La batería de tu coche tiene una vida útil bastante clara y, aunque no lo creamos, suele enviarnos señales cuando está a punto de morir. Su función es suministrar la energía necesaria para arrancar el motor y alimentar los sistemas eléctricos cuando el coche no está en marcha.
La vida útil de este dispositivo es de entre tres y cinco años, aunque algunos fabricantes amplían la cifra hasta los seis o siete años en condiciones ideales. Con el paso del tiempo, lógicamente pierde capacidad, igual que la batería de cualquier otro aparato electrónico. El problema es que no siempre te va a saltar un indicador luminoso que te avise, pero sí te puede enviar señales.
Arranque lento o ‘perezoso’: la primera señal de tu batería

Es el síntoma más habitual. Por ejemplo, cuando giras la llave o pulsas el botón y notas que al motor de arranque le cuesta más de la cuenta, suena más forzado o más lento.
Al final, tú conoces mejor que nadie tu coche y deberías reconocer si el sonido al arrancar es normal. En cambio, cuando la batería pierde capacidad, no entrega toda la intensidad suficiente en comparación con una nueva, así que el arranque es más largo de lo normal. A veces, incluso necesitas hacer varios intensos, sobre todo por la mañana cuando hace mucho frío.
Las bajas temperaturas reducen el rendimiento y exigen más esfuerzo al sistema de arranque. También puede ocurrir después de varios días sin arrancar el coche.
Luces débiles y fallos eléctricos

Otra señal bastante evidente está en los elementos eléctricos. Por ejemplo, faros que iluminan menos, elevalunas más lentos de lo normal, el sistema multimedia se reinicia sin motivo… Cuando la batería pierde su capacidad, el coche prioriza el arranque, y eso puede afectar al buen funcionamiento del resto de sistemas.
Eso sí, un alternador en mal estado también puede provocar síntomas similares. La diferencia es que el alternador falla mientras el coche está en marcha y la batería suele dar problemas sobre todo al arrancar.
El testigo de la batería en el cuadro

En el cuadro de instrumentos hay un indicador luminoso con forma de batería y, si se enciende, significa que hay un problema con el sistema de carga. Eso sí, no siempre quiere decir que la batería haya llegado al final de su vida útil.
El testigo se puede encender por un fallo en el alternador, en la correa o en el propio circuito eléctrico. Si el testigo aparece en marcha y no se apaga, lo recomendable es que no alargues más el trayecto, porque cuando la batería se descargue por completo, el motor se detendrá y entonces sí que tendrás un problema.
Olor raro, corrosión o batería deformada

Hay muchos tipos de señales, y algunas ‘huelen’. Si al abrir el capó notas un olor fuerte, parecido al azufre, es que algo no va bien. Puede ser una fuga interna o una sobrecarga.
También puedes ver restos blanquecinos o azulados en los bornes, lo que conocemos como sulfatación, que puede dificultar el contacto eléctrico y empeorar el rendimiento.
Más preocupante es una batería hinchada o deformada, porque el calor excesivo o una carga inadecuada pueden alterar su estructura, así que en este caso también tendrás un problema de seguridad.
Ojo si tu batería tiene muchos años

Aunque no haya señales evidentes, también importa mucho la edad de la batería. Si tiene más de cuatro o cinco años, empieza a vigilarla. No todas presentan fallos al mismo tiempo, pero lógicamente la probabilidad aumenta.
El uso también influye mucho. Si eres de hacer trayectos cortos y frecuentes, a la batería no le da tiempo a recargarse por completo. El calor extremo y las bajas temperaturas también influyen mucho, igual que dejar parado el coche durante semanas.


















































































































































































