o en zonas donde hay mucha gravilla suelta. En esos lugares, intenta circular más despacio. Al ir a menos velocidad, si algo golpea el cristal lo hará con menos energía y será menos probable que llegue a romperlo. También es recomendable evitar aparcar el coche en lugares donde le dé el sol directo durante muchas horas si ya tienes un pequeño impacto, ya que el calor extremo es el mejor amigo de las grietas para que se extiendan.
Mantener las escobillas del limpiaparabrisas en buen estado también ayuda. Si están viejas o tienen arena, pueden rayar el cristal. Esas rayas, aunque parecen inofensivas, debilitan la superficie y hacen que sea más fácil que un pequeño golpe acabe en rotura.
Si cuidas estos detalles y revisas tu coche de vez en cuando, conducirás mucho más tranquilo y no tendrás que preocuparte por esos 200 euros de multa.
















































































































































































