La ‘Ley de Jay Leno’ entra en vigor en California: los coches de colección respiran

El proyecto SB1392, firmado por Gavin Newsom en el garaje de Burbank, libera de la prueba bienal de gases a los ejemplares anteriores a 1981. Los Ferrari 308 y Porsche 911 SC de especificación europea quedan expresamente fuera.

La ley Jay Leno ya está firmada en California: desde septiembre, los coches de colección anteriores al año modelo 1981 quedan exentos de la inspección bienal de emisiones. Gavin Newsom estampó su rúbrica en el garaje del propio Leno, en Burbank, y cerró así una batalla legislativa de dos años.

El proyecto, el SB1392, había muerto en comisión el curso anterior. Esta vez salió adelante con la presión del presentador y coleccionista y de la Specialty Equipment Market Association, la patronal del equipamiento y la preparación. No es un cheque en blanco: la exención llega con condiciones de uso, de seguro y de kilometraje que conviene leer con atención.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: la enmienda de la Sección 44011 del código de Salud y Seguridad californiano libera de la prueba bienal de gases a los collector motor vehicles anteriores a 1981 que cumplan los estándares de emisiones de su clase y año modelo.
  • No te lo puedes perder: los Ferrari 308 y Porsche 911 SC de especificación europea quedan fuera, justo los ejemplares que el coleccionista americano más ha codiciado durante cuatro décadas por su superioridad mecánica.
  • Cifras y calendario: exención inmediata hasta el año modelo 1980; desde el 1 de enero de 2028, un año más por curso hasta 2032, cuando entrarán los modelo 1986. Nada posterior está cubierto.

Qué exime exactamente la ley Jay Leno

La enmienda toca la sección que rige la inspección de emisiones y fija una exención inmediata para los vehículos de colección anteriores a 1981, con una salvedad que lo es todo: deben cumplir los estándares de su clase y año modelo. Un 308 europeo, sin los dispositivos federales de la época, no los cumple y queda fuera del paraguas. La ironía es fina: durante medio siglo, el coleccionista americano ha pagado sobreprecio precisamente por esos motores sin estrangular.

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Lo que sí persiste es una inspección liviana: comprobación funcional del tapón de combustible y revisión visual de fugas. Cualquier coche mantenido con oficio la supera sin sobresaltos. El legislador ha entendido, a la postre, que el problema no era el deportivo del domingo sino la burocracia que lo rodeaba.

La definición de vehículo de colección es la parte que más equívocos va a generar. Exige tres condiciones simultáneas:

  • Al menos 35 años de antigüedad.
  • Uso primordial en exposiciones, desfiles, actos benéficos y muestras históricas, nunca como medio de transporte principal del propietario.
  • Póliza específica de coche de colección, o acreditar menos de 1.000 millas anuales —1.609 kilómetros— mediante el procedimiento que diseñe el departamento.

El umbral de las mil millas y la póliza dibujan un perfil de propietario inequívoco: el aficionado que guarda, mantiene y exhibe, no el que usa el clásico para ir a la oficina. Quien haya restaurado un 911 SC con paciencia sabe que mil millas al año son, en la práctica, un fin de semana largo y tres concentraciones.

California lleva medio siglo fabricando la cultura del automóvil y dos décadas castigando a quienes la conservan.

Del dragstrip de Pomona al muro de 1975

Conviene recordar de dónde viene este estado. California fue incubadora de customizadores como Gene Winfield y George Barris, de preparadores como Vic Edelbrock y del primer campeón del mundo de Fórmula 1 nacido en América, Phil Hill. La primera prueba sancionada por la NHRA se corrió en 1953 en un aparcamiento recién asfaltado de Pomona, hoy In-N-Out Burger Pomona Dragstrip y la instalación del género con más años de actividad continua del país.

Los californianos se sumaron pronto al SCCA, primero en bases aéreas y aparcamientos de estadio, después en Willow Springs y en el trazado que hoy lleva el nombre de WeatherTech Raceway Laguna Seca. Carroll Shelby montó su taller de Cobras junto al aeropuerto de Los Ángeles. Y de aquí salieron cabeceras como Motor Trend, Hot Rod y Road & Track. Semejante pedigrí hacía difícil de explicar, al otro lado del Atlántico, el muro normativo de 1975.

Hasta 2005, el estado eximía de la prueba de emisiones a todo vehículo que alcanzase los treinta años por año modelo. Era una exención móvil, de modo que aquel año quedaban ya liberados los fabricados en 1975 o antes. En septiembre de ese mismo 2005, el gobernador Arnold Schwarzenegger firmó un paquete ambiental que derogó el mecanismo y congeló la frontera en el 75. Todo lo posterior seguiría pasando la prueba de por vida.

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La coincidencia fue cruel: la EPA apretaba las tuercas desde mediados de los setenta justo cuando esos coches empezaban a quedar varados en el limbo administrativo.

coches de colección California

El ‘malaise era’ sale del purgatorio

Los convertidores catalíticos se exigieron en unos estados y no en otros. La respuesta más barata consistió en bajar la compresión, suavizar los árboles de levas y montar carburadores más pequeños. El resultado es conocido: en 1978, el Corvette estándar declaraba 175 hp —unos 177 CV— de su V8 de 5,7 litros.

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Tampoco escaparon los europeos vendidos en Estados Unidos, y de ahí que sus equivalentes de mercado doméstico fueran casi siempre más potentes. Esa es una de las razones por las que el coleccionista americano suspira por la especificación europea, y también por la que la nueva norma le cierra la puerta.

A todo aquello se sumaron las bombas de aire que inyectaban aire fresco en los colectores, los cánisters de carbón activo para contener vapores y una maraña de válvulas, conductos de vacío y solenoides. La fiabilidad cayó, el mantenimiento se encareció y el adjetivo se quedó para siempre: malaise.

Someter a esos coches, en su mayoría juguetes de fin de semana, a una prueba de humos a los treinta y tantos años era una condena difícil de sostener con argumentos ambientales. El parque afectado era estadísticamente irrelevante. El mercado lo sabe desde hace tiempo: los youngtimer de los ochenta han entrado con fuerza en las subastas y la generación que los soñó de adolescente ha empezado a comprarlos.

La lectura de fondo es más interesante que el alivio inmediato. La ley Jay Leno no es una amnistía, sino un periodo de prueba: el calendario se detiene en 2032 y nadie ha legislado lo que ocurrirá después. Quien compre hoy un modelo 1986 pensando en una exención perpetua compra una expectativa, no un derecho. Los promotores del texto confían en que se trate de un ensayo y en que lleguen enmiendas posteriores.

Merece la pena mirar el espejo europeo. El marco de FIVA y, en España, el Reglamento de Vehículos Históricos —Real Decreto 1247/1995— resolvieron el mismo problema por otra vía: una calificación administrativa que exige treinta años de antigüedad, uso no cotidiano y una ITV específica.

La diferencia es de filosofía. Europa clasifica el coche; California ha terminado clasificando al propietario. Y, de paso, ha reconocido algo que el aficionado español da por evidente desde hace décadas: que un vehículo histórico bien mantenido no es un problema medioambiental, sino patrimonio con ruedas.

El siguiente hito está fechado: el 1 de enero de 2028 empieza a rodar la exención anual, y en 2032 le tocará el turno a los modelo 1986. Para entonces sabremos si la norma fue el ensayo sensato que describen sus defensores o un parche con fecha de caducidad. Lo que ya es seguro es que el estado que inventó el hot rod ha tardado veintiún años en admitir que el problema nunca fue el coche.

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