Durante años, comprobar la presión de las ruedas del coche se ha reducido a un gesto casi instintivo: darle una pequeña patada al neumático para “ver si está bien”. Pero ese método, heredado de otra época, no solo es ineficaz, sino potencialmente peligroso. La presión incorrecta de las ruedas puede afectar el consumo, el agarre, el desgaste de los neumáticos e incluso la estabilidad del vehículo en una maniobra de emergencia.
En un momento en que los coches son cada vez más inteligentes, mantener las ruedas en su presión ideal sigue siendo una de las tareas más olvidadas por los conductores. Y, sin embargo, es una de las que más puede influir en la seguridad y el bolsillo. Una simple comprobación regular puede ahorrarte cientos de euros al año y, en el peor de los casos, evitar un accidente.
1Una presión incorrecta, un peligro invisible en la carretera
Muchos conductores no son conscientes de cuánto afecta la presión de las ruedas al comportamiento del coche. Antonio, técnico de un taller especializado en neumáticos, lo resume así: “El 60% de los conductores circula con una presión incorrecta, y la mayoría ni lo sabe”. Una presión baja hace que el neumático se deforme, aumentando la fricción con el asfalto. Resultado: el coche gasta más combustible, los neumáticos se calientan y se desgastan de forma irregular.
Por el contrario, una presión excesiva reduce la superficie de contacto con la carretera, disminuyendo la adherencia y alargando las distancias de frenado. Además, el coche se vuelve más nervioso y menos estable en curvas. “En ambos casos”, añade Antonio, “el riesgo de reventón aumenta y el control del vehículo disminuye. Y lo peor es que no lo notas hasta que ya es tarde”.


