Stellantis negocia vender su planta de Brampton a Roshel y pone en juego 2.000 empleos

El sindicato Unifor condiciona la firma del convenio a una salida laboral para la Local 1285 y deja abierta una posible huelga antes del 20 de septiembre. Roshel promete más de 2.000 empleos, pero con una escala salarial que no equipara a la del sector automotriz.

Stellantis negocia la venta de su planta de Brampton a Roshel y convierte el convenio colectivo canadiense en un pulso sobre qué industria sobrevive. El traslado de la producción del Jeep Compass a Estados Unidos dejó la fábrica de Ontario sin producto y abrió la puerta a una reconversión hacia la defensa.

La operación, aún tentativa, pone en juego de forma directa los puestos de la Local 1285 de Unifor. Roshel, fabricante de vehículos blindados, aspira a crear más de 2.000 empleos en un complejo reconvertido en polo de manufactura militar. La lectura industrial es distinta: Canadá pierde una de sus plantas de ensamblaje de automóviles.

Un acuerdo tentativo que confirma el giro de Stellantis

El Memorandum of Understanding firmado con Roshel llega después de un verano de tensiones. En agosto, según el sindicato, la compañía comunicó a Unifor que se planteaba seriamente el cierre y la venta de la instalación a un tercero. La dirección defendió el acuerdo como una vía para restaurar una operación sostenible y evitar una inactividad prolongada.

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La planta de Brampton debía construir el rediseñado Jeep Compass. La guerra comercial entre Washington y Ottawa empujó a Stellantis a trasladar esa producción a territorio estadounidense. Ese movimiento dejó sin asignación a la factoría de Ontario y debilitó la posición del sindicato en la mesa de convenio.

Unifor y la amenaza de huelga del 20 de septiembre

FABRICA STELLANTIS OHIO Motor16

Unifor ha rechazado el acuerdo en los términos actuales. La organización considera que la opción Roshel amenaza los salarios, las pensiones y otros beneficios de sus afiliados, y la califica de golpe devastador para el sector industrial canadiense. La consigna es directa: sin una solución adecuada para la Local 1285 no habrá convenio colectivo.

El calendario aprieta. El convenio vigente expira el 20 de septiembre a las 23.59 horas y las negociaciones se encuentran en un punto muerto desde el 11 de septiembre, cuando no se alcanzó el acuerdo tentativo esperado. La huelga no es una hipótesis retórica; es el instrumento con el que Unifor busca reabrir la discusión sobre el futuro industrial de la planta.

No existe un sustituto económico para el ensamblaje automotriz canadiense: ni en la cadena de suministro, ni en la calidad del empleo sindicado.

Roshel quiere suavizar la transición ofreciendo prioridad de contratación a los despedidos en el futuro Canadian Center of Excellence for Defense Manufacturing. Suena bien en un comunicado. El sindicato desconfía de la letra pequeña: la escala salarial del sector de defensa no equipara la del automóvil y los planes de pensiones suelen ser inferiores.

No es el único foco abierto en la negociación. Unifor también reclama claridad sobre la planta de ensamblaje de Windsor, donde se fabrican el Chrysler Pacifica y el Dodge Charger, y sobre la fundición de Etobicoke, proveedora de piezas de aluminio para varios modelos del grupo.

Lo que pierde Canadá si Brampton deja de ensamblar coches

El caso Brampton no es un ajuste más de planta. Es un precedente de reconversión forzada por la guerra comercial y por la electrificación. En Europa, la respuesta a la sobrecapacidad ha sido distinta: las marcas negocian expedientes de regulación o reasignan plataformas. En Estados Unidos, el proteccionismo arancelario ha acelerado la relocalización de producción. Canadá se queda en medio. Sin el tamaño del mercado estadounidense ni la red industrial europea.

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Oshawa es el precedente más cercano: General Motors la cerró y la reabrió parcialmente para fabricar camionetas tras una presión sindical intensa. Brampton parte con una desventaja: no hay un producto asignado que justifique su continuidad dentro del grupo. La reconversión a defensa ofrece empleo, pero cambia la naturaleza del tejido industrial.

La apuesta de Stellantis es coherente con su estrategia de reducir capacidad en Norteamérica y priorizar plantas flexibles. La de Unifor defiende el valor del trabajo automotriz organizado. No se resolverá solo con empleos. Se resolverá con salarios y garantías contractuales. El próximo hito llega el 20 de septiembre, cuando expire el convenio.

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Análisis de Impacto

  • Dato de mercado: la reconversión de Brampton afecta a más de 2.000 empleos directos, sin contar el tejido de proveedores que abastece a la planta de ensamblaje.
  • El rumor: el sindicato advierte de que la compañía no ha confirmado los planes para Windsor ni Etobicoke, lo que amplía la negociación más allá de Brampton.
  • Veredicto: el acuerdo con Roshel es una salida industrial razonable para una fábrica sin producto, pero mal calibrada en lo laboral; sin protección salarial real el conflicto se enquistará aunque se evite la huelga.