En cada fin de semana de Fórmula E, mientras los electrizantes monoplazas recorren a toda velocidad circuitos urbanos repartidos por medio mundo, existe otro frente igual de intenso pero mucho más silencioso. A miles de kilómetros del trazado, en la sede que el equipo Nissan de Fórmula E tiene en París, un grupo de especialistas trabaja sin descanso para que los pilotos Oliver Rowland y Norman Nato lleguen a la pista con ventaja frente a sus adversarios directos. En una categoría con pruebas en escenarios reales muy limitadas y circuitos que cambian de una temporada a otra, la simulación se ha convertido en el corazón del rendimiento. El nuevo simulador Dynisma DMG‑1, instalado en 2025, permite al equipo acelerar procesos, validar el software y optimizar el monoplaza antes incluso de que las ruedas toquen el asfalto. Para Nissan, la simulación no es un apoyo: es el primer paso de todo, desde la preparación de cada carrera hasta el desarrollo del sistema de propulsión.
El viernes por la mañana, mientras los equipos montan sus garajes en ciudades como São Paulo, Sanya o Tokio, Rowland y Nato ya han recorrido el circuito en París junto a su equipo de ingenieros. Analizan cada bache, cada cambio de superficie y cada curva que pueda haber variado respecto al diseño original del trazado. Esa información viaja de inmediato al simulador, donde el equipo ajusta las estrategias y anticipa los escenarios. En ese trabajo, otros dos pilotos británicos del equipo Nissan tienen un papel fundamental. Sam Bird, piloto reserva y de desarrollo, prepara las carreras semanas antes, afinando estrategias y probando configuraciones. Cuando el fin de semana se acerca, entra en escena Abbi Pulling, piloto de simulador, capaz de adaptarse a horarios imposibles para replicar las condiciones reales de cada cita del calendario. Su labor permite que Rowland y Nato lleguen al simulador con una base sólida, lista para ser pulida.
Nissan también utiliza este simulador para poner a punto el futuro monoplaza de Fórmula E, el GEN4
El Dynisma DMG‑1 es uno de los sistemas más avanzados de la categoría y un aliado clave para Nissan. Su latencia ultrabaja y su capacidad de movimiento de alto ancho de banda permiten reproducir con fidelidad cada transferencia de peso, cada vibración y cada impacto que un piloto siente en un circuito urbano estrecho y exigente. En la Fórmula E, donde la transición entre tracción y regeneración es crítica, esa precisión es esencial. Rowland lo tiene claro: después de más de una década usando simuladores, el sistema de Dynisma es el más realista que ha probado. La relación entre Nissan y Dynisma va más allá del suministro; es una colaboración tecnológica que permite avanzar rápido, ajustar detalles y desarrollar el coche con una base sólida.
El simulador también es clave para el desarrollo del monoplaza GEN4, la nueva generación de Fórmula E que promete un salto de rendimiento sin precedentes. Con motores duales, diferenciales activos y tracción integral permanente, el monoplaza introduce una dinámica completamente nueva. La potencia máxima sube hasta los 600 kW (816 CV), acelera de 0 a 100 km/h en 1,8 segundos y alcanza 335 km/h, superando incluso las cifras del extraordinario Nissan GT‑R Nismo. Antes de que ese salvaje GEN4 toque la pista, el equipo ya ha recorrido miles de kilómetros virtuales, ajustando sensaciones y validando decisiones que después se trasladarán al monoplaza real. Nissan, que ya demostró con la GT Academy que el talento en el mundo virtual puede conquistar el asfalto, mantiene viva esa filosofía en la Fórmula E, donde la simulación es la llave que conecta ingeniería, talento y rendimiento real.

