Los coches autónomos de Waymo en Estados Unidos chocan un 68% menos que los conductores humanos

Un análisis de las aseguradoras estadounidenses sobre 50 millones de kilómetros recorridos sin conductor en cuatro ciudades revela una siniestralidad menor que la humana.

Los vehículos autónomos de Waymo en Estados Unidos registran un 68 % menos de accidentes por kilómetro recorrido que los conductores humanos, según un estudio reciente de las entidades aseguradoras estadounidenses. La cifra se desprende de un análisis sobre 50 millones de kilómetros realizados sin intervención humana en las ciudades de San Francisco, Phoenix, Los Ángeles y Austin, frente a 222 000 millones de kilómetros cubiertos por conductores convencionales en las mismas zonas.

El dato, aunque alentador, viene acompañado de un aviso importante: la comparación es compleja y el tamaño muestral de los coches autónomos sigue siendo muy reducido. Waymo publica los kilómetros recorridos en modo autónomo, una transparencia que otras empresas no ofrecen, lo que permitió a los investigadores centrar el estudio en su flota. Sin embargo, las diferencias en la forma de reportar los siniestros a uno y otro lado del volante complican cualquier conclusión definitiva.

Un 68 % menos de accidentes, pero con matices

El análisis, difundido por la organización encargada de la seguridad vial en Estados Unidos, muestra que la siniestralidad de los taxis sin conductor de Waymo se reduce en todas las ciudades menos en Austin, donde los siniestros fueron un 4 % superiores aunque con una muestra demasiado pequeña para considerarla representativa. En Phoenix la reducción alcanzó el 76 %; en Los Ángeles, el 71 %; y en San Francisco, el 35 %. Además, los vehículos autónomos sufrieron un 85 % menos de colisiones sin implicación de otros vehículos y un 81 % menos de siniestros con heridos por kilómetro recorrido.

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No obstante, los propios autores del informe subrayan que estos porcentajes no equivalen a una garantía de seguridad absoluta. La flota autónoma acumula apenas 50 millones de kilómetros, una cifra que palidece frente a los 222 000 millones de kilómetros de los conductores humanos en las mismas ciudades durante el periodo estudiado. Con tan pocos datos, un solo accidente grave podría alterar de forma drástica las conclusiones.

Por qué es tan difícil comparar un choque humano con uno autónomo

El verdadero desafío del estudio no estuvo en contar accidentes, sino en hacerlos equiparables. La normativa estadounidense obliga a las empresas de conducción autónoma a notificar todos los siniestros, incluso los más leves, algo que no sucede con los conductores humanos. La mayoría de los estados solo exigen declarar las colisiones que provocan heridos o daños materiales superiores a unos 920 euros (en torno a 1 000 dólares), y aun así se calcula que la mitad de esos siniestros nunca llegan a la policía.

Para salvar ese desfase, los investigadores depuraron los 736 choques de vehículos autónomos registrados durante el periodo de estudio y determinaron que solo el 22 % habría merecido una notificación policial si al volante hubiera estado una persona. De ese subconjunto, 89 siniestros correspondían a Waymo —la cifra más alta entre los operadores—, pero únicamente 64 ocurrieron en modo autónomo. El resto se produjo con un conductor humano al mando o en circunstancias que invalidaban la comparación.

El propio responsable del estudio advirtió en la presentación de los resultados que, aunque los números apuntan en la dirección correcta, es imprescindible mejorar el sistema de recogida de datos para poder afirmar con rotundidad que los coches sin conductor son más seguros. La falta de homogeneidad en los criterios de notificación sigue siendo el gran obstáculo para cualquier medición fiable.

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Lo que dice el estudio sobre el futuro de la movilidad y la conexión con España

El análisis de las aseguradoras estadounidenses llega en un momento en que varias ciudades europeas empiezan a probar servicios de taxi autónomo, aunque con marcos regulatorios muy distintos. En España, la ley permite pruebas con conductor de seguridad a bordo, pero la operación comercial sin persona al volante aún no tiene recorrido legal. El contraste con el modelo estadounidense —donde Waymo ya opera sin conductor en cuatro áreas metropolitanas— ilustra la distancia que separa a ambos lados del Atlántico.

Lo que sí comparten todos los mercados es la dificultad de medir la seguridad real de esta tecnología. La Comisión Europea trabaja en un reglamento armonizado que obligue a reportar los kilómetros recorridos y los incidentes de forma estandarizada, un paso que los investigadores norteamericanos reclaman desde hace años. Mientras tanto, estudios como el de Waymo son valiosos, pero su alcance es limitado por la falta de datos comparables.

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La experiencia estadounidense sugiere que, con suficiente volumen de kilómetros, la conducción autónoma puede reducir la siniestralidad de manera notable. Sin embargo, el camino hasta una implantación masiva pasa por resolver cuestiones técnicas, legales y, sobre todo, por construir una base estadística sólida que permita decisiones informadas. Los 50 millones de kilómetros de Waymo son un punto de partida prometedor, pero aún no una demostración concluyente.

Los números de Waymo invitan al optimismo, pero el verdadero reto no está en los coches sino en los datos: sin una notificación homogénea, cualquier comparación seguirá siendo una foto borrosa.

📌 Datos clave internacional

  • La cifra a enmarcar: Los taxis autónomos de Waymo registran un 68 % menos de accidentes por kilómetro que los conductores humanos, aunque la muestra es de solo 50 millones de kilómetros.
  • Consejo práctico: Si viajas a Estados Unidos y utilizas un servicio de taxi autónomo, debes saber que la tecnología todavía está en fase de evaluación y que las diferencias en la notificación de siniestros pueden dar una imagen incompleta de su seguridad real.
  • Así te afecta: El estudio muestra hacia dónde se dirige el sector a nivel global; en España aún no hay operación comercial sin conductor, pero los debates regulatorios y la futura normativa europea sobre notificación de datos beberán directamente de experiencias como la estadounidense.

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