El Fiat 131 Abarth Works del chasis 2045727 lleva el nombre de Michèle Mouton grabado en su historial deportivo. El coche, uno de los 47 ejemplares construidos en especificación Corsa, sale ahora a la venta en el lote publicado en Bring a Trailer, ofrecido en consignación por un profesional de Emeryville, California.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: el chasis 2045727 es un ex works de Fiat France en especificación Corsa, no un Stradale reconvertido, con tres resultados mundialistas acreditados y Mouton al volante.
- No te lo puedes perder: la librea roja y azul que viste hoy replica la del 1980 Tour de Corse, su última carrera en el WRC con la francesa, aplicada tras una restauración a chapa desnuda realizada en Inglaterra.
- Cifras y mercado: unos 400 ejemplares homologados en Grupo 4 entre 1976 y 1978 y solo unos 47 en spec Corsa; el lote se ofrece sin estimación publicada y sin título de propiedad, únicamente con factura de venta.
Un ex works de Turín con dos campañas mundiales a sus espaldas
El coche no procede de una unidad Stradale reconvertida. Se trata del chasis 2045727, matriculado en Turín con la referencia TO R92450 y construido desde el origen en la especificación que Abarth preparaba para el Grupo 4 de la FIA. La diferencia no es cosmética: los Corsa salían de fábrica con la jaula, la suspensión y la mecánica que exigía la competición, sin las concesiones que arrastran las conversiones posteriores.
Fiat France lo inscribió en pruebas del Campeonato del Mundo y del Campeonato de Francia entre 1979 y 1980. Con Michèle Mouton al volante firmó el quinto puesto absoluto en el Tour de Corse de 1979 y repitió quinto en la edición de 1980, además de un séptimo en el Montecarlo de ese mismo año. Son tres resultados documentados de una piloto que, en 1981, fichó por Audi Sport justo antes de que el quattro cambiara el campeonato para siempre.
Terminada la etapa oficial, el 131 pasó a manos privadas. Vittorio Carlino, de Sassari, lo llevó a la victoria absoluta en el Rally di Roccaruja de 1983. Un año después lo adquirió Fabrizio Violati, coleccionista y piloto, que lo conservó hasta que el actual propietario lo compró a mediados de la década de 2010.
La restauración llegó más tarde. Rallysport Development, taller inglés, desmontó la carrocería hasta la chapa desnuda, la montó en un rotisserie y la repintó en blanco con la decoración roja y azul de su última aparición mundialista. El motor, la caja manual de cinco marchas y el autoblocante también se revisaron en el mismo proceso.
Un coche de fábrica no se valora por lo que luce, sino por lo que puede demostrar: tres resultados mundialistas y una cadena de propietarios sin interrupciones.
Bertone y las 400 unidades que homologaron al 131 en Grupo 4
El 131 Abarth Rally nació para la temporada 1976 con el encargo de relevar al 124 Abarth. Fiat lo desarrolló junto a Bertone, responsable del diseño y de la construcción de la carrocería, y homologó unas 400 unidades en Grupo 4 entre 1976 y 1978. La mayoría eran Stradale de carretera; apenas 47 salieron como Corsa, listas para el equipo oficial.
El adelgazamiento fue quirúrgico: ventanillas laterales y traseras de plexiglás, puertas de aluminio y capó, tapa del maletero y ensanchamiento de pasos de rueda en fibra de vidrio. Delante aparecían una toma de aire en el capó y conductos de refrigeración en el faldón; detrás, spoilers de techo y maletero, más branquias en los costados para ventilar los frenos traseros. Los faros Carello, las luces de largo alcance, los pasadores de capó y el emblema Abarth en el pilar C completan un frontal sin concesiones.
Bajo la chapa, el 131 Abarth abandonaba el eje rígido del 131 de serie por un esquema de brazos tirados, con MacPherson y barras antibalanceo en ambos ejes, y adoptaba los discos de las cuatro ruedas heredados del Fiat 127. Las llantas son las Cromodora Abarth de 15 pulgadas con neumáticos Pirelli, con una rueda de repuesto idéntica en el maletero.
El motor es el Lampredi Tipo 131 AR.000, un 2.0 de cuatro cilindros en línea que Abarth dotó de inyección mecánica Kugelfischer en especificación Works/Corsa: unos 225 CV estimados, cárter seco, distribuidor Magneti Marelli y colector 4-2-1. La potencia llega al eje trasero mediante una caja de cinco marchas y un autoblocante ZF, con placas de protección de aluminio bajo el motor y el diferencial.
En el interior, la jaula con barras de puerta protege dos asientos de respaldo fijo con arneses Britax rojos. Bajo el salpicadero negro hay una calefacción, y el puesto de mando reúne un cortacorrientes, un reposapiés para el copiloto, bolsillos portamapas y soportes para cascos detrás de los asientos.
El volante Abarth de dos radios antecede a la instrumentación Veglia Borletti, con cuentarrevoluciones de 10.000 vueltas firmado por Abarth. Un odómetro de rally Halda Tripmaster marca cero; el kilometraje total del coche es desconocido. En el maletero hay célula de combustible y swirl pot, con el sistema revisado y la bomba sustituida.
El palmarés del modelo respalda la inversión: variantes del 131 Abarth se adjudicaron los títulos de marcas del WRC en 1977, 1978 y 1980, y Walter Röhrl sumó el de pilotos en 1980.
Lo que la subasta dice del mercado de los rally cars de época
La procedencia es aquí el activo principal. Mouton es la primera y única mujer que ha ganado una prueba del Campeonato del Mundo de Rallyes, y su salto a Audi Sport en 1981 sitúa a este 131 en el último tramo de una era. Cualquier Corsa con historial de fábrica documentado escasea; los que además llevan un nombre reconocible en la ficha de inscripción, más todavía.
De ahí que el valor del lote dependa menos del estado y más del papel: fotografías históricas, tarjetas de matriculación anteriores y factura de venta. En un mercado donde la trazabilidad pesa tanto como la mecánica, la cadena Turín, Fiat France, Carlino y Violati vale más que cualquier factura de taller.
El repintado merece un comentario aparte. Recuperar la decoración del 1980 Tour de Corse sobre chapa desnuda es coherente con la identidad competitiva del coche, aunque renuncie a la pátina. En un Corsa de fábrica ese sacrificio no penaliza: nadie compra un ex works para admirar el óxido.
El trabajo mecánico apunta en la misma dirección: bloque mandrinado, alojamientos de bancada alineados, culata rebajada y pistones, bielas y guías de válvula nuevos en el motor número 209.
Ahora bien, hay un condicionante serio. El 131 se ofrece sin título de propiedad y sin matriculación vigente, únicamente con factura de venta y para uso fuera de carretera. Para un comprador estadounidense, eso lo convierte en pieza de colección y de circuito antes que en clásico matriculable. Para un comprador europeo, abre la vía de la matriculación histórica, siempre que la documentación de origen lo permita.
El mercado de los rally cars de Grupo 4 lleva años sostenido por una idea sencilla: manda la historia, no el cromo. Fiat ganó tres coronas de marcas con esta familia mecánica, y el chasis 2045727 añade un nombre que se puede fechar en 1979 y 1980. Quien lo compre no adquiere un coche rápido; adquiere un tramo del mundial con dueño conocido desde entonces.

