Jonny Smith prueba el Gasolini AR1: el deportivo de tres ruedas con motor Honda que montas en casa

Jonny Smith se sube al Gasolini AR1, el triciclo ligero construido en casa por Rob con motor Honda CBR500. Un proyecto low cost que cuestiona la obsesión por la potencia.

Hay coches que se compran. Hay coches que se restauran. Y luego está el Gasolini AR1, un triciclo deportivo que, según Jonny Smith en su último análisis para The Late Brake Show, se construye en casa con paciencia, planos y una filosofía que la industria automovilística parece haber olvidado. Smith lo describe como un platillo volante de carretera, una rareza que parece salida de una película de ciencia ficción de los 90. La sorpresa es que no se trata de un prototipo de una gran firma, sino del proyecto personal de un aficionado británico llamado Rob.

Rob no es ingeniero. Según explica durante la entrevista, repara material deportivo para ganarse la vida y dedica su tiempo libre a construir coches. Su trayectoria con clásicos supera los 20 años, pero en los últimos tiempos ha derivado hacia el mundo de los kit cars y la autoconstrucción. El Gasolini AR1 nace precisamente de esa inquietud: crear un vehículo ligero, asequible y fácil de montar usando piezas disponibles en el mercado de recambios para kit cars.

Un triciclo artesanal con estética de ciencia ficción

La carrocería del AR1 es todo menos convencional. Rob explica que buscó formas bidimensionales inspiradas en el cine de ciencia ficción de finales del siglo XX, con una zaga estrecha que recuerda, vista desde arriba, a un signo de exclamación invertido. Esa silueta no es caprichosa: pretende reducir la resistencia aerodinámica y mantener una estela lo más limpia posible. La carrocería se desmonta por completo en pocos minutos gracias a un sistema de cierres rápidos, pensado para facilitar el mantenimiento y las reparaciones.

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El material elegido para la estructura también llama la atención. Rob combinó contrachapado con fibra de vidrio para lograr una carrocería ligera y, al mismo tiempo, muy rígida. Según detalla dobla las láminas de madera para darles forma, aplica una capa de fibra de vidrio por cada lado y obtiene un panel resistente y barato. Todo el molde, el buck, se fabricó a mano en su garaje. Smith lo resume con admiración: es como si Rob se hubiera convertido en el Lotus unipersonal de 2026.

Honda CBR500, 47 CV y 400 kilos de pura diversión

El corazón del Gasolini AR1 es un motor de moto. En concreto, el bicilíndrico en línea de la Honda CBR500, que entrega 47 CV a 9.000 rpm y va acoplado a una caja de cambios secuencial de seis velocidades. Rob cuenta que probó antes con motores de cuatro cilindros, pero resultaban demasiado grandes para encajar en una zaga tan estrecha, y algunos V-twin sobresalían en posiciones incómodas. Al final, el dos cilindros en línea fue la opción más compacta y práctica.

La transmisión tampoco es la de una moto convencional. El propulsor se giró 90 grados y, mediante un adaptador, envía la potencia a un diferencial delantero ligero procedente de un 4×4. Smith comprobó que la instalación es sorprendentemente limpia: el radiador delantero, heredado de la Honda, apenas ocupa espacio y el aire sale por conductos laterales. Durante su primera toma de contacto, el presentador destaca que el embrague es más suave de lo esperado y que la relación de cambio es tan cerrada que a veces cuesta saber si se ha subido de marcha sin mirar el cuadro.

La conducción, asegura Smith, es una revelación. Aunque el coche pesa solo 400 kilos, la entrega del motor por debajo de 5.500 rpm no impresiona; a partir de ahí, empuja con ganas. Smith se sorprende a sí mismo disfrutando a velocidades que no llegan a los 90 km/h, con el motor girando alto y una sensación de intensidad que raramente ofrecen los deportivos modernos. La dirección, una cremallera rápida de Ford Escort Mark 2, se siente firme y nada nerviosa, y el chasis, pese a ser tan ligero, ofrece una calidad de rodadura inesperada.

No voy a gran velocidad, pero me lo estoy pasando de miedo. A 8.500 rpm y a 95 km/h, esto es más intenso que muchos superdeportivos de 800 CV.

— Jonny Smith, The Late Brake Show

La filosofía anti-opulencia

Smith aprovecha el AR1 para lanzar una crítica al estado del automovilismo actual. Con las carreteras británicas llenas de baches y los trazados favoritos concentrados en vías secundarias estrechas, se pregunta quién necesita realmente un superdeportivo de 800 CV y carrocería ancha. Según su razonamiento, la diversión no tiene por qué estar ligada a cifras desorbitadas. Subraya que, mientras muchos coches modernos obligan a perseguir prestaciones imposibles en vías públicas, el Gasolini convierte los 72 mph de velocidad máxima en una experiencia intensa y adictiva.

El AR2 eléctrico y la mirada al futuro

El proyecto no se detiene en la gasolina. En el mismo garaje descansa el AR2, la segunda iteración que apuesta por la electrificación. Rob monta un motor Hyper 9 de unos 90 CV y 200 Nm de par, con baterías procedentes de un Jaguar I-PACE, y una transmisión por cadena desde la parte superior hasta el diferencial. Casi el doble de potencia que el AR1, pero con una filosofía idéntica: ligereza, simplicidad y autoconstrucción. La evolución sugiere que el enfoque de Rob no es una anécdota, sino un camino viable para quienes buscan una movilidad diferente.

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La pregunta que deja el Gasolini AR1 es incómoda para la industria. Quizá la diversión no vaya de cifras, sino de peso, de simplicidad y de la valentía de construir algo propio. Rob ya ha dado el primer paso. Y su AR2 eléctrico demuestra que la idea no se detiene. ¿Será este el germen de una nueva generación de coches artesanales? El tiempo lo dirá.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de The Late Brake Show en YouTube.

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