Harley-Davidson resucita un nombre mítico con la nueva Super Glide 2026½, una edición limitada a 2.500 unidades que no llegará a los concesionarios europeos. El tributo al modelo que inventó las ‘factory custom’ combina el motor 117 ci con la plataforma Softail y un acabado tan exclusivo que hará las delicias de los coleccionistas. Te contamos todos los detalles de esta pieza de historia sobre ruedas.
Por qué la Super Glide es mucho más que una moto
En 1971, un joven Willie G. Davidson tomó el bastidor de una Electra Glide, le plantó la horquilla de una Sportster, eliminó todo lo superfluo y creó la FX Super Glide. Aquel experimento de fábrica fue la primera ‘factory custom’ y el embrión del segmento cruiser. Aunque la carrocería boatail –un capricho de diseño que no gustó– desapareció al año siguiente, su espíritu sí caló hondo. La Super Glide demostró que Harley podía salir del catálogo de touring y conectar con la cultura motera de los 60.
El nuevo 2026½ recupera ese legado, pero sobre la base Softail en lugar de la antigua Dyna. La decisión tiene lógica técnica: el chasis monocasco con amortiguador oculto permite un centro de gravedad bajo y una silueta más fiel a la original. La horquilla es moderna, pero el guiño a los laced wheels de radios y el depósito en forma de lágrima de 18,9 litros (5 galones) ponen la nota retro. Y el color blanco perlado con gráficos rojos y azules es un calco emocional de aquella FX.
El nuevo Super Glide no copia la estética de 1971: destila el mismo espíritu de rebeldía y exclusividad con tecnología de 2026.
El corazón de la bestia: 117 pulgadas cúbicas (1.923 cc)
Bajo el depósito late el propulsor Milwaukee-Eight 117 ci, el más grande de la familia para las Softail. Son 98 CV declarados y un par de 162 Nm (120 lb·ft), cifras que en banco de rodillos real se traducen en unos 94 CV y 118 lb·ft, según mediciones de Cycle World. La entrega es contundente desde abajo, con ese latido de cigüeñal calibrado que define a las Harley. La caja de cambios es de seis relaciones y la transmisión final, por correa.
La electrónica incluye modos de conducción (Rain, Road y Sport) que ajustan la respuesta del acelerador, control de tracción y de par en curvas (C-TCS y C-DSCS), ABS con función en inclinación y monitor de presión de neumáticos. Todo se gestiona desde una pequeña pantalla LCD integrada en el velocímetro analógico, sin TFT táctil: un acierto para los puristas. Y hay una toma USB-C en la pipa de dirección que se agradece.
Comportamiento en carretera: ágil para lo que aparenta
Con 30 grados de lanzamiento y 158 mm de avance, la geometría es estable incluso en inclinaciones generosas, gracias a los reposapiés retrasados. Las suspensiones tienen un tarado firme y el conjunto se siente noble a ritmos tranquilos, que es donde esta moto brilla. A 65 mph (105 km/h) en carreteras reviradas, la agilidad sorprende para un propulsor de más de 300 kg en orden de marcha. El manillar mini-ape hanger obliga a tirar de los brazos en autopista; para trayectos largos, un manillar más bajo sería una mejora obvia.
Un solo disco delantero de 300 mm mordido por una pinza Brembo y otro trasero de 292 mm frenan con eficacia y sin fatiga, lejos de aquella ‘zapata delantera que desfallecía’ de la Sportster original. El escape 2-en-1, aunque no calca el del 77, logra un sonido grave y ayuda a superar las exigentes normas de ruido y emisiones.
Tu mecánico de confianz
Analicemos esta Super Glide con la lupa de quien paga la ITV, el seguro y el taller. La edición limitada a 2.500 unidades y su venta exclusiva en EE.UU. y Canadá la convierten en un objeto de colección, no en una moto para el día a día del motorista español. Sin embargo, la receta es redonda: el motor 117 es una maravilla de par, el chasis Softail afina el tacto dinámico y los acabados en cromo y pintura multicapa alcanzan un nivel artesanal que pocas marcas igualan.

