Porsche cierra su etapa en el hipercoche croata Bugatti Rimac con una venta de 1.000 millones de euros. La operación, ya completada tras superar las autorizaciones correspondientes, deja a Mate Rimac al frente de la histórica marca francesa y aporta a la alemana una liquidez urgente en plena caída de beneficios.
El fabricante alemán no era dueño de toda Bugatti: tenía el 45% de Bugatti Rimac, la empresa creada en 2021 para agrupar al fabricante francés de origen y al especialista croata en hiperdeportivos eléctricos. El 55% restante estaba en manos de Rimac Group. Además, Porsche poseía directamente un 20,6% de Rimac Group, el conglomerado tecnológico que dirige Mate Rimac.
Ahora ha vendido ambas participaciones a un consorcio liderado por el fondo estadounidense HOF Capital y respaldado por inversores como BlueFive Capital, con sede en Abu Dabi. La transacción supone la salida total de Porsche y, por extensión, el cierre de la relación accionarial del Grupo Volkswagen con Bugatti.
Qué incluye la venta y en qué se gastará el dinero
La cifra exacta no se había hecho pública hasta ahora. Cuando Porsche anunció la intención de vender el pasado mes de abril, las partes evitaron desvelar las condiciones económicas. Solo se sabía que la compañía alemana quería liberar capital para concentrarse en sus propios automóviles y recuperar la senda de beneficios.
Según la información comunicada por la propia compañía, Porsche ingresará aproximadamente 1.000 millones de euros. Una cuarta parte de esa cantidad, 250 millones de euros, no irá destinada a desarrollar nuevos modelos ni a invertir en baterías: financiará obligaciones de pensiones de sus empleados. El resto permitirá mejorar la previsión de margen de flujo de caja del negocio automovilístico, que pasa de una horquilla del 3%-5% al 5,5%-7,5% para el cierre de 2026.
Ese destino concreto del dinero dice mucho de la situación financiera. El beneficio operativo de Porsche cayó un 93% en 2025 y su margen se desplomó del 14,1% al 1,1%, golpeado por los aranceles estadounidenses, la debilidad del mercado chino y una transición eléctrica más lenta y costosa de lo previsto.
Convertir dos participaciones minoritarias en mil millones de liquidez dice menos de la tecnología de Rimac que de las urgencias contables de Porsche.
Por qué el dinero gana a la tecnología de Rimac
La alianza con Rimac tenía sentido cuando Porsche necesitaba acceder rápidamente a experiencia en baterías, motores e inversores para deportivos eléctricos. Cinco años después, la alemana ya cuenta con modelos como el Taycan y el Macan eléctrico, pero ha vuelto a centrar su inversión en híbridos y nuevas versiones de combustión.
El Bugatti Tourbillon, el último gran lanzamiento, mantiene la electrificación como bandera: un híbrido de 1.800 CV con motor V16 y tres motores eléctricos que parte de 3,8 millones de euros. Pero la operación no supone una renuncia a esa tecnología puntera. Es, sobre todo, una decisión financiera: hacer caja y llevar los mil millones al balance.
Bugatti, recordemos, llegó al Grupo Volkswagen en 1998 y se transformó en una de las marcas más extraordinarias —y difíciles de rentabilizar— de la industria. El Veyron, lanzado en 2005, redefinió el concepto de hiperdeportivo y fue un capricho de Ferdinand Piëch en una época boyante: se estima que cada unidad vendida generaba unas pérdidas de 4 millones de euros. Hoy, en plena búsqueda de liquidez, retener una firma así no era una prioridad.
En la práctica, la salida confirma que la tecnología de Rimac —puntera en baterías e inversores— ya no es una necesidad estratégica para Porsche, que hoy apuesta por híbridos y nuevas variantes de combustión. El ahorro de costes y la generación de caja importan más que cualquier acceso preferente a innovación externa.

El nuevo tablero de Bugatti y lo que ve el lector español
Mate Rimac conservará el control operativo de Bugatti Rimac y asumirá la presidencia de Bugatti Automobiles. Los nuevos fondos de inversión aportarán capital y respaldo financiero, pero la dirección industrial y tecnológica seguirá girando alrededor del empresario croata. El accionariado de Bugatti queda así compuesto por Rimac Group y distintos inversores internacionales, sin influencia directa de Porsche ni del Grupo Volkswagen.
Para el aficionado español, la lectura es doble. En primer lugar, Porsche deja atrás su etapa en los hipercoches croatas para centrarse en el negocio principal y en modelos más comerciales, algo que en mercados como el español se traducirá en una mayor presión por mejorar márgenes en los segmentos de volumen y lujo medio. En segundo lugar, la venta demuestra que incluso las marcas más rentables del consorcio alemán necesitan liquidez en un contexto de aranceles y electrificación costosa.
El mercado español, donde Porsche mantiene una clientela fiel en modelos como el 911 o el Cayenne, observa este movimiento como un cambio de prioridades: menos aventura tecnológica externa y más disciplina financiera. La cifra de 1.000 millones de euros, con un cuarto destinado a pensiones, es la traducción contable de esa nueva etapa. Esta decisión no alterará la oferta actual de Porsche, pero sí puede acelerar la llegada de versiones híbridas de los modelos más vendidos y centrar el mensaje de la marca en la rentabilidad.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: Porsche obtiene 1.000 millones de euros por sus participaciones en Bugatti Rimac (45%) y Rimac Group (20,6%); destina 250 millones a financiar su fondo de pensiones.
- Consejo práctico: Para quien siga el mercado de lujo, la salida de Porsche deja a Mate Rimac con todo el control industrial de Bugatti, lo que puede acelerar la electrificación de la marca sin depender del grupo alemán.
- Así te afecta: Este movimiento confirma la prioridad de Porsche por la liquidez y los híbridos, una tendencia que en España se dejará notar en la gama y en los precios de los modelos más accesibles de la marca.

