Estados Unidos vuelve a coronar a un clásico con pedigrí de estrella: el Duesenberg SSJ Special Speedster de 1935 que perteneció a Clark Gable ha ganado el Best of Show en la 75ª edición del Pebble Beach Concours d’Elegance, el concurso de elegancia más prestigioso del planeta.
El propietario actual, Harry Yeaggy, de Cincinnati (Ohio), recibió el galardón con una historia de paciencia de coleccionista: llevaba cuarenta años intentando comprar el coche y solo lo consiguió hace tres. La pieza permaneció antes más de seis décadas en manos de una única familia, lo que añade otra capa de exclusividad a un automóvil que ya nació siendo extraordinario.
Hablar de este Duesenberg es hablar de la cumbre de la ingeniería americana de entreguerras. La firma de Indianápolis lo definía con un lema directo: el automóvil más poderoso. Y este SSJ —uno de los dos únicos ejemplares con batalla corta y sobrealimentación construidos— es la interpretación más deportiva de aquella ambición. Mientras uno de los dos perteneció a Clark Gable, el otro fue del también actor Gary Cooper.
El juez e historiador Ken Gross, voz autorizada del certamen, resumió la decisión con un argumento difícil de rebatir: este coche reúne todos los elementos que Pebble Beach premia desde hace décadas, y no es solo un ganador, sino el Duesenberg más imponente que se puede contemplar. La elección, además, encaja con la misión histórica del concurso de celebrar los grandes vehículos de entreguerras.
En Pebble Beach no gana solo el precio: gana la elegancia, y esa idea sostiene una tradición de tres cuartos de siglo que sigue marcando el canon del clásico mundial.
La edición de 2026 no era una edición cualquiera: marcaba el Jubileo de Diamante del concurso, siete décadas y media de una cita que cada agosto convierte la costa californiana en el museo temporal más exclusivo del automóvil. Y, según el propio Gross, la concentración de este año ha sido la mejor reunión de coches que ha visto en sus 36 años vinculado al evento.
Por qué este Duesenberg no es un clásico cualquiera
El SSJ abreviaba las dos eses de Special Speedster y combinaba una carrocería ligera con una batalla recortada y un motor sobrealimentado que lo convirtió en la versión más deportiva jamás creada por la casa. No era un automóvil de serie: únicamente salieron dos unidades con esta configuración, lo que convierte a cada una en pieza de referencia para coleccionistas e historiadores.
La historia de propiedad suma tanto como la mecánica. El ejemplar de Clark Gable estuvo más de sesenta años en manos de una sola familia antes de llegar al actual propietario. Esa continuidad documentada es exactamente el tipo de procedencia que los jueces de Pebble Beach valoran casi tanto como el estado de conservación: un coche no solo debe ser bello, debe poder contarse.
Un premio que mira al pasado, pero con la mirada puesta en el futuro
El triunfo de un automóvil de entreguerras no sorprende en un certamen que ha hecho de esa época su canon particular. Sin embargo, dentro de la propia organización se percibe un cambio de ciclo. Ken Gross recordó que le gustó cuando un coche de posguerra ganó hace unos años y avanzó que probablemente habrá otro ganador de esa era en un futuro cercano. De momento, la tradición resiste.
Ese equilibrio entre conservadurismo y evolución es lo que mantiene vivo el concurso. Los jueces no premian la nostalgia por sí misma, sino la excelencia técnica y estética, sea cual sea la década de origen. El Duesenberg SSJ encarna ambas cosas: una época dorada y una ejecución irreprochable.
Lo que Pebble Beach dice del mercado y del clásico en España
Para el aficionado español, Pebble Beach funciona como un faro de tendencias. Los ganadores del Best of Show suelen revalorizarse y marcar el tono de las subastas internacionales de clásicos durante los meses siguientes. Aunque el mercado español se mueve en otra escala, cada vez más coleccionistas e instituciones siguen de cerca lo que ocurre en California para anticipar qué modelos y qué historias ganarán relevancia.
La lección del Duesenberg es clara: la procedencia ilustre, la exclusividad mecánica y el estado de conservación documentado pesan más que la simple rareza. En España, donde el interés por los coches de colección crece temporada tras temporada, esa jerarquía explica por qué ciertos clásicos se disparan en las ferias y subastas mientras otros, igualmente antiguos, apenas despiertan interés. Un automóvil con pasado de Hollywood es el ejemplo perfecto de cómo la narrativa añade valor.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: dos unidades del Duesenberg SSJ con carrocería Special Speedster, una de las parejas más exclusivas del automóvil americano de entreguerras.
- Consejo práctico: si el clásico con historia contrastada es tu objetivo de colección, documenta procedencia y restauración; en los concursos de elegancia esos detalles deciden más que la marca.
- Así te afecta: la victoria en Pebble Beach revaloriza el interés por los clásicos de preguerra y marca tendencias que, con meses de retraso, llegan a subastas y ferias españolas.

