Cuando Carroll Shelby decidió guardar para sí uno de los seis Cobra Daytona Coupe que su fábrica había construido, eligió el chasis CSX2300. Era el tercero de la serie y el que, tres décadas después, seguía en su garaje personal. Hoy, más de medio siglo después de sus éxitos en competición, esa misma unidad sale a la venta. Gooding & Company la presenta en su subasta de Pebble Beach de agosto de 2026 con una estimación que supera los 25 millones de dólares. La puja podría reescribir el libro de récords del automóvil americano.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: el CSX2300 es el único Daytona Coupe que perteneció a su creador, Carroll Shelby, durante más de veinte años.
- No te lo puedes perder: el coche se presenta con la librea azul y el dorsal 12 que lució en las 12 Horas de Sebring de 1965, restaurado por el mismo especialista de confianza de Shelby.
- Cifras y cotización: tercero de los seis ejemplares fabricados en 1964 para batir a los Ferrari 250 GTO. Estimación ‘Superior a 25.000.000 US$’ que, de alcanzarse, lo convertiría en el coche americano más caro jamás subastado.
El chasis que Shelby no quiso vender
El Shelby Cobra Daytona Coupe nació con un objetivo muy concreto: derrotar a los Ferrari 250 GTO en el Campeonato del Mundo de GT de la FIA. Peter Brock dibujó una carrocería coupé de aluminio, construida por Carrozzeria Gransport, que transformaba el roadster Cobra en un proyectil aerodinámico capaz de plantar cara a los mejores gran turismo italianos. De los seis ejemplares fabricados, el chasis CSX2300 fue el tercero, y debutó en el Tour de Francia Automobile de 1964 con Bob Bondurant y Jochen Neerpasch al volante.
Victorioso en las dos primeras etapas, los problemas mecánicos le apartaron de la lucha por la general, pero el Daytona ya había mostrado el camino. En 1965 fue pieza clave en la histórica campaña con la que Shelby American arrebató el título mundial de GT a Ferrari. CSX2300 compitió en las 24 Horas de Daytona —tercero de clase, sexto absoluto— y en las 12 Horas de Sebring con el dorsal 12 que ahora vuelve a lucir. Después se unió al esfuerzo europeo liderado por Alan Mann Racing, con participaciones en Nürburgring (tercero de clase) y Reims (segundo de clase).
Cuando la normativa de la FIA dejó obsoleto al Daytona en 1966 y el foco pasó al programa Ford GT40, el CSX2300 fue el único de los seis que prolongó su vida competitiva más allá del equipo de fábrica. Emigró a Japón y siguió corriendo con éxito hasta 1968, en escenarios como el Fuji Speedway y el Gran Premio de Japón.
Pebble Beach 2026: la cita que puede hacer historia
La subasta de Gooding Christie’s en Pebble Beach, programada para los días 14 y 15 de agosto de 2026, sitúa al CSX2300 como la estrella de la Monterey Car Week. La estimación «Superior a 25.000.000 US$» lo convertiría, de alcanzarse, en el coche americano más caro jamás vendido en pública subasta. El récord actual lo ostenta el Duesenberg SSJ de 1935, rematado por 22 millones de dólares en este mismo escenario en 2018, y que también es el automóvil de preguerra más valioso del mundo.
Para Gooding, el lote aspira a pulverizar además su propio récord de Pebble Beach: los 25.305.000 dólares que alcanzó el Ferrari 250 GT SWB California Spider Competizione en 2025. El Daytona no solo se medirá con la historia de la marca Shelby —el récord vigente de un Shelby en subasta son los 13,75 millones del 260 Cobra CSX2000— sino que podría superar de un salto la barrera de los 25 millones y situarse entre los diez coches más caros del planeta subastados nunca.
Aunque la estrella mediática de la Monterey Car Week 2026 es el McLaren F1 GTR «Pop Art» que RM Sotheby’s ofrece con una estimación superior a los 35 millones, el Daytona arrastra una carga emocional e histórica difícil de igualar. Mientras el McLaren representa la cima de la ingeniería de los noventa, el Cobra es la encarnación de la gesta americana contra Europa en los circuitos de los sesenta, y este chasis concreto, el único con ADN directo de Shelby como propietario.
Un Cobra Daytona con historial de fábrica es la llave maestra del coleccionismo americano, pero que su creador lo guardase como joya personal eleva la pieza a un plano casi mitológico.
El mercado respira fondo
Que un automóvil americano supere la barrera de los 25 millones de dólares no es un hecho menor. Hasta ahora, apenas una decena de vehículos estadounidenses han cruzado el umbral de los diez millones en subasta pública, y la mayoría son Duesenberg de preguerra. El CSX2300 encarna un tipo de valor distinto: no apela al lujo art déco ni a la exclusividad de una marca de élite, sino a la mística de Shelby, a su palmarés deportivo y a una procedencia intachable.
Conviene recordar que Carroll Shelby retuvo este coche durante más de dos décadas, entre 1975 y 1998. Durante su custodia, el vehículo fue restaurado por Mike McCluskey, el especialista de confianza de la casa, para devolverlo a su configuración de 1965. Participó en los encuentros más importantes de la marca, como la SAAC-9 de Anaheim en 1994 y la reunión del 30 aniversario del Cobra en Sonoma. Más tarde, bajo la propiedad de Larry Bowman, recibió una segunda restauración en el año 2000 que respetó escrupulosamente las marcas de su vida de competición.
En las dos últimas décadas, su actual propietario ha mantenido el coche en activo, llevándolo a las citas más selectas del calendario europeo de históricos: Tour Auto, Modena Cento Ore, el Goodwood Revival y, hace apenas unas semanas, el Goodwood Festival of Speed de julio de 2026. Así, el CSX2300 llega a Pebble Beach no como una pieza de museo, sino como un clásico vivo, con la pátina justa y un historial deportivo que ningún otro Daytona puede igualar.
Si el martillo supera los 25 millones, el Daytona de Shelby no solo será el coche americano más caro de la historia. También certificará que el coleccionismo de competición estadounidense compite ya de tú a tú con las berlinettas de Maranello en la primera división del mercado.

