¿Quién paga los daños en las colisiones provocadas por los frenazos fantasma?

Los sistemas de frenada automática, obligatorios desde 2022, provocan frenazos repentinos al confundir sombras o ramas con peligros. La cuestión legal gira en demostrar que un frenazo fantasma fue error del software y no del conductor trasero.

Un coche circula por una carretera comarcal; un cambio de luz al atravesar un túnel provoca que, de repente, el vehículo clave los frenos sin motivo aparente. El conductor de detrás no puede esquivarlo y el alcance es inevitable. Hasta ahora, la premisa en los seguros era clara: quien golpea por detrás paga. Pero los sistemas de frenada de emergencia automáticaAEB, por sus siglas en inglés— están empezando a cuestionar esa regla con los frenazos fantasma.

La frenada de emergencia con falsos positivos se ha convertido en un quebradero de cabeza para aseguradoras y conductores. El ADAS (sistema avanzado de asistencia a la conducción) que equipan todos los turismos nuevos en Europa desde 2022 detecta obstáculos mediante cámaras y sensores, y detiene el coche si el humano no reacciona. Una función que salva vidas, pero que en situaciones cotidianas interpreta una sombra, un cambio brusco de iluminación o una rama como un peligro inminente y clava los frenos de forma violenta.

El conflicto legal: la clásica regla del alcance se tambalea

Durante décadas, el vehículo que golpeaba por detrás asumía la culpa por no respetar la distancia de seguridad. Ahora, si el coche precedente activa el AEB sin razón y provoca el choque, la responsabilidad ya no es tan diáfana. En los Países Bajos, la aseguradora DAS tramita ya reclamaciones por frenazos fantasma, especialmente con la llegada de sistemas de conducción supervisada como los de Tesla. Un caso real: un turismo frenó en seco al detectar una rama en la calzada, el impacto trasero fue inevitable y la aseguradora del conductor posterior pudo esquivar la imputación demostrando que el frenazo fue injustificado.

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La frenada fantasma no suprime la responsabilidad del conductor: añade una capa de complejidad legal que seguros y jueces apenas empiezan a gestionar.

El reto de demostrar un fallo de software y la postura de los fabricantes

La clave para reclamar está en los registros internos del coche, la llamada caja negra o EDR. El problema es que los fabricantes de automóviles se muestran extremadamente reacios a compartir estos datos de manera voluntaria y, casi siempre, exigen una orden judicial para liberarlos. Ese hermetismo transforma un incidente de tráfico en un laberinto burocrático.

La Unión Europea obligó a integrar el AEB en todos los turismos nuevos desde julio de 2022, y en 2024 extendió la obligación de detectar peatones y ciclistas. La previsión para 2026 es aumentar aún más la sensibilidad del sistema, lo que previsiblemente multiplicará los falsos positivos. Las aseguradoras españolas miran con atención lo que ocurre ya en Holanda, porque la llegada de este problema a los juzgados españoles es cuestión de tiempo.

ADAS

Qué aporta la normativa y hacia dónde vamos

El EuroNCAP ha puntuado con las máximas estrellas a docenas de modelos precisamente por equipar este asistente. Sin embargo, en la práctica, con millones de kilómetros recorridos, un pequeño porcentaje de falsas activaciones puede traducirse en miles de alcances evitables al año, erosionando la confianza y encareciendo las pólizas de todos.

La ultima normativa de 2026, que promoverá una mayor sensibilidad en el sistema, llega sin que se haya resuelto el vacío legal de la responsabilidad.

Para el conductor que quiera minimizar riesgos, lo más práctico es consultar los foros de usuarios de su modelo y actualizar el software del coche a la última versión, ya que los fabricantes calibran constantemente los sensores para reducir falsas alarmas. También conviene activar los avisos sonoros y visuales previos a la frenada, que permiten reaccionar antes de que el coche tome el control. Además, si el sistema frena sin razón, anote fecha y hora para que la aseguradora pueda cruzar los datos con el registrador de eventos y, si el impacto es grave, acudir a la vía judicial para solicitar los logs del vehículo.

Mientras llega una regulación que aclare quién responde, la prudencia al volante y la documentación exhaustiva de cada incidente son las únicas herramientas del conductor.

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