Hay visitas que aceleran el pulso hasta casi detenerlo. El último vídeo de Tyrrell’s Classic Workshop nos muestra dos ejemplares del Jaguar D-Type que harían temblar a cualquier aficionado: el prototipo original de morro corto y el penúltimo D-Type de morro largo, dos de los apenas 18 coches de fábrica construidos. Iain Tyrrell, anfitrión del espacio, no cabía en sí de emoción mientras los mecánicos preparaban los vehículos para la colaboración con el Jaguar Daimler Heritage Trust.
El vídeo arranca con la presentación del ejemplar de nariz corta, el prototipo que jamás ha abandonado la propiedad de Jaguar. Su diseño fue obra de Malcolm Sayer, un aerodinamicista que antes de recalar en la firma británica había trabajado en la industria aeronáutica. Tyrrell subraya que a Sayer no le gustaba que le llamaran estilista: él se consideraba un científico del aire. Los últimos once D-Type adoptaron un morro alargado para mejorar la eficiencia aerodinámica, reflejo de cómo la comprensión del flujo de aire cambió radicalmente durante los años cincuenta. “Estos coches ganaron tres veces Le Mans”, recuerda Tyrrell, y no es para menos: con su construcción de aluminio ultraligero, parecen pequeños aviones sin alas.
Malcolm Sayer, el ingeniero aeronáutico que esculpió el viento
Mientras los protagonistas hablan, un caza a reacción sobrevuela el taller, un telón de fondo perfecto. Sayer había diseñado aeronaves antes de aplicar sus conocimientos a los Jaguar de competición. La obsesión por la ligereza se traduce en cada remache: la carrocería de aluminio se asemeja a la de un avión ligero, y el chasis tubular apenas pesa lo imprescindible. Tyrrell insiste en que estas máquinas fueron concebidas para dominar las rectas de la Sarthe y para rozar los 310 km/h en 1954, una cifra que hoy sigue siendo respetable.
Neil, gestor de la colección del Jaguar Daimler Heritage Trust, interviene para recordar anécdotas que hoy parecen increíbles. El mítico piloto de pruebas Norman Dewis conducía estos D-Type desde Coventry hasta Le Mans por carretera, incluyendo el ferry a través del Canal de la Mancha. William Lyons, fundador de Jaguar, era famoso por exprimir hasta el último penique de cada operación. “¿Para qué gastar en transporte si puedes llevar el coche rodando?”, resume el espíritu de la época. No era una excentricidad, sino una muestra de la mentalidad frugal que convirtió a Jaguar en un gigante a pesar de operar casi como una industria artesanal.
Un dato sorprendente que Neil comparte es que el equipo privado Ecurie Ecosse disponía de su propio transportador, algo que Jaguar ni siquiera tenía. Aun así, los D-Type oficiales llegaban a las carreras y volvían a casa por sus propios medios, a menudo con la copa en el maletero.
«William Lyons era famoso por exprimir hasta el último penique de valor de todo. ¿Para qué gastar en transporte si podías conducir el coche hasta Le Mans, ganar la carrera y volver por la autopista?»
— Neil, del Jaguar Daimler Heritage Trust, en Tyrrell’s Classic Workshop
El Jaguar Daimler Heritage Trust: custodios de un legado sin precio
Ambos D-Type pertenecen al patrimonio del Jaguar Daimler Heritage Trust, una entidad creada en 1983 para evitar que los fondos históricos de la marca acabasen en manos extranjeras. Neil explica que, cuando se temió que alguien comprase Jaguar y vendiese la colección, la empresa decidió donar los vehículos a un fideicomiso con el mandato de conservarlos “para toda la eternidad” dentro del Reino Unido. Los coches no son piezas de museo estáticas: los mantienen en marcha, los conducen de forma regular —aunque sin competir— y los llevan a eventos para que el público pueda olerlos y escucharlos. “Uno de nuestros objetivos es inspirar a los jóvenes”, dice Neil. Sueña con que algún día un campeón de Fórmula 1 confiese que se enganchó al motor tras ver un D-Type acelerar en la calle.
Hablando en vulgar metal, Tyrrell recuerda que el último D-Type de fábrica vendido en el mercado abierto alcanzó los 16,5 millones de libras en 2019. Con dos ejemplares en el taller, las matemáticas marean. Pero el valor de estos automóviles no se mide solo en libras: son el testimonio rodante de una época en la que un pequeño fabricante británico se atrevió a desafiar a los grandes nombres del automovilismo mundial.
El bloque motor que hacía posible semejantes hazañas era el legendario 3.4 litros XK. Derivado del propulsor del Jaguar XK120, ofrecía una potencia más que suficiente para que el prototipo alcanzase los 192 mph (unos 309 km/h) en pruebas de velocidad por aquel entonces, con una velocidad de casi 310 km/h lo que hoy parecería una temeridad. Tyrrell contextualiza el dato: mientras el ciudadano medio circulaba en un Austin, el D-Type rozaba los 310 km/h. El éxito en competición se retroalimentaba con las ventas: ganar el domingo, vender el lunes, una estrategia que William Lyons supo explotar como nadie.
Implicaciones para el aficionado: ver, oler y escuchar historia viva
La colaboración entre Tyrrell’s Classic Workshop y el Jaguar Daimler Heritage Trust ofrece mucho más que una exhibición de hardware. Demuestra que preservar el patrimonio también es mantener viva la experiencia sensorial de estas máquinas. En un momento en el que el automóvil clásico se enfrenta a debates sobre sostenibilidad y relevancia, estos vídeos funcionan como cápsulas del tiempo que conectan a las nuevas generaciones con la ingeniería analógica. Además, ponen sobre la mesa el valor de los fideicomisos de conservación como alternativa a la especulación: estos D-Type nunca volverán a venderse, y eso es una garantía para los aficionados de todo el mundo.
El episodio deja claro que la verdadera riqueza de la colección no está en el precio de subasta, sino en el crujido del aluminio, el aroma a gasolina evaporada y el estruendo del seis en línea. Una noticia esperanzadora para quienes temen que los coches de leyenda acaben languideciendo en garajes sellados.
El vídeo de Tyrrell’s Classic Workshop no es solo una clase magistral de historia del motor; es una invitación a sentir la vibración de un motor XK en directo. Si alguna vez soñaste con el rugido de un D-Type, este paseo virtual es lo más cerca que puedes estar sin pagar 16 millones de libras. ¿Será este el chispazo que encienda la vocación del próximo ingeniero campeón del mundo?
Puedes ver el vídeo completo a continuación:


